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Costumbre española

Las reglas de la siesta

Según las advertencias de los expertos, las siestas que más benefician a la salud son aquellas que no duran más de 30 minutos y se hacen en el sofá

 

Dos jóvenes descansan del caluroso verano y aprovechan para dormir una siesta en uno de los parques de la ciudad de León. - JESUS F. SALVADORES

Miguel Ángel Alfonso
19/08/2012

Costumbre o necesidad que muchos siguen como un catecismo y que otros no pueden disfrutar, bien por falta de rutina o por tener que ir al trabajo. La advertencia más extendida es que no debe durar más de 30 minutos y debe hacerse en el sofá. Es la que más beneficia a la salud.

¿Y por qué el sofá y no la cama? Según Enric Zamorano, experto en Salud Mental de la Sección del Sueño de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), domir la siesta en la cama produce un sueño más prolongado: «El sueño es algo beneficioso para el organismo porque repara lo que has desgastado tanto física como psicológicamente.

Sin embargo, echarse la siesta es cuestión de poco tiempo y de no tener un sueño profundo porque, de lo contrario, puede provocar que no duermas por la noche». Y es que después de comer el organismo experimenta una sensación de cansancio que hace necesario echar una pequeña siesta o consumir bebidas excitantes con el mismo ritmo de actividad.

Ahora bien, el experto avisa de que las siestas pueden ser también negativas ya que, en el caso en el que la duración sea demasiado larga, puede provocar que por la noche no se tenga sueño. Un truco casero para evitar quedarse dormido en los laureles es agarrar un objeto con la mano, el movil por ejemplo, antes de dormir.

En el momento en que el sueño profundo llega, la mano suelta el objeto y el sujeto se despierta automáticamente. Es útil para las personas que tienen que ir a su puesto de trabajo después de comer, pero no funciona con todos.

Echarse la siesta siempre ha sido considerada como una costumbre española, tanto para los niños como para los adultos, aunque parece que otros países están descubriendo los beneficios que tiene dormir media hora después de comer y ya han aparecido varios estudios científicos alrededor del mundo que lo corroboran.

Pero como tantas otras cosas en España, es una tradición que se remonta a la antigua Roma. Empezando por el nombre, ya que siesta significa hora sexta en latín, que se corresponde con las doce del mediodía. Precisamente en referencia al momento de la jornada en que el calor aprieta más.

También los egipcios tenían la costumbre de echarla, y eran tan sociables que incluso invitaban a los amigos a compartirla, sin que la cosa fuera a más. En Chile llegó a ser tan sagrada que en 1990, el recién electo senador Jaime Guzmán levantó la mano en el hemiciclo y propuso cambiar la hora de la sesión de las 15.00 horas a las 16.00, argumentando que no perdonaba nunca una siesta. Gabriel Valdés, presidente del Senado, le respondió: «Yo también duermo siesta y la propuesta me parece razonable», para luego tocar la campanilla haciendo oficial la decisión. Y no se hable más.

Así que ya sea con Amar en tiempos revueltos o con un objeto entre las manos, la siesta ha sido objeto de muchos estudios científicos serios y de especulaciones. Pero lo cierto es que sus aficionados no pueden perdonar una por muy mala que les digan que es. Y a día de hoy aún no lo han dicho.