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con la ume en méxico

León en el epicentro de la solidaridad

Fueron a ayudar y se encontraron con una ola de solidaridad. Fernando Moro y Juan Carlos Peñas son dos militares destinados en la UME de León que participan en las labores de rescate de las víctimas del terremoto en Ciudad de México. Su misión: Curar a los heridos y dar los partes del rescate

ana gaitero
01/10/2017

 

La avenida Álvaro Obregón es uno de los caminos más antiguos de la ciudad de México. Es uno de los bulevares atraviesan la colonia Roma, una zona céntrica de la ciudad que en la primera década del siglo XX se convirtió en uno de los lugares preferidos por las clases altas para levantar sus villas.

Estos días, la Álvaro Obregón, antigua calle Jalisco, ha sido uno de los lugares de México más vistos en el mundo. En lo que era el número 289 ahora sólo hay escombros y cascotes. El edificio se derrumbó por completo durante el terremoto que sorprendió a la mayor ciudad del mundo el mismo día que se cumplían los 32 años de la gran tragedia sísmica de 1985.

La ciudad se había blindado frente a los movimientos de la tierra, pero algunos edificios colapsaron. El de la avenida Álvaro Obregón fue el último escenario de búsqueda de superviventes y doce días después del temblor todavía se buscan los cuerpos de los fallecidos.

El jueves 21 de septiembre, dos días después del terremoto, salió de España un contingente de militares de la Unidad Militar de Emergencias, que forman parte del equipo Usar (Urban Search and Rescue). Entre ellos, dos oficiales destinados en El Ferral, San Andrés, sede de la UME en León.

El comandante médico Fernando Moro no dudó ni un segundo cuando le ofrecieron la posibilidad de integrarse en este equipo de rescate. No era la primera vez que iba a prestar sus servicios a las víctimas de un terremoto. Ya estuvo en Haití y en Ecuador.

Las emergencias sanitarias son el trabajo médico en el que más le gusta desplegar su vocación, así en la UME encontró la horma de su zapato. «Intenté ser normal y fueron los peores cinco segundos de mi vida», dice su perfil de WhatsApp. En México D. F., donde se han centralizado todas las labores de la UME, «mi misión es socorrer a nuestro personal si hace falta y a las víctimas vivas que puedan aparecer», comenta.

«Encontrar a gente con vida da fuerzas para seguir», afirmaba el capitán Juan Carlos Peñas al llegar a México. Es el oficial responsable de la comunicación en la UME de León y con la misma misión se integró en la Usar enviada a México para colaborar en las tareas de rescate tras el terremoto.





Trabajaron día y noche, con la unidad canina, cámara, drones y herramientas especializadas en cortes. También usan georadar, como el que se ve en la foto de arriba. Atraviesa los materiales con ondas y ofrece una imagen en profundidad con lectura de su composición que permite detectar lo que hay oculto, incluyendo personas atrapadas. UNIDAD MILITAR DE EMERGENCIAS.

La ‘cara’ y la ‘voz’ de los militares españoles destinados en la zona cero de la catástrofe, en el último escenario activo de rescate de supervivientes, confiesa que la esperanza nunca se pierde, a pesar de que las opciones de encontrar a alguien con vida merman con el paso de los días.

A su lado siente el dolor de las familias angustiadas que han pasado de esperar la buena noticia que no les han podido dar, a implorar porque aparezcan los cuerpos de las personas queridas quedaron atrapadas bajo los escombros tras el terremoto.

Entre ellas, el español Jorge Gómez, que emigró a México en busca de una oportunidad y se quedó atrapado en el edificio del 289 de la Avenida Álvaro Obregón, el lugar donde trabajaba.

El equipo Usar está especializado en la búsqueda y rescate urbano en catástrofes como el terremoto que ha dejado la capital salpicada de ‘zonas cero’ y con un saldo de 338 víctimas mortales según los datos facilitados por Protección Civil el jueves 28 de septiembre. Una cifra muy lejana a aquella de 20.000 personas muertas durante el terremoto de 1985.

El equipo también tiene capacidad logística y sanitaria. Los oficiales enviados por la UME de León cubren estos perfiles. Al capitán Peñas sus hijos ya se han acostumbrado a verle en las imágenes del telediario, así que el día que no aparece le envían un mensaje de voz para recordarle que le echan de menos: «Papi, hoy no has salido en la tele». La familia ya está acostumbrada. Antes que en el terremoto de Ecuador estuvo destacado en misiones en Afganistán como militar del Ejército del Aire. También el comandante Moro ha estado en misiones internacionales del ejército español, pero ninguna es comparable, aseguran, a los desplazamientos de emergencia a zonas asoladas por alguna catástrofe, ya sea en España, con los incendios, o en el extranjero.

Con el paso de los días la noticia se desvanece, pero la UME sigue al pie de los escombros junto a la avalancha de voluntarios que acuden cada jornada a ayudar en las tareas de desescombro. Son el último equipo de rescate, el hombro sobre el que la familia de Jorge se apoyó en un momento tan difícil.

«Están aquí con nosotros, a la espera de encontrarle. Le estamos apoyando», comentaba el médico el lunes. El viernes, por fin, pudieron recuperar su cuerpo. Fue un momento muy emotivo. Sabían que no había posibilidad de encontrarle vivo y ansiaban recuperar el cadáver.

La UME, con su búsqueda experta y el material especializado, trabajó día y noche para conseguirlo. El trabajo exige a estos militares una preparación física muy fuerte. Practican mucho deporte y muchos corren maratones. Cada misión es una prueba dura para su cuerpo y no pocas veces también un reto psicológico.

En Álvarez Obregón, el contigente de la UME se sumó a las otras unidades de alto nivel de Estados Unidos, Japón, Colombia e Israel. Todos estos equipos se retiraron a mitad de semana, pero los españoles tienen la instrucción de continuar hasta el final del rescate. Durante diez días han trabajado con los cuatro perros que componen el equipo cinológico de la unidad, con cámaras y drones, haciendo oxicortes y apuntalamientos en busca de supervivientes. Los esfuerzos nunca son en vano, aunque los resultados no hayan sido los deseados. «En nuestro trabajo la palabra esperanza nunca se destierra», subraya el capitán.

Los edificios dañados en la ciudad de México se presentan de manera aislada en una línea que se dibuja de norte a sur. Dicen los expertos que coincide con la «zona de transición» entre el antiguo lago que ocupaba la urbe y las tierras firmes. El recuerdo de la antigua laguna sobre la que fue creciendo la ciudad una vez desecada revive en los análisis que hacen del último sismo.

El balance de los daños materiales es de 40 inmuebles derrumbados, medio millar con falla estructural y otros 1.300 con daños significativos, según los informes realizados por el Gobierno de la capital. El epicentro del terremoto se produjo a 120 kilómetros de México D. F.,

Después de la llegada del contingente de la UME a México, en tres aviones diferentes, se produjo una réplica del terremoto. «Lo noté porque ocurrió cuando nos estabamos trasladando. Empezaron a sonar las alarmas y todo el mundo parecía saber lo que tenía que hacer. La ciudad se quedó parada durante 10 o 15 minutos», explica el comandante Moro.

Enseguida percibieron que la población está preparada para los terremotos y se cumplen unos protocolos ensayados a base de la triste experiencia. Precisamente el día 19 de septiembre, pocas horas antes de producirse el terremoto de 7,1 grados en la escala Richter, la ciudad había realizado un simulacro para recordar la catástrofe de 1985.

El comandante Moro destaca la solidaridad y el trabajo codo con codo «de los hermanos mexicanos». La buena acogida a la misión de apoyo española encarnada en la UME la notaron nada más llegar. «Están muy agradecidos y no para de llegar gente voluntaria», destaca el capitán Peñas. Profesionalmente, «es una oportunidad de hacer cosas nuevas y poder ayudar a la gente», añade. Todo esto compensa la dureza de un trabajo que le exige estar pegado al teléfono las 24 horas del día.

Entre los escombros afloran historias como la Lucía y Cristina, dos hermanas que no tienen más familia que ellas mismas y se reencontraron 33 horas después del seísmo. Lucía quedó atrapada entre los cascotes del edificio y fue rescatada día y medio después. En declaraciones a Efe, cuenta que lo peor fueron los momentos de silencio, pues le hacía pensar que «la esperanza se alejaba».

En los momentos más difíciles la vida siempre se abre camino. El año pasado en Ecuador los efectivos leoneses de la UME no rescataban cadáveres de entre los escombros cuando a pocos metros una mujer que se había dio a luz. Historias de vida y solidaridad que van llenando las mochilas de su experiencia. Les gusta su trabajo y llevan con orgullo «el nombre de España porque allí donde vamos no somos UME, somos España», destaca el capitán Peñas.

La Embajada de España en México, el embajador en persona, está pendiente del contingente militar de rescate, que ha sido alojado en un centro de alto rendimiento. México, el país que acogió a miles de refugiados españoles tras la Guerra Civil, recibe ahora muestras de solidaridad del pueblo español.

 

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