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La Vieja del Monte (III)

Mitos hermanos

Todos los mitos leoneses tienen correspondencias más o menos cercanas en otras tierras, y la Vieja del Monte no es una excepción

 

J. Alonso -

nicolás bartolomé pérez/ emilio gancedo
10/01/2016

La literatura de tradición oral no tiene fronteras geográficas ni temporales, y, así, el cuento popular que hoy relata un anciano en una remota aldea leonesa puede haberse originado hace dos milenios en Persia como mito religioso, y continúa viajando de boca en boca por el mundo adaptándose a diferentes lenguas, sociedades y narradores que hacen suya esa narración remodelándola e insuflándole nueva vida. Las leyendas mitológicas leonesas, las protagonizadas por seres fabulosos, presentan un perfil muy local, muy nuestro, pero si las comparamos con otras tradiciones europeas o españolas vemos numerosas similitudes, cuando no identidad entre todas ellas.

La Vieja del Monte, numen genuinamente leonés ligado a ciertas peñas y cuevas de las montañas, lo encontramos igualmente en otras partes empezando por las vecinas tierras asturianas del concejo de Somiedo, donde el folklorista Jesús Suárez recogió en la aldea de Pigüeces una tradición local protagonizada por una vieja mítica que vive en una cabaña situada en una braña donde amasa bollos para dárselos a los niños, quienes subían hasta las brañas acompañando a sus mayores en busca del pan de la vieja. Este mito debe de tener mayor extensión geográfica en Asturias pues Antonio Alonso de la Torre lo documenta también en Villamexín, concejo de Proaza, lugar donde se localiza La Cueva la Maruxina en la que, hasta mediados del siglo XX, los niños del pueblo se ataban a la cintura cencerros y esquilas del ganado el domingo de carnaval y así subían corriendo hasta la cueva donde, según los mayores, la Maruxina, la entidad mítica que allí habitaba, les daría roscos para merendar; los niños gritaban, cantaban y pedían el bollo a la entrada de la cueva con rimas como esta: Maruxina, Maruxina fáinos el bollu (Maruxina, Maruxina haznos el bollo), sin recibir más respuesta que la del eco de sus voces. Los críos más aventureros me metían en la gruta donde llegaban a identificar las distintas partes de la «casa» de Marixina tales como ventanas, cuevas o balcones.

Cosas de vecinos

Nada de particular tiene que compartamos leyendas mitológicas con nuestros vecinos; el asturianísimo mito de «les xanes», por ejemplo, rebasa los límites de Asturias y es conocido además en una pequeña parte de la montaña leonesa. Lo que resulta más llamativo es que el mito de la Vieja del Monte lo descubramos también en otros territorios con los que, en principio, tenemos menos afinidades. José María Satrústegui señaló que los niños del valle vascoparlante de La Burunda, en Navarra, llamaban basoko Mariren ogia (pan de Mari del monte) a los restos de la comida que traían los hombres cuando volvían a casa después de la jornada de trabajo en el campo y que daban a los niños. En otro valle navarro, el de Amescoa, decían a los pequeños: «Toma pan de la vieja del monte» y «pan de la abuelica del monte.» Esta Mari, identificada en estas tradiciones navarras como la vieja y la abuelica del monte, es el principal genio mitológico vasco-navarro y en numerosas leyendas se presenta como un ser que vive en el interior de la tierra por donde entra a través de simas y cuevas, tiene un horno donde cuece pan y, en ocasiones, se manifiesta como un arco iris.

No está de más recordar en este punto que el nombre leonés del arco iris es el de arcu la vieya (arco de la vieja).

Cerdeña atesora una rica narrativa mitológica, con no pocas y sorprendentes semejanzas con la leonesa, destacando Luxia Arrabiosa o Giorgìa que es descrito por la investigadora sarda Claudia Zedda como una hilandera gigantesca que transporta enormes piedras sobre la cabeza y construye puentes, pero que por su soberbia fue castigada por Dios convirtiéndola en piedra. Todos estos motivos folklóricos los encontramos en diversas tradiciones leonesas, sin embargo nos interesan ahora sus vínculos con nuestra Vieja del Monte pues, como ella, vive en los montes donde tiene un horno donde cuece pan, y así se la imaginan en el municipio sardo de Morgongiori donde se hay una gruta funeraria prehistórica excavada en la roca llamada precisamente Su forru de Luxia Arrabio?sa (El horno de Luxia Arrabiosa).