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RAFA LOMANA

El momento de un joven eterno

Es el último ‘animal mediático’ de la saga Lomana. Si su hermana Carmen está sumergida en un mundo rosa, el suyo es blanco. amador de la nieve, del deporte extremo, del riesgo y la aventura, Rafa Lomana (46 años, 1.96 metros de altura) es individualista, vital, más trascendental que frívolo, ingenuo sin ser memo, una especie de niño grande. Su talento para motivar personas y prepararlas físicamente le llevará a un nuevo desafío televisivo con su amigo Jesús Calleja.

 

Rafa Lomana, vestido al más puro estilo ‘college’, posa en las escaleras que dan acceso a la plaza de San Isidoro. - norberto

marco romero
27/05/2012

Es inevitable hacer comparaciones odiosas, sobre todo cuando miden a dos personas tan iguales en vanidad y tan distintas en estilo de vida. Podría decirse que los hermanos Carmen y Rafa Fernández Lomana —si las cuentas salen bien, se llevan 17 años— están en los antípodas ideológicos y vitales. Ella es una socialité, un icono de la moda que habla con acento de la calle Serrano y produce titulares cada vez que suelta prenda. Él es un individualista que disfruta en lugares recónditos del Planeta, más simple en las formas, incluso con un toque campechano que a veces roza lo silvestre. Pero a ambos les une la pasión del vividor (léase sin tono cursi), la transparencia al hablar sin dobleces y cierta autenticidad, ya sea para decir con toda naturalidad que el último modelo d-i-v-i-n-o de Marc Jacobs te sienta genial —como hace pocos días publicaba Carmen Lomana en su perfil de Twitter— o para subrayar que uno no está en la televisión por influencia familiar, como deja claro Rafa Lomana durante la entrevista mantenida con Revista la semana pasada en León, donde hizo un paréntesis de dos días.

—Por acabar con el tema, ¿qué opina de su hermana Carmen?

—Huele muy bien (risas). No, en serio, siempre ha sido una crack asistiendo a los mejores eventos y estando en la élite. Es una mujer sofisticada, con una educación exquisita, y en estos tiempos de caos un poco de buen gusto no viene mal.

Zanjado el tema del que tan poco le gusta hablar, la conversación deriva en sus actuales éxitos televisivos junto a su amigo Jesús Calleja. Ha firmado un año más con Cuatro, así que queda claro que queda Rafa Lomana, al menos, por otro año más. Es gente de amigos contados, pero conoce a medio mundo. En la calle le saludan constantemente y le dicen que le siguen. En Facebook lo hacen casi 5.000 personas. Lo utiliza a menudo para informar de sus movimientos a los fans. Días antes de llegar advertía de su estancia en León. Una simple llamada telefónica le sacó a la plaza de las Cortes Leonesas, donde se produjo el encuentro. En realidad, sólo el principio del encuentro porque la mayor parte de la entrevista se hizo paseando por algunos escenarios de la ciudad en busca de la foto adecuada.

Rafa Lomana llega vestido de pies a cabeza por una marca que reivindica el estilo college de época. «No me pagan, pero colaboran conmigo y cada vez que puedo les apoyo poniendo su ropa en reportajes o entrevistas». Por esa misma razón propone meter en la imagen uno de los últimos modelos de Orbea. Él mismo hace la gestión personalmente en Bicicletas Carlos y ahí empieza un recorrido por calles del casco antiguo que renuevan recuerdos y sacan al Rafa Lomana que llegaba a León con doce años, porque, lo que es nacer, nació «por casualidad» en Santander.

Moreno Coppertone, sonrisa destellante y perpetua, músculos tonificados, vello depilado, grueso anillo de plata, cinturón medidamente caído, una rejuvenecedora gorra... No llega a estar en la línea del metrosexual, pero la elección del vestuario va más allá de lo casual. Le acompaña un gesto constante: toca y agarra intermitentemente a su interlocutor, como buscando proximidad o atención, incluso solidaridad. Y así empieza un recorrido vital por su biografía, la del joven eterno.

«Igual que soy un motivador de personas, mis padres lo intentaron ser conmigo para que fuese buen estudiante, pero no hubo cojones, lo mío era otra cosa». Claro como el agua. Estudió en los Jesuitas, pero su motivación estaba en la montaña. Desde muy joven se interesó por la práctica del esquí. Con 15 años ya hacía labores de socorrismo para Cruz Roja en la estación invernal de San Isidro. «Pero el salto potente fue en 1992», confiesa. Ese año participó en el montaje de la ladera de Bellavarde, escenario de varias pruebas del descenso masculino de esquí alpino en los Juegos Olímpicos de Albertville. Fue una experiencia única. Allí decidió trasladar su petate hasta Sierra Nevada (Granada), donde ha trabajado desde entonces como pistero —llegó de la mano de su amigo Miguel Navarro—, ganándose el sobrenombre de Rafa León.

Su estancia en el sur le ha permitido participar en la organización de eventos de primer nivel en el ámbito del esquí, entre ellos varias copas del mundo. Su pasión por el deporte extremo y por la libertad que le da la montaña le llevó también profesionalmente a los tres valles de Francia o al Val d’lsere, donde goza de excelente reputación entre compañeros del deporte. Atrás dejaba León y su impronta como pistero en San Isidro o como socorrista en las piscinas municipales. Pero no una vieja amistad que ha propiciado su salto a la popularidad, Jesús Calleja, a quien conoce desde hace 30 años.

«Yo estaba en la Feria Ispo de Munich y me llamó para proponerme trabajar con él. A mí me cuadró bien y le dije que adelante». Siempre han tenido una relación cordial. Lomana se cortaba el pelo en la peluquería familiar de los Calleja y además siempre les ha unido su pasión por la montaña y la aventura. «Aunque él siempre tiró más por el alpinismo y yo por la nieve», comenta.

Ahí empezó un camino de no retorno. Su versatilidad ante las adversidades meteorológicas le ha permitido atravesar en agosto un desierto o ascender al Everest poco tiempo después. «Al final hemos hecho un equipo del copón», comenta. Se refiere a toda la producción que llevan detrás los programas en los que participa. Él tiene la función de preparador físico, pero más que eso se considera un motivador de personas. Pero, ¿de dónde se saca la fuerza para los demás cuando uno ya no la tiene ni para sí mismo? «Soy creyente, no me avergüenza decirlo». Así que en momentos difíciles recurre a la fe y al recuerdo de su esposa y de su hija, el auténtico desafío de su vida. Le cambia el rostro cuando habla de su familia. «Teresa y Adriana son lo mejor que me ha pasado, y ahora me gustaría tener un varón».

Pero su reto más cercano está en el mundo catódico. Ha sido fichado un año más por Mediaset, así que reproducirá sus aventuras junto a Calleja en un nuevo desafío cuyo destino final aún es desconocido por el gran público. En el 2010 acompañó al aventurero leonés al desierto de Omán para grabar el programa Desafío Extremo. El desierto de Rub al-Jali es una de las regiones más inhóspitas del Planeta y allí asegura que soportaron temperaturas de entre 60 y 62 grados centígrados. Un año después participó en Desafío Everest, que ha sido el serial emitido este año. Y a partir del verano grabarán los capítulos del nuevo desafío, que seguramente renovará su éxito con la audiencia.

Pero tampoco le quita el sueño. Sabe que la fama llega y se va, que los focos se apagan antes de lo que uno cree. «Se van abriendo etapas y se cierran otras, pero la televisión es un medio que me gusta porque llega a muchísima gente; además, que desarrollo un trabajo que tiene que ver conmigo». Dice tener la suerte de que «al final somos un grupo de gente de León a quien se nos llena la boca hablando bien de León».

Habla de realización personal y de que tiene mucho que ver con el modo en que asumimos lo que nos llega. «Hay que ser vital, disfrutar con un simple momento de tranquilidad en la montaña o viendo un atardecer». Pero la clave de su éxito personal está en un cierto exceso de individualismo, porque, aunque saluda sin parar, su fondo es el de un ser más introspectivo que amante del fotocol en el que tanto destaca su hermana mayor. Aún así, se conforma pensando que «es lo que tiene la televisión» y que «una vez que destapas la caja ya no hay quien la pare». Le gusta, sobre todo, porque le «enriquece como persona». Así debe ser para alguien que funciona por instintos, «vitalista y primario de verdad», como él mismo se define en un momento del encuentro. «Al estar motivado a tope creo que tengo mucho para ofrecer. Busco aventura y pasarlo bien, necesito alimentar mis sentidos y sensaciones: soy terrenal total».

Algo bueno debe proyectar Rafa Lomana cuando marcas como Lafuma, Medilast, Franklin and Marshall, Orbea o Soria Natural han encontrado en él un buen modelo para promocionar sus productos, todos ligados al ámbito deportivo y a la aventura. Eso fuera de casa. Dentro, una niña de cuatro años cree que su padre es el más intrépido aventurero del Planeta.

   
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