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CANTO RODADO

Las mujeres no te creen

No te creo. Dijiste que ibas a invertir hasta 200 millones de euros para sensibilizar y formar al profesorado, a la justicia, a la policía, para mejorar la asistencia a las víctimas y proteger a los menores

 

Las mujeres no te creen -

Ana Gaitero
13/05/2018

Yo no te creo. Ni yo ni muchas más te creemos. No te empeñes en fingir. Basta ya de mentiras. Basta de hipocresía y de lacitos morados en tu solapa.

No te creemos. Y tú sabes bien por qué. Dices que me quieres, que me apoyas y me proteges, Empeñaste tu palabra y la de tus amigos. Firmaste un pacto. Y lo convertiste en papel mojado como es tu costumbre.

No te creo. Dijiste que ibas a invertir recursos, hasta 200 millones de euros, para sensibilizar y formar al profesorado, a la justicia y a la policía, para mejorar la atención en los juzgados, para perfeccionar la asistencia a las víctimas de violencia de género, para proteger a los menores de los agresores.

Y ahora resulta que el principal.arma para cumplir el pacto, los presupuestos generales del Estado, se presenta con 80 millones de euros. Una cantidad muy inferior a lo pactado.

Por eso, Mariano Rajoy, yo no te creo. Ni yo ni las miles de mujeres que salen el miércoles a las calles, en este mayo de 2018 con los ecos lejanos, pero aún candentes, de mayo del 68.

Aquel mayo en que España iba con flores a María y en París saltó la chispa porque a los chicos no les dejaban juntarse con las chicas en el colegio universitario de Nanterre. Y se armó la revolución. Los estudiantes tomaron la delantera a la clase obrera y se convirtieron en protagonistas de la década prodigiosa y del siglo que venía.

Las estudiantes también salieron a las calles a levantar adoquines para ver la playa. Tomaron la palabra y se proclamaron dueñas de su cuerpo. Pero fueron ellos los que llevaron la voz cantante y los que pasarían a la historia.

Las mujeres estaban en las calles, en las universidades, en las fábricas… y también en la intendencia, haciendo fotocopias o viajes para llevar patatas a los centros de trabajo tomados por el fervor revolucionario. Cambiaron las faldas por los pantalones y hubo quien pensó que la liberación sexual abría un campo libre en el cuerpo de las mujeres.

Las revolucionarias de mayo del 68 “se enfrentaron al machismo de los hombres de izquierda”, reconoció años después el superlíder, Daniel Cohn-Bendit. La historia se repetía. No era la primera vez ni sería la última que los derechos de las mujeres se postergaban en beneficio del espejismo revolucionario.

Ahora que se cumplen 50 años se puede decir alto y claro que las mujeres son las protagonistas de la nueva revolución en marcha. Es el movimiento feminista el que viene empujando los cambios que hacen tambalear el statu quo de un sistema basado en la división sexual del trabajo y que ha incorporado a las mujeres como mano de obra barata sin solucionar el problema de los cuidados, que aún recaen sobre ellas y son ‘gratis’.

Mientras la prostitución entra en el PIB europeo, los cuidados familiares siguen en la nebulosa del trabajo invisible de las mujeres.

El feminismo exige permisos parentales igualitarios e intransferibles por nacimiento y adopción, lo hacen más de cien organizaciones unidas en la plataforma Ppiina, está en la vanguardia de la lucha contra el machismo, la violencia de género y la violencia sexual.

El feminismo sale a la calle el 16M cuando el 15M parece haber desaparecido de la memoria colectiva en este país desmemoriado como la familia de Lala Isla, que se hizo pasar por víctima y fue verdugo. Como Astorga con sus mártires aireadas y sus cárceles ocultas.

Pero el poder todavía no se ha tomado en serio el feminismo. Creyeron que el 8M serían unas fiebres pasajeras. El rescoldo del #MeToo. Y después de haber adulado a las feministas salen con 80 millones, ni una tercera parte de lo comprometido, para el pacto de Estado contra la violencia de género.

Es difícil creer a alguien así, presidente. Por más que se esfuerce en «hablar con absoluta claridad» o en «hacer todo lo que pueda y un poco más de lo que pueda si es que eso es posible». Por más que prometa que hará “todo lo posible e incluso lo imposible, si es que lo imposible es posible».

Yo no le creo. Y sus trabalenguas ya no me hacen ninguna gracia.

   
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