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historias y leyendas

Por la noble tierra de Ordás

Enrique Alonso Pérez
05/02/2012

 
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El antiguo e histórico Concejo de Ordás, encajado en el ángulo de la confluencia entre los ríos Omaña y Luna, desdoblado hoy en los municipios de Santa María de Ordás y Las Omañas, hunde sus raíces en el alto Medievo, cuando el empuje cristiano despejó la montaña, con sus riberas fronterizas, de la presencia islámica. La Bula del Papa Juan VIII, que data del año 875, confirma la demarcación del Valle de Ordás, que había sido otorgada por Alfonso II El Casto a la Iglesia de Oviedo.

Pero los antepasados de esta noble Tierra de Ordás, anónimos astures que vivieron durante siglos la cultura castreña, fueron en realidad la primera piedra de un pueblo cuya virtud principal ha sido la fidelidad a las tradiciones y la identificación con el solar de sus mayores. Topónimos de aquellas fechas, como El Castrillón de Pedregal, cercano a la confluencia de los ríos Luna y Omaña —de cuya unión nace el Órbigo— o los castros de Adrados, San Julián de Mataluenga y el del Valle de San Vicente —vecino del pueblo de Selga—, denuncian los primitivos asentamientos que un día rompieron montes para iniciar tímidamente la vida sedentaria.

Una vez repoblado el territorio, y delimitado por los reyes asturianos, es la poderosa Iglesia medieval quien se encarga de administrar, conjuntamente con los nobles locales, el territorio de Ordás. Alfonso III el Magno, repoblador por excelencia, organiza y equilibra las posesiones entre clero y nobleza, donando unas veces —como el 25 de enero del año 894— su Villa de San Martino de la Falamosa a la Abadía de Tuñón o dotando de bienes las iglesias mayores —tal y como hizo el 11 de abril de 906— entre los que figura textualmente el Monasterio de San Juan Bautista, que según el ilustre arqueólogo, Gómez Moreno, se hallaba en el pueblo de Santibáñez de Ordás.

También el Arcediano don Gonzalo —hijo precisamente de Alfonso III— anda en negocios con las tierras de Ordás, pues el 26 de junio del año 896 otorga a los capitulares de Oviedo la iglesia de San Félix de Pedregales, propietaria de un importante patrimonio adscrito al espacio que hoy ocupa, más o menos, el pueblo de Pedregal.

Estado de Luna y tierra de Ordás

La irrefrenable expansión del Estado de Luna durante el siglo XV —hasta convertirse en Condado en el año 1462— engloba en su extensa masa patrimonial el territorio de Ordás, recibido del poder Real por Juro de Heredad, a favor del Adelantado Mayor de León y Asturias, Pedro Suárez de Quiñones, señor de Luna, que dejó heredero universal a su sobrino, Diego Fernández de Quiñones, «el de la buena fortuna», quien a su vez otorgó testamento el día 3 de febrero de 1442 a favor de su hijo mayor Pedro de Quiñones, que recibía, entre un sinfín de lugares y villas «el Señorío de Ordás con su casa y torre».

La trayectoria de este señorío, como la de todos los bienes que constituyeron el descomunal patrimonio de los Luna, se puede seguir hoy con una cierta exactitud gracias al inestimable archivo de los Condes de Luna, recuperado en Francia por Caja España y custodiado por esa entidad. De esta manera sabemos, a través del legajo nº 377, que el día 11 de octubre de 1492 —curiosamente el día anterior al descubrimiento de América— los Reyes Católicos hacen saber al Alcaide de la fortaleza de Ordás, Diego de Minero, la muerte de Bernardino de Quiñones, Conde de Luna, y que su casa y mayorazgo pasan a su hijo Francisco Fernández de Quiñones, bajo la tutoría de la condesa Isabel de Osorio, su madre.

Durante el siglo XVII, el Concejo de Ordás se encuentra aún bajo el dominio de los condes de Luna, según se desprende de un documento fechado el día 14 de febrero de 1646 en el que «Antonio Vigil de Quiñones, conde de Luna, hace saber a los Concejos de Llamas y Ordás que nombra juez a Alejo Dolmos Jirón, contador mayor del estado de Luna, para que tome residencia a los corregidores, jueces, alguaciles, escribanos y a los demás ministros y oficiales de dichas villas.

Por último, en el siglo XIX, el Diccionario Geográfico de Pascual Madoz, recoge en el año 1845 la prerrogativa de los condes de Luna de nombrar juez ordinario para el histórico Concejo de Ordás.

 

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