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París ya no va en bici

La ciudad francesa presumía de tener el mejor servicio de alquiler del mundo, pero un cambio en el servicio las ha dejado en un segundo plano.

 

El servicio quedó paralizado durante los primeros meses del año, ante las protestas, cada vez más subidas de tono, de los abonados a través de las redes sociales. -

luis miguel pascual
17/06/2018

París presumía de tener el mejor servicio de alquiler de bicicletas compartidas del mundo, una referencia copiada por ciudades de todo el planeta, pero desde que a principios de año cambió la empresa concesionaria, nada funciona.

La capital francesa, que se había acostumbrado a ver multitud de las famosas Velib por sus cada vez más numerosos carriles bici, asiste impotente a la ausencia de estos vehículos, mientras los usuarios se organizan para trasmitir su cabreo.

Las nuevas Velib no funcionan, las estaciones de anclaje abiertas están vacías o tienen pocas bicicletas y la mayor parte de estas no pueden ser alquiladas por los usuarios.

La ciudad referente se ha convertido en un «accidente de magnitudes industriales», según lo ha definido la oposición conservadora en el Ayuntamiento de París, que acusa a la alcaldesa, la socialista Anne Hidalgo, de haberse precipitado en la atribución del nuevo contrato.

A dos años de las municipales, el problema de las Velib amenaza la popularidad de la regidora, que hasta hace poco sacaba pecho con su servicio municipal de bicicletas.

El problema surgió a mediados del año pasado, cuando París y un centenar de municipios de su entorno acordaron cambiar el operador del servicio. La empresa publicitaria JCDecaux, que lo había ejercido desde 2007, dejó paso a Smovengo, un consorcio empresarial en el que participa la española Moventia, que lo ganó para los próximos 15 años a cambio de unos 700 millones de euros.

Los ayuntamientos apostaron por las mejoras que proponía el nuevo operador, que prometió bicicletas más sofisticadas y que un 30 % del parque sea eléctrico. Pero desde que comenzaron a dar el servicio nada fue como figuraba en el contrato. Smovengo tardó en sustituir las estaciones anteriores y chocó con la imposibilidad de conectar a la red eléctrica muchas de ellas.

«No conocían la realidad, se presentaron a la licitación con promesas, no con un proyecto real», asegura a Efe el portavoz de «Paris en selle» (París en sillín), Simon Labouret, la asociación que agrupa a los usuarios descontentos con el nuevo servicio.

El resultado es que el servicio quedó paralizado durante los primeros meses del año, ante las protestas, cada vez más subidas de tono, de los abonados a través de las redes sociales.

«Son bicicletas más complejas, no las habían probado con anterioridad. El Ayuntamiento debió de haber adquirido más garantías y haber mirado lo que sucedió en otras ciudades donde operaban», agrega Labouret. Según éste, en Moscú o Helsinki el sistema de Smovengo tampoco es satisfactorio, al igual que en Clermont-Ferrand, en el centro de Francia.

Smovengo reconoce que «el servicio no es suficientemente bueno» y lo atribuye al retraso en la atribución del contrato, a nuevas exigencias municipales y a una huelga de su personal.

«Por ello, hemos lanzado un plan de urgencia que nos permitirá a finales de junio tener un servicio más adecuado», asegura a Efe el portavoz de la compañía, Nicolas Boutaud.

   
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