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carlos j. domínguez

«Parra dio su vida por la democracia»

«no hubo estado mayor en el que no fuera ‘número dos’ ni ley interna en la que no participara». así describe el periodista y escritor leonés al guerrillero antifranquista que protagoniza su último estudio

 

El periodista y escritor Carlos J. Domínguez, autor de la investigación sonbre Marcelino de la Parra, junto al Archivo Histórico Provincial de León. - secundino pérez

a. gil
13/10/2013

Quince años lleva estudiando la figura de Marcelino de la Parra, líder de la guerrilla antifranquista del que nadie —salvo él— se acuerda. Él le define como «la persona perfecta para acompañar a cualquier lector por el nacimiento y evolución reales de la guerrilla».

—¿Cuándo decidió investigar la vida de Marcelino de la Parra y por qué?

—Al igual que en otros casos que me han obsesionado en los últimos años, como ocurrió en el caso del alcalde de León, periodista y empresario editorial Miguel Castaño, me decidí a ahondar en la figura de Parra cuando tuve conciencia de que podía arrojar abundante luz a la historia conocida hasta el momento. En los primeros pasos, hace ya quince años, tuve acceso a los documentos que recogen de manera oficial la totalidad de sus respuestas en los intensos interrogatorios a los que fue sometido. Y me atraparon esencialmente dos cosas. La primera fue muy gráfica pero carente de importancia real: lo que la policía le encuentra tras su detención aparentemente casual en Tarragona, consistente en 9 pesetas, un puñado de papeles, una pluma estilográfica, un cepillo de dientes, pasta dentífrica y un trapo rojo liado a su cuerpo, bajo la ropa. Me representé ese momento y pensé en desliar yo ese trapo rojo. Pero la segunda y más importante razón es que sus testimonios resultaron ser todo un relato muy pormenorizado, con fechas, lugares y protagonistas, que retrataba al dedillo la creación y actuación de la guerrilla contra el Franquismo. Era tanto como tener un guión no de cualquier guerrilla, sino de la Federación de Guerrillas de León-Galicia, la primera guerrilla nacida en España contra quienes provocaron y ganaron la Guerra Civil. Y Marcelino de la Parra era un perfecto nexo de unión en esa historia, porque estuvo en el germen, en la fundación y en uno de los finales menos habituales: la detención y ejecución.

—Pero entre todos los guerrilleros leoneses, ¿por qué le eligió a él? ¿Qué le hace diferente?

—La principal diferencia con los guerrilleros antifranquistas más renombrados de la provincia, por encima de todos Manuel Girón, casi mítico, es que De la Parra presenta hasta ahora una figura envuelta en misterio. Quien haya leído las principales publicaciones sobre el maquis leonés le habrá oído nombrar pero siempre en segundo plano, a la sombra de otros como Marcelino Fernández Villanueva El Gafas o César Ríos o Mario Morán. Y sin embargo, ‘Parra’ fue esencial.

—¿Qué papel cree que representó Parra en la lucha contra el franquismo y, en general, en la Historia?

—Un papel discreto. Importante, pero discreto. No en vano, no hubo Estado Mayor en el que él no fuera el número dos, ni congreso en el que no fuera secretario, ni ‘ley’ interna en la que no participara de alguna manera. Pero todos los testimonios coinciden en que la discreción, el silencio, la timidez extrema incluso, eran los rasgos más característicos de su personalidad. En casi todos los sentidos, era la antítesis de su gran amigo Girón, hombre de acción, vehemente, fanfarrón, temerario. Con esa forma de ser, y siempre en segundo plano, Marcelino de la Parra estaba destinado a pasar desapercibido. Y así sería si no fuera por su detención y la importancia que tuvieron sus respuestas para ayudar a orquestar el principio del fin de los milicianos del monte.

—¿Qué ha supuesto para usted este trabajo de investigación que le ha llevado 15 años?

­—¡… Y que está muy lejos de haber terminado! Para mi supone la esperanza del próximo trabajo, esa que te mantiene animado, alerta, y también una especie de refugio mental. Bueno, más bien un laberinto mental. Es que nunca he trabajado sobre él aisladamente, siempre he creído que Parra es la persona perfecta para acompañar a cualquier lector por el nacimiento y evolución reales de la guerrilla. O sea, el protagonista de un relato coral, lo contrario de lo que siempre quiso ser.

—¿Cuál ha sido la parte más dura de esta investigación?

—Paradógicamente, la parte más dura de la investigación es el fruto de ella: el relato final. Aunque falten varios flecos, algunos importantes, la investigación es cosa de ciencia y paciencia. Pero construir después algo que aúne fiabilidad histórica y divulgación, casi novela, en el caso de la guerrilla y de Marcelino de la Parra para mi hasta ahora ha sido imposible.

—¿Por qué Marcelino de la Parra fue uno de los más buscados por el régimen franquista?

—No lo fue más que otros. Manuel Girón se llevó la palma. Y bien que le enorgullecía. Lo que pasa es que Parra fue, como Girón, de los primeros en ‘echarse al monte’, un histórico. Pero cuando le detuvieron, si es que se produjo como dicen los informes oficiales, cosa que me atrevo a dudar razonablemente, las autoridades policiales no tenían ni la más remota idea de a quién tenían sentado delante.

 —Pese a su papel de líder en la guerrilla antifranquista, usted dice que sigue siendo un gran desconocido. ¿A qué se debe?

—Son absolutos desconocidos la práctica totalidad de los milicianos republicanos que decidieron o se vieron forzados a continuar una lucha desigual contra todo un país rendido al nuevo régimen de Francisco Franco. Los poquísimos guerrilleros que hoy se recuerdan lo son o porque pervivieron como un mito de boca a oreja y de pueblo en pueblo, o porque sobrevivieron y decidieron contar su historia. El número final es ridículo. Tanto que para la mayoría de los españoles la guerrilla (por cierto, forma de lucha nacida y bautizada en este país) es un término desconocido. Esto en Francia no pasa, es justo al revés: se les rinde honores por defenderse como David ante Goliat a favor de un régimen democrático que hoy ensalzamos. Pero que no está dispuesto a hacer justicia histórica.

 —Ha dicho que, después de tantos años de olvido, es tiempo de reivindicar la figura de este guerrillero leonés. ¿Por qué ahora?

—Y si no, ¿cuándo? Lo repito: Marcelino de la Parra, como casi todos los demás guerrilleros, enlaces o confidentes, dejaron toda y gran parte de su vida y la de sus familias en el intento de seguir defendiendo la legalidad democrática. Ojo, no porque fueran héroes sino porque era la única, aunque utópica, garantía de supervivencia personal.

—¿Qué piensa hacer ahora con todo este trabajo de recopilación e investigación? ¿Quizás escribir un libro?

—Hace años que lo empecé. Pero en mi cabeza, el proyecto es monstruosamente grande, un puzle casi imposible encajar. Es curioso: para descansar y aclarar ideas, un día comencé a investigar sobre Miguel Castaño y aquel otro proyecto se acabó imponiendo. Asesinaron La Democracia nació de un momento de bloqueo. Tengo sobre Parra una cronología detallada y contrastada que ocupa bastante más que muchos libros y que mañana mismo podría publicar. Pero no me conformo con escribir una enciclopedia, ni me seduce a mi ni creo que ayudara mucho a generar interés en la gente. Para bien o para mal, soy incipiente escritor y por encima de todo periodista, y las formas me importan mucho.

—Ha comentado que «el maquis no es el conjunto de bandidos que el régimen aireaba’. ¿Cómo lo definiría?

—Lo he comentado porque aporto los documentos que lo acreditan: copias de las actas de los congresos y asambleas, escritos internos, expedientes sancionadores, acuerdos... La Federación de Guerrillas se dotó de un grado de organización primero militar pero después económica, judicial y social incuestionables. Uno de los documentos que publiqué en Diario de León normaliza hasta la pensión que la Federación debía pagar a los confidentes incapacitados, las viudas y huérfanos, para buscar casa y trabajo a ancianos y mujeres que huían por miedo a represalias… Siempre con dinero procedente de los llamados ‘golpes económicos’. Que sí, eran en realidad asaltos a mano armada. Pero personalmente creo que el régimen de Franco sabía que no eran ni mucho menos un atajo de asaltacaminos. Sabían perfectamente que hubo largos años en que el maquis dominaba pueblos enteros de La Cabrera, Orense, Sanabria o a las puertas mismo de Ponferrada. Vivían en las casas, eran la autoridad local, se llevaban con el cura y paseaban por delante de los cuartelillos de la Guardia Civil mientras éstos se giraban.

—Las actas y testimonios de Parra son inéditos. ¿Cómo llegó hasta ellos?

—La mayoría forman parte de la causa judicial que se conserva en el Tribunal Militar Territorial 4º, en el archivo de El Ferrol. Cualquiera puede acceder a ellos. Y una minoría, los que arrojan más detalles desconocidos, como el acta del hasta ahora apenas nombrado VI Congreso, el congreso de la escisión comunista, son fruto tanto de meses de búsqueda como de afortunadas casualidades.

—Insiste en que eran muchas las diferencias entre realidad y fuentes oficiales. ¿Crees que esas diferencias persisten hoy en día?

—No soy historiador, soy periodista. Si hacemos bien nuestro trabajo, en realidad no creo que haya tanta diferencia cuando afrontamos hechos de nuestro pasado aún reciente. Según mi experiencia, sí hay considerables diferencias entre lo que ocurrió realmente y lo que nos cuentan las fuentes, sean o no sean oficiales. Por desgracia, esas fuentes oficiales son casi lo único que queda. Transcurrido tanto tiempo, apenas hay ya testimonios personales. Y unas y otros deben ser puestos es cuarentena antes de ser usadas porque están contadas según una conveniencia determinada o una subjetividad que es razonable. Pero se pueden hacer grandes avances con un poco de esfuerzo. Es nuestra obligación hacerlo. No nos conviene como sociedad echar tierra sobre lo que no nos gusta o nos incomoda de nuestro pasado.




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