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El peor trago de facebook

La credibilidad de la red social queda en entredicho por las ‘fake news’, noticias falsas que se extienden por las redes sociales como la pólvora

 

aLBERTO eSTÉVEZ -

Arantxa Herranz
25/02/2018

Pese a que se puede definir a Facebook como una compañía que domina los medios, nunca ha querido ser clasificada como una compañía de medios. Pero la polémica de las ‘fake news’, su propagación en la red social, el uso de la misma como vía de expansión de estas noticias falsas y el progresivo envejecimiento de su población están poniendo a la compañía de Marca Zuckerberg en la picota.

La relación de Facebook con los medios de comunicación siempre ha sido de amor-odio, por decirlo de alguna manera: ambos se necesitan, pero a ninguno le gusta depender del otro. Los editores han visto cómo la red social y otros jugadores como Google les han robado buena parte del pastel publicitario. Además, el éxito de sus publicaciones no depende tanto de si la historia es buena como del algoritmo que estos intermediarios decidan aplicar.

¿Qué noticias tienen más visitas y, por tanto, pueden ayudar a generar más ingresos publicitarios? Aquellas más triviales o con un título que provoque que el usuario haga clic en ellas. Muchos medios culpan al algoritmo de Facebook de que se busquen historias virales, aunque no sean transcendentes, porque dan más visitas. Muchas veces se ha cuestionado si realmente Facebook era una compañía de medios, aunque los responsables de la red social siempre han negado la mayor. «Somos una plataforma de medios, no una compañía de medios», era su mensaje reiterativo.

Sin embargo, la propagación de las ‘fake news’ (noticias falsas), las sospechas de compra masiva de publicidad por parte de la injerencia rusa, el ascenso de Trump como presidente de Estados Unidos y la posible influencia que en el electorado hayan podido tener los contenidos vertidos, difundidos y propagados como virus en Facebook parece que han puesto a la red social en un punto y aparte.

La compañía incluso ha elaborado su propio cálculo sobre el peso que las noticias falsas tienen en todo el contenido disponible en la red social sobre las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Los números, evidentemente, salen a su favor. Además, en un artículo aparecido en la revista especializada Wired, Alex Hardiman, jefe de los productos de noticias de Facebook y ‘ex’ de The New York Times, reconoce que Facebook ayudó durante mucho tiempo a crear un sistema económico que premiaba a los editores por su sensacionalismo, no por su precisión o profundidad.

Sin embargo, el tema de las elecciones en Estados Unidos es solo una parte de todas las historias falsas que se han compartido en todo Facebook. Además, este cálculo era básicamente cuantitativo y no paraba en revisar la influencia de estas ‘fake news’ ni cómo han podido afectar a determinados grupos de población.

Manos a la obra

Ante la presión, Facebook está tomando medidas. Por ejemplo, parece estar penalizando las técnicas de ‘clickbait’ (títulos muy atractivos que invitan a acceder al enlace con el único objetivo de generar tráfico y, por tanto, ingresos publicitarios). También está desarrollando y probando nuevos productos para identificar y limitar la difusión de noticias falsas y formando a los usuarios para que sean más críticos con lo que leen. En España, sin ir más lejos, se han hecho dos oleadas de estas herramientas educativas tanto en septiembre como en diciembre. El objetivo es capacitar a las personas para que puedan identificar noticias falsas con una comunicación educativa y sobre el producto de Facebook.

Facebook también ha empezado a permitir que los medios que usan Facebook Instant Articles (que permite la carga más rápida de los contenidos) puedan exigir que los lectores se suscriban. Y que incluso exigieran el pago por acceder contenido de calidad. También pretende acabar con los incentivos económicos que mueven buena parte de las noticias falsas. Sin embargo, la decisión de Facebook de preguntar a lectores para determinar qué fuentes son de fiar ha suscitado muchas críticas, ya que se puede caer en el error de dar por buenas y confiables fuentes que solo son reconocidas y no evaluadas. Pese a todo, Facebook sigue insistiendo en que no es una compañía de medios, sino una plataforma. Pero en estos últimos meses la presión sobre su poder de influencia y responsabilidad en el tema de las noticias falsas y cómo eso puede dañar su reputación y hacer que los usuarios la abandonen también están motivando un cambio de actitud.

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