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gASTRONOMÍA

La pizza, patrimonio de la humanidad

La técnica napolitana de hornearla a fuego de leña dándole vueltas, ha sido incluida dentro del listado de la Unesco de elementos que se deben conservar por su importante valor cultural.

 

Pizzeros celebran el reconocimiento de la Unesco mientras posan con una pizza en Nápoles. - CESARE ABBATE

Un pizzero celebra el reconocimiento. - CESARE ABBATE

Efe
10/12/2017

El arte de los pizzeros de Nápoles (pizzaioli) ha sido reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, según anunció el jueves su Comité intergubernamental en la isla surcoreana de Jeju.

Esta práctica culinaria, que consiste en preparar la masa de la pizza en cuatro etapas para hornearla luego a fuego de leña dándole vueltas, ha sido incluida dentro del listado de la Unesco de elementos que se deben conservar por su importante valor cultural.

Esta lista, que incluye otras actividades como Las Fallas de Valencia ,el flamenco, o los cantos de Los Llanos de Colombia y Venezuela, busca movilizar la cooperación y asistencia internacional para que las diferentes sociedades mantengan su patrimonio cultural.

En la jornada del viernes, se incorporaron un total de doce elementos, procedentes de Kazajistán, Portugal, Alemania, Grecia, India, Indonesia, Irán, Irlanda, Italia, Kirguistán y Malaui, mientras que ayer lo hicieron otros seis.

En la actualidad, quedan tan sólo unos 3.000 pizzaioli en esta ciudad del sur de Italia, por lo que la Unesco propone realizar actividades culturales en la que los jóvenes puedan observar el trabajo de los maestros.

Esta práctica se considera un arte, ya que se necesita una habilidad particular para hacer la masa y después hornearla, a pesar de la aparente sencillez de sus ingredientes, que son el agua, la harina y la sal.

Además de a los pizzeros napolitanos, la Unesco también reconoció la música de gaita irlandesa, la música de órgano alemana y la artesanía de barro de Estremoz (Portugal).

El Comité intergubernamental, formado por representantes de 24 países firmantes de la Convención de la Unesco para la salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial, decidieron incluir en la lista estos bienes para responder a la «necesidad social» de preservar las artes y oficios tradicionales que de otro modo desaparecerían.

Este comité se reúne una vez al año para examinar el funcionamiento de esa convención, adoptada en 2003, y examinar las candidaturas de inscripción en sus listas.

El lugar

Al calor de un horno histórico y con gran entusiasmo, los pizzeros italianos esperaban el miércoles en la cuna de este plato, Nápoles, que el reconocimiento de la Unesco llegue de Corea del Sur para seguir dando a conocer su arte por el mundo.

En esa ciudad del sur de Italia, representantes de tres generaciones distintas de pizzeros no pudieron reprimir las ganas de exhibir su talento. Lo hacían mientras en la isla surcoreana de Jeju un comité de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) continuaba sus deliberaciones sobre las expresiones que deben ser reconocidas como patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad.

Sus protagonistas no se daban por vencidos y mantenían el optimismo en estas horas cruciales para su causa. «A través de ese arte, que reúne corazón, cerebro y memoria se consigue un producto importante. Si le damos los ingredientes a una persona sin esa sensibilidad, esa pizza se podrá llamar de muchas maneras, pero no será napolitana», dicijo Gino Sorbillo mientras mete las manos en la masa.

En medio de un gran bullicio, acompañado de bailes tradicionales y junto con varios compañeros, Sorbillo preparaba la pizza para decenas de personas en el horno ubicado en una torre del Real bosque de Capodimonte, en un alto de la ciudad del Vesubio. Son 134 hectáreas de jardines donde Carlos III (1716-1788), rey de España y de Nápoles, fundó un palacio en 1738 para albergar la colección de arte de su madre, Isabel de Farnesio.

La elección del sitio no es casual, como recordó durante su visita este miércoles el ministro italiano de Cultura, Dario Franceschini, quien destacó el valor de un «producto universal que muchos no saben que ha nacido en Nápoles».

En ese preciso horno la tradición hunde sus raíces, pues se cree que fue allí la primera vez que la pizza cubierta de tomate, mozzarella y albahaca adoptó el nombre de «margherita», en homenaje a Margarita de Saboya

   
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