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Por el valle de compludo

FUE LA CUNA DEL PRIMER MONASTERIO DE LA eSPAÑA CRISTIANA DE LA MANO DE fRUCTUOSO, DESCENDIENTE DIRECTO DE LOS REYES GODOS

 

13/03/2011

Donde la enrevesada geografía que delimita las tierras maragatas con la llamada «Hoya Berciana», al fondo del vertiginoso ramal que parte desde el pueblecito de Acebo al valle complutense, duermen la fatiga de muchos siglos de Historia los pueblos que un día alumbraron el nacimiento del primer monasterio de la España cristiana: Compludo, Espinoso, Palacios y Carracedo -"todos ellos con el apellido de «Compludo»-" formaron el llamado «Coto de la Abadía».

La fuerte personalidad de Fructuoso, descendiente directo de los reyes godos, y la feliz coincidencia de ser el rico heredero de los terrenos del valle, determinaron la fundación de aquel primer cenobio que sería la primera sarta de un largo rosario monacal que desembocaría en el denso asentamiento de la que fue bautizada «Tebaida Berciana».

Durante muchos años, más bien muchos siglos, se ha venido especulando con el nombre de Compludo como un topónimo derivado de un primitivo emplazamiento, en el valle, de la ciudad romana de «Complega», «Compleutica», o «Complútica», que de las tres formas aparece en los documentos suscritos por Ptolomeo, Antonio y Ceán Bermúdez. Hoy, con el contraste de historiadores de relieve, y sobre todo, con la certeza de que San Fructuoso quiso poner su primera fundación bajo la advocación de los Santos niños, Justo y Pastor, nadie duda que el nombre de Compludo sea una réplica del lugar en que nacieron estos Santos Mártires: «Complutum», la ciudad romana que coincide con la actual Alcalá de Henares.

Cuando Ambrosio de Morales, el gran historiador del siglo XVI, viajó por orden del rey Felipe II, a los reinos de Galicia, León y Principado de Asturias, en el año 1572, describía el pueblo de Compludo de la forma siguiente: «lugar pequeño en El Vierzo, cerca de Molinaseca. Su iglesia mayor fue antiguamente monasterio de monjes Benitos con la advocación de San Justo y San Pastor. Fundólo San Fructuoso, pariente de los reyes godos, en tiempos del rey Chindasvinto, y el rey acrecentó mucho, y el rey don Ramiro II después de la destrucción de España lo confirmó. Todo parece en el privilegio desde el rey don Ramiro, donde está inserto el otro primero del rey Chindasvinto; agora no es abadía de monjes, sino dignidad de la Iglesia en Astorga, sin que se entienda cómo ni cuándo se pasó allí».

Pocos son los documentos y muchas las hipótesis sobre la vida de San Fructuoso. El mismo Padre Manjarín, franciscano, hijo del pueblo de Compludo, lo asegura en su gratificante libro Compludo, un Pueblecito Leonés con Historia, editado en 1964. No obstante, y con el rigor que suele recoger el Diccionario Espasa los apuntes biográficos, podemos leer en su edición de 1915, lo siguiente: «San Fructuoso.- Monje español nacido en Toledo en los primeros años del siglo VII, de una familia nobilísima, a la que perteneció el rey visigodo Sisenando. Después de cursar las ciencias eclesiásticas en la Escuela Episcopal de Palencia, decidió retirarse a un lugar del Bierzo, una legua al oeste de Astorga. Su intención era hacer vida solitaria, pero los muchos discípulos que vinieron a ponerse bajo su dirección, le obligaron a levantar un monasterio que dedicó a los gloriosos mártires Justo y Pastor y que por eso se llamó de Compluto o Compludo... San Fructuoso es el gran legislador y patriarca de los monjes genuinamente españoles.

Su Regla fue observada en el norte y oeste de la península hasta ser suplantada poco a poco por la de San Benito. Además de las dos Reglas nos quedan de él una carta a Recesvinto y unas poesías casi ininteligibles. Un discípulo suyo, probablemente San Valerio, nos contó su vida con cariño e interés.

Parece ser, que el bueno de San Fructuoso, después de la primera fundación complutense, decidió alejarse de la vida comunitaria para seguir su inclinación hacia la soledad eremítica, decisión que no llegó nunca a ver cumplida por la popularidad alcanzada. Su segunda fundación aún puede contrastarse en el monasterio que el Santo bautizó con el nombre de «Rupianense», a más de mil metros de altura, cerca del castro Rupiano, que ha sido conocido para nosotros con el nombre de San Pedro de Montes.

Allí vivió nuestro Santo, acompañado de San Valerio -"relator de su vida-" y de un monje llamado Baldario, de oficio albañil, que acompañó a San Fructuoso en todas las fundaciones y edificaciones, que llegaron a ser nueve.

Todavía en nuestra última visita a los restos del monasterio de Montes, pudimos leer y traducir del latín, la leyenda que San Genadio dejó escrita para la posteridad: «El bienaventurado Fructuoso, insigne por sus méritos, después de haber edificado el monasterio de Compludo, hizo en este lugar un pequeño oratorio con la advocación de San Pedro. Después de él, San Valerio, igual en méritos, ensanchó la obra de esta iglesia. Últimamente Genadio, presbítero, la restauró en la era de novecientos treinta y tres (año 985)».





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