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CANTO RODADO

Portavoza, no; modisto, sí

Modisto es una palabra de empaque. Aristocrática. No como modista, vocablo de obreras. Los modistos diseñan y confeccionan prendas de vestir. Las modistas cosen y hacen arreglos. Igualdad...

 

Portavoza, no; modisto, sí -

Ana Gaitero
11/02/2018

No lo digo yo. Lo dice el Diccionario de la Real Academia Española y todo el mundo se rinde a la evidencia. Porque la RAE es una institución incuestionable, aunque últimamente los señores académicos, políticos y demás autoridades patrias se revuelven en sus asientos tal que si les pincharan con agujas en sus reales posaderas.

Podrían ser las modistas. Las que les pincharan, digo. Esas mujeres que, cose que te cose, han vestido a la humanidad desde tiempo inmemorial con más o menos creatividad, que de todo hay, y las hay magníficas, sin que se les reconociera el don del diseño jamás de los jamases.

Pero son las portavozas las que enojan ahora a los guardianes de la lengua, porque las palabras pinchan como alfileres y por los microscópicos agujeros que horadan a medida que se construyen y pronuncian penetra un pensamiento nuevo. Una forma del ver el mundo más inclusiva y abierta.

Son tan poderosas las palabras que el sistema patriarcal, ya no digo los hombres, no las quieren soltar ni con agua hirviendo. Como ayer Silván en la ceremonia de las Águedas de León. El alcalde no soltó el bastón. Sólo fue un leve gesto simbólico para prestárselo momentáneamente a la Águeda Mayor para santificar a Aurora Baza como autoridad femenina del 2018.

Digo yo que esto de las Águedas estaría muy bien si el título sirviera para algo más que una foto oficial y para rescatar del baúl esos hermosos trajes leoneses engalanados con las collaradas de coral y plata. Magníficas obras artesanales de las mujeres.

Ya lo dijo el alcalde, la igualdad es una cosa y los esperpentos otra. Pues que se aplique el cuento. Menos ridiculeces y más igualdad real, que se les llena la boca con palabrería. Pero no sueltan ni el bastón ni el micrófono.

La realidad da puñetazos enormes. Como ese que me imagino puede soltar en cualquier momento la escultura dedicada a la Enfermería, obra de Jorge Aller, que han puesto en mi barrio, La Palomera, en mitad de una rotonda al lado de unos olivos. Tengo que reconocer que cada día le cojo un poco de más cariño. Según por dónde la mires expresa una emoción. La fuerza, incluso la ira, de ese brazo gigantesco que se me antoja la gran mole de hierro desde la calle Buen Consejo es como ese puñetazo de realidad que se necesita en tiempos de memes que arrasan con la actualidad más sangrante, como el fotomontaje del botillo que nunca se comieron el rey y su familia en Bembibre.

La realidad es que después de asaquear la caja de las pensiones, ahora el presidente Rajoy da lecciones de ahorro para mantener techo y comida al llegar a la jubilación o que Martin Shultz, la esperanza socialista alemana, hizo lo contrario de lo es que prometió en campaña, pactar con Merkel la gran coalición. O que las mujeres solo representan el 25% de las carreras científicas, por poner un ejemplo en el día dedicado a la promoción de la Mujer en la Ciencia.

La realidad es que mientras nos aturden con el populismo permanente no revisable hace bien poco por promover una educación en igualdad y una educación afectivo sexual porque chirría al aparato ideológico, lo mismo que el lenguaje. El cuento de la prisión permanente revisable se ha convertido en el sustituto opiáceo del procés, cuando ya nadie presta atención a Puigdemont en Bruselas, ni a Junqueras en Estremera.

La realidad es que los modistos, que ahora ya no les importa llamarse modistas, tuvieron problemas cero para que se les diferenciara de las modistas. Lo mismo que en la enfermería, esa profesión en la que en cuanto hubo un hombre o dos exigieron ser nombrados como enfermeros y corrieron como linces para colocarse en los puestos de mando de hospitales, universidades y colegios profesionales.

Asegura un señor que sabe latín, y de verdad que sabe latín, además de ser del PP, que hablar de portavoces y portavozas es como decir que los niños suben por los escaleros y las niñas por las escaleras.

Y es que tiene razón. Porque las escaleras por las que suben las mujeres tienen los peldaños mil veces más altos que esos escaleros de los que habla el señor Emilio del Río.

   
4 Comentarios
04

Por lerier 11:27 - 19.02.2018

y los de xixón deseando ser de xixona

03

Por rca 20:51 - 12.02.2018

El feminazismo es el problema mas grande que tenemos....

02

Por Ja, ja, ja 15:57 - 11.02.2018

Y digo yo. Mañana voy a pedir hora al dentisto. Si nos vamos a poner así..... Voz es femenino y a nadie a afectado ese término para lo que sea.

01

Por josé- luis calzado 13:09 - 11.02.2018

.Ya lo dijo el sabio:Hay dos cosas infinitas, a saber, la una el universo lo otro... termina en...dez humana. no falla.