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El presidente de los «muy ricos»

 

PATRICK SEEGER -

fERNANDO ITURRIBARRÍA / Agencias
13/05/2018

Emmanuel Macron es el presidente de los ricos? «No, no es verdad», respondió el otro día en una entrevista televisiva el socialista François Hollande. El mandatario desalojado hace un año del Elíseo por su ahijado político hizo un largo silencio y remató: «Es el presidente de los muy ricos», satisfecho del efecto de su fría venganza contra el traidor que le apeó del poder. Cuando se acaba de cumplir el primer aniversario de su victoria electoral, el antiguo banquero de negocios arrastra la etiqueta de ‘presidente de los ricos’ que amenaza con perseguirle durante los cinco años de mandato como el esparadrapo del que no se podía despegar el capitán Haddock en las aventuras de Tintín.

La supresión del impuesto a las grandes fortunas, la rebaja del gravamen a las rentas del capital a un máximo del 30% cuando con las del trabajo puede elevarse hasta el 45%, la flexibilización por decreto del derecho laboral, la bajada progresiva del impuesto de sociedades y el descenso de las cotizaciones sociales compensado por una subida de las retenciones obligatorias son medidas que han contribuido a reforzar la imagen de un presidente que en el último foro de Davos proclamó que «nadie podrá sospechar que no sea un ‘business friendly’».

Decidido a restaurar la competitividad de la economía francesa, a mejorar su atractivo para la inversión extranjera y a liberar el espíritu empresarial, el amigo del mundo de los negocios acaba de dar una prueba más de su voluntad sin complejos de favorecer a los más pudientes con la recién anunciada eliminación desde 2019 de la tasa a los exiliados fiscales.

El adelanto ha sido formulado en la revista estadounidense Forbes, biblia del liberalismo económico, que dedica su portada a un Macron presentado como «líder de los mercados». Para más provocación y desafío a sindicatos e izquierda, el anticipo se filtró en pleno Primero de Mayo con los bulevares de París transformados en campo de guerrilla urbana por hordas incontroladas de anticapitalistas violentos. La ‘exil tax’ condenada a desaparecer fue instaurada en 2011 por el conservador Nicolas Sarkozy con la finalidad de frenar el exilio fiscal, especialmente a Bélgica, y afecta a los contribuyentes con más de 800.000 euros en acciones y obligaciones o la mitad del capital de una empresa.

Votantes de derechas

Con el 43% de buenas opiniones, Macron ha perdido 20 puntos de popularidad en un año aunque presenta mejores registros que Hollande (2012-2017) y Sarkozy (2007-2012) que bajaron 27 y 25 puntos, respectivamente, de popularidad a la misma altura de sus mandatos.

La letra pequeña de las encuestas refleja que el bajón se ha focalizado en las categorías populares. Si la diferencia de juicios favorables entre los ciudadanos con mayores y menores rentas era de 3 puntos en mayo de 2017, el margen se ha acrecentado ahora hasta los 27 puntos. En consecuencia, su base electoral se ha modificado profundamente y han ganado peso sus votantes de derechas en detrimento de los de izquierdas.

Macron es percibido como un presidente que entiende mejor a las ciudades que a las barriadas populares y las zonas rurales. Se le ve como un reformista dinámico, audaz y capaz de transformar Francia y de cumplir sus promesas electorales pero también como un político altivo y alejado de los problemas de la gente. La imagen del país en el extranjero y los indicadores económicos son los capítulos de valoración más positiva en su gestión.

Los franceses admiten que la situación económica ha mejorado globalmente pero de momento no notan avances concretos en su situación personal pues el poder adquisitivo de las clases medias y de los pensionistas ha mermado mientras los ricos disfrutan del mejor trozo del pastel. Al presidente le cabe el consuelo de que el 40% de los encuestados se declara dispuesto a esperar a ver los resultados de las políticas liberalizadoras antes de pronunciarse. El pragmatismo antes que la impaciencia.

El propio Macron reconoce que los efectos sobre el empleo de sus reformas de la formación profesional, del aprendizaje y del subsidio del paro no serán perceptibles antes de un par de años. Pero de momento la curva del desempleo tiende a la baja, la actividad económica es sólida y las finanzas públicas experimentan un progresivo saneamiento. Francia saldrá el próximo día 23 del procedimiento europeo por déficit excesivo y dejará a España sola en el rincón de los malos alumnos que no logran hacer los deberes de ponerse por debajo del famoso listón del 3% del PIB.

El crecimiento alcanza con el 2% el nivel más alto desde 2011, el déficit está en la cota más baja desde 2006 con el 2,6%, el gasto público ha comenzado a retroceder desde la cima del 56,1% y la deuda se aleja lentamente del 100%. Los expertos imputan los buenos resultados a un ciclo mundial extremadamente favorable. Y Hollande reivindica el efecto retardado de sus impopulares políticas en la buena suerte de la que goza «el presidente de los muy ricos».

La decisión de Macron de sacar la sala de prensa del Elíseo fue un paso más de una larga serie de desencuentros del mandatario con los periodistas, que ven como una humillación que se les aleje del palacio presidencial.

Situado desde hace tres décadas en el Patio de Honor, a pocos metros de la entrada principal, el cubículo se ubicará en unos meses en un edificio anexo de la sede del jefe de Estado, al otro lado de la calle.

La idea había sido adelantada con la llegada de Macron al poder el pasado mayo y se materializó este mes cuando la Presidencia comunicó a los periodistas que el proyecto seguía en marcha con la intención de modernizar el espacio y dar cabida a más acreditados.

La decisión, unilateral, complica, según los afectados, el trabajo de los medios, ralentiza el envío de las informaciones y les priva de una ventana en primera línea desde la que controlar las idas y venidas de ministros e invitados.

Tanto la Asociación de la Prensa Presidencial como el sindicato de periodistas han denunciado que la presencia de los medios en el seno de la presidencia no es un «privilegio», sino el fruto de una voluntad de transparencia apoyada por los anteriores mandatarios desde 1974.

«Macron y su Gobierno tienen sin duda un problema con los periodistas y el derecho a la información. (...) Las señales enviadas por el poder son muy preocupantes», indica en un comunicado la organización sindical.

Esferas

Con el conservador Nicolas Sarkozy, pero especialmente con el socialista François Hollande, la relación entre ambas esferas había gozado de una cercanía que Macron cortó desde el principio.

Además de blindar su vida privada, el nuevo inquilino del Elíseo ha dejado claro en sucesivas ocasiones que hay fronteras que no quiere cruzar.

«Tenemos un combate común», pero cada uno debe librarlo con «esta distancia legítima que existe entre el poder y el contrapoder», dijo el pasado 3 de enero en su discurso de Año Nuevo ante la prensa.

Macron, según explica a Efe una periodista que prefiere guardar el anonimato, «está traumatizado» por lo que le sucedió a Hollande, cuyas conversaciones informales con los periodistas acabaron por perjudicarle.






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