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A proposito de la eutanasia

 

A proposito de la eutanasia -

Jose Andres Garcia Marin
19/08/2018

En estos días en que se habla mucho de la despenalización de la eutanasia y de su posible aprobación en el Congreso de los diputados, tengo la inquietud de poner por escrito mis opiniones al respecto. Lo primero que diré es que no comparto el término. Eutanasia viene del griego, y su traducción directa sería „buena muerte«. Es la misma raíz que usamos para definir un parto eutócico (aquel que ha salido bien) o un enfermo eupneico (el que respira bien). Como médico habituado a tratar con enfermos y familiares al final de la vida, considero que una buena muerte es algo mucho más amplio que el hecho de poder decidir el momento. Pienso que en estos años he visto muchas „buenas muertes«, de personas que han sido seguidas y atendidas hasta el final, se han despedido de sus seres queridos y han cerrado los ojos en paz. Tampoco comparto el término de „derecho a morir con dignidad«, pues pienso que una muerte digna es algo mucho más amplio que el hecho de decidir el momento. Yo usaría un término como „derecho a decidir el momento de la muerte«, o algo similar.

Otra reflexión merece el miedo generalizado de nuestra sociedad a hablar, o siquiera mirar a la muerte. A pesar de que todos sabemos cuál será nuestro final, no somos capaces de asumirlo con facilidad. Evitamos hablar con nuestros mayores o enfermos sobre cómo o dónde quieren acabar. En Medicina les colgamos el sambenito de „enfermo terminal« a aquella persona a la que no somos capaces de curar, olvidando en muchas ocasiones siquiera el aliviarle de sus síntomas o sentimientos negativos. En este contexto no hay regulación legal clara sobre la atención a las personas al final de la vida. No está legislada la sedación terminal, la inclusión en programas de paliativos, la adecuación del esfuerzo terapéutico... Aunque hoy se esté hablando de despenalizar la eutanasia, se sigue evitando una regulación completa sobre el final de la vida, no queremos mirar hacia ello.

Y es que la persona que solicita eutanasia en realidad no quiere morir; lo que no quiere es seguir viviendo de esta manera, con este sufrimiento. La primera vez que escuché este pensamiento me adherí a él para siempre. En este contexto he escuchado otra similar, pronunciada por una persona en esta situación: „amo tanto la vida, que quiero terminar con la mía«. La idea es la misma: no soporto seguir con este sufrimiento. Desde Secpal (Sociedad Española de Cuidados Paliativos) se defiende esta postura: Vamos entonces a cambiar esas condiciones vitales, vamos a aliviar ese sufrimiento... Cuidados Paliativos pretende aliviar el sufrimiento en todas las personas con enfermedad avanzada, sea cual sea ésta. En el último Congreso de Vitoria hubo una mesa sobre el tema de la eutanasia, que en realidad me decepcionó. Un representante portugués se posicionó claramente en contra, pero los demás que hablaron en esa mesa no „se mojaron« lo suficiente. Y la gente que habló desde el público defendía claramente la eutanasia, algunos con planteamientos algo agresivos, a mi juicio. Sin embargo sí quedó clara la posición de la Sociedad sobre este tema, que es la que ya he dicho: vamos a llevar Cuidados Paliativos a todo la gente que lo necesita. Si no se puede soportar ese sufrimiento, vamos a aliviar, a cambiar el sufrimiento de esa persona. Podría parecer entonces que los Cuidados Paliativos son la alternativa a la eutanasia, y yo tampoco lo creo. De hecho, leí un artículo en que afirmaba que si bien hace unos años la mayoría de los palitivistas se posicionaban en contra, en el momento actual la situación cambia. En las últimas encuestas hay más paliativistas pro-eutanasia que anti-eutanasia. ¡Ojo, que estamos hablando de los especialistas en atender el final de la vida! Algo perciben que los está haciendo cambiar.

Vino a León el profesor Diego Gracia, que es una eminencia en tema de Bioética y fue discípulo en la juventud de Severo Ochoa. No puedo evitar recordarle como el „viejo profesor« por cuya boca sólo sale sabiduría. El explicaba que la Bioética es „el arte« de decidir la opción correcta ante una situación vital muy compleja. Se trata de valorar a la persona, sus circunstancias vitales, su enfermedad y sus posibilidades diagnósticas y terapéuticas; una vez valorado con tranquilidad, profundidad y eficacia se decide qué debemos hacer. El defendía que la eutanasia equivale a tomar la decisión de forma irreflexiva, rápida. Es humano pensar que ante una situación muy adversa lo primero que nos viene a la mente es terminar con ella; eso no quiere decir que sea lo mejor. Yo, que siempre consideré la Bioética como algo teórico y aburrido o ineficaz, cambié de opinión tras escuchar al viejo profesor.

Ante una situación vital nefasta, con un sufrimiento terrible e inaguantable, vamos a intentar combatirlo: tratemos los síntomas físicos y psíquicos, procuremos el apoyo emocional necesario, busquemos la atención sociosanitaria, soporte espiritual (de tipo religioso, o no, según cada persona), etc. Todo esto lo buscan las Unidades de Cuidados Paliativos. Y no olvidemos que la Medicina Paliativa es humana, cercana, eficaz, y además, ¡barata! Pero, ¿y si no es suficiente? ¿Qué hacemos con aquella persona, que tras recibir todas las atenciones por nuestra parte, tiene aún un sufrimiento insoportable? ¿Qué hacemos cuando no somos capaces de aliviar el sufrimiento que una persona en concreto tiene? ¿Y si, como decía el profesor Gracia, tras valorar toda la situación en su conjunto, la mejor decisión es el final? ¿Qué hacemos si la mejor opción es la muerte?

No voy a responder a esa pregunta. Probablemente no sé responderla. Me lleva dando vueltas en la cabeza todo este tiempo. Por ello no creo en la despenalización de la eutanasia como respuesta, sino en algo mucho más amplio. Hagamos una Ley que regule la atención al final de la vida. Hay muchas cosas que debería incluir: acceso a Cuidados Paliativos, información a enfermo y familiares, voluntades anticipadas y planificación anticipada de la asistencia sanitaria, adecuadción del esfuerzo terapéutico, deprescripción de fármacos o medidas diagnóstico-terapéuticas innecesarios, formación en Atención al final de la vida en facultades de Medicina, Enfermería y muchas otras, etc. Y en ese contexto, valorar el „derecho a decidir sobre el final de la propia vida« tiene todo el sentido del mundo. Por eso yo no creo en la despenalización de la eutanasia de por sí; más bien creo en una „Ley para la regulación de la Correcta Asistencia a las Personas al final de la Vida«, algo mucho más amplio. Y sueño con ello.