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La provincia que dibujó Policarpo Mingote

Hace 125 años que la Real Sociedad Económica de Amigos del País publicó «Guía del viajero en León y su provincia», de Policarpo Mingote, un dibujo minucioso de la sociedad de la época que aún es codiciado por los coleccionistas

 

La provincia que dibujó Policarpo Mingote -

MARÍA JESÚS MUÑIZ | textosMARÍA JESÚS MUÑIZ | textos 07/11/2004

|||| «Acreedores son a la gratitud del país cuantos trabajan en esclarecer su pasado, y en determinar sus necesidades y aspiraciones del presente, a fin de mostrarle su más acertado derrotero para el porvenir». Con esta declaración de intenciones planteaba Policarpo Mingote y Tarazona el que habría de convertirse en libro de referencia de numerosas investigaciones y artículos sobre León y su provincia. Hace ahora 125 años, de la mano de una iniciativa de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, vio la luz por primera vez la Guía del viajero en León y su provincia , un compendio de cuanto era y daba de sí la zona en aquella época, en 1879. Desde la geografía al carácter de los leoneses, de la historia al arte, de la economía a la educación, el que se presentaba como «catedrático numerario por oposición» realizó un completo viaje por el territorio y sus gentes, y dejó una huella que todavía hoy se valora. A buen seguro, poco pensaban entonces quienes promovieron la iniciativa, y aquel que le dio forma, que más de un siglo después esas mismas páginas seguirían editándose periódicamente, actualmente en forma de facsímil; y que sus reflexiones se citarían en libros y estudios muchas décadas después. Pero así es. La Guía del viajero en León y su provincia es hoy un ejemplar imprescindible en la biblioteca de todos aquellos coleccionistas y aficionados a los temas leoneses. Con la distancia que el paso del tiempo impone, a través de estas páginas discurre una sociedad y toda una forma de vida que, más allá de la consulta, resulta una delicia como lectura. La iniciativa de publicar una pequeña guía de León partió de Juan Puyol Marín, con la idea de poner a disposición de viajeros y estudiosos una recopilación de noticias de historia, arte, economía y geografía de la provincia, dedicando una atención especial a la ciudad. La Junta de Oficios de la Económica convocó un concurso para elegir la mejor de las opciones en 1878. Según explica Rosa María González Martínez en un libro, en el que recoge con profusión todo cuanto tuvo que ver con la histórica institución, «en esencia se buscaba un estudio que respondiera a los fines que se había marcado y que publicado en octava, no sobrepasase las doscientas cincuenta o trescientas páginas». El premio que se ofrecía para el trabajo escogido era una pluma de oro y el título de socio correspondiente de la Academia de Historia, «o en su defecto el de mérito de la sociedad». Una primera edición constaría de mil ejemplares. El jurado designado para elegir el trabajo que recogería estas inquietudes de la sociedad fue cuidadosamente seleccionado entre los académicos de Historia. Lo formaron Patricio Azcárate, miembro también de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, ex diputado a Cortes por la capital; Juan López Castrillón, catedrático de historia y retórica del Seminario; e Hipólito Casas, doctor en Filosofía y Letras, catedrático del Instituto Provincial y miembro de la Academia Cervantina española. Todos ellos destacados Amigos del País. Como anécdota, cabe recordar que la Academia de Historia se negó a secundar el requerimiento de nombrar académico al galardonado. Lo cierto fue que sólo una obra se presentó al concurso. «El tribunal la juzgó muy adecuada a los fines que perseguía la Económica y acordó concederle el premio», en su junta general del 26 de enero de 1879. El autor, que hasta entonces se había mantenido en el anonimato tal y como exigían las bases del concurso, resultó ser Policarpo Mingote, uno de los socios. A la entrega del premio, que se celebró en la Diputación, acudió el «todo León» de la época: el gobernador civil, Antonio Sandoval; el gobernador militar, brigadier Tomás de Chley; el cabildo de la Cateral, el de la Colegiata de San Isidoro, director del instituto provincial, de la Escuela Normal, secretario de la Junta de Agricultura, Industria y Comercio, de la Junta de Sanidad, de la Junta de Instrucción Pública, cuerpos facultativos, jefes de dependencia del Estado, junta directiva de la sociedad, «señores socios y numerosos facultativos». Una comisión se encargó de buscar un impresor «que ofreciese las condiciones más ventajosas», de reunir los fondos necesarios y de «mejorar la obra en lo posible sin modificar el texto». Al anuncio de la subasta para la publicación de la Guía del viajero acudieron tres empresas: Ángel Redondo, Imprenta Miñón y Ricardo Garzo. Se eligió a la segunda de ellas con la condición de «imprimir la obra a 220 reales el pliego en papel de primera clase, y a 180 en calidad inferior». El texto incluyó seis láminas de arte, tres planos (uno de la ciudad antigua y dos de la medieval) y un mapa de la provincia con indicaciones geológicas, confeccionado y donado por Puyol Marín. Estos anexos fueron impresos en Madrid, en la imprenta de Nicolás González. Los fondos para la publicación se consiguieron por tres cauces: el mismo día de su elección se ingresaron en una cuenta 600 reales de la pluma concedida a Mingote, que donó para este fin; mientras que la Diputación donó mil pesetas y la institución sacó de sus propios fondos el resto hasta los 6.068 reales que costó el proceso. Un éxito Aquella primera edición fue un éxito, la junta distribuyó ejemplares gratuitos para cumplir sus compromisos, iniciando una campaña de propaganda para dar a conocer la provincia. Recibieron ejemplares las autoridades civiles, militares y religiosas; los miembros de la Diputación y las Cortes, el Marqués de San Isidro, el ministro de Fomento y jotras personas y centros de enseñanza, además de la Biblioteca Nacional. «Cuarenta y tres sociedades económicas y veinte periódicos de toda España la recibieron también». Según explica la autora del libro sobre Amigos del País, «la primera edición fue un éxito, don Policarpo Mingote iniciaba los trámites para una segunda a mediados de 1880». A buen seguro, poco podían imaginar entonces tanto el autor como la institución que 125 años después seguirían poniéndose a la venta ejemplares de aquel trabajo histórico.