+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario Diario de León:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 

La resistencia antifranquista en la provincia de León

En el Bierzo, la Cabrera, Maragatos, Laciana, la Montaña central y oriental... un puñado de hombres se echaron al monte en busca del sueño de la libertad

 

ARCHIVO - HOMBRES DEL PSOE DE ENTONCES QUE LUCHARON EN LA GUERRILLA DE LA MONTAÑA

La resistencia antifranquista en la provincia de León -

SECUNDINO SERRANO | textoSECUNDINO SERRANO | texto 29/01/2006

Durante años, la guerrilla antifranquista se convirtió en uno de los episodios menos transitados por la historiografía contemporánea; en realidad era una historia clandestina. La causa se debió tanto a la férrea censura impuesta por el régimen franquista, que siempre estigmatizó a los maquis de bandoleros, como a los partidos que impulsaron esa lucha, poco interesados en recordar ese capítulo de su historia. Pero el pacto de silencio se está quebrando en los últimos tiempos, y los avatares de los hombres y mujeres del monte, que impugnaron con las armas el franquismo, están llegando a un público cada vez más amplio. El golpe de Estado de julio de 1936, que permitió a los militares rebeldes controlar dos tercios de la provincia, y la represión, se constituyeron como el origen de la guerrilla leonesa. La política de venganza efectuada por los franquistas -paseos y ejecuciones, cárceles y campos de concentración, depuraciones y multas¿- impidió que los vencidos pudieran acomodarse en la nueva sociedad. La caída del frente Norte en octubre de 1937 completó la victoria de los sublevados en León, y provocó que los milicianos más comprometidos que no huyeron al extranjero decidieran refugiarse en las sierras a la espera de acontecimientos. A los integrantes del Ejército Republicano del Norte emboscados se les fueron agregando desertores del Ejército franquista y quienes permanecían ocultos desde el inicio de la guerra. A la altura de 1939 se reconocían dos tipologías entre los derrotados: los huidos (refugiados en los montes, en pequeños grupos y con escaramuzas periódicas con las fuerzas de represión) y los topos (que se escondían individualmente y en lugares seguros, generalmente en sus propios hogares o en las cercanías). Entre estos últimos destacó Gregorio García Díez Gorete, quien permaneció oculto durante diez años en los montes de Lillo. Entre los leoneses que se reagruparon en los montes no existía en principio proyecto armado alguno. Pero la llegada de un contingente de asturianos y el posterior fracaso en el intento de huida vía Portugal, hizo posible que grupúsculos desperdigados cristalizaran en una verdadera guerrilla. El Bierzo y la Cabrera -con prolongaciones en Maragatería y Laciana- fueron las comarcas donde cuajó la lucha armada, que tenía su santuario en los montes de Casayo. La resistencia del oeste leonés formaba parte de un territorio insurgente que se extendía por el levante orensano, el sureste de Lugo, la parte meridional de Asturias y la comarca de Sanabria, en Zamora. Manuel Álvarez Bailarín, David Fuentes Velasco y César Terrón Abad fueron los hombres más destacados en los difíciles comienzos. Pero muy pronto el eco de la violencia en las sierras estuvo dominado por otros nombres: Marcelino Fernández Villanueva, Gafas ; Manuel Girón Bazán o Marcelino de la Parra Casas. También menudearon los huidos en el nordeste, en la Montaña leonesa. Con el tiempo se consolidaron tres partidas, tuteladas por Ramiro de Cabo Arenas, Ramirón (que se movía entre el Porma y el Esla, y tenía como base Vozmediano), los hermanos Casimiro y Amable Arias (entre el Porma y el Torío, y centro en La Mata de la Bérbula) y Fermín San Pedro Casado (entre el Bernesga y el Torío, y apoyos en Orzonaga). Pero estos republicanos no consiguieron superar la fase de huidos, pese a que en 1944, y enviado por el partido comunista, llegó a la zona el más popular maquis leonés, Manuel Ramos Rueda, Pelotas , para aglutinar, primero, y dinamizar, después, las diferentes partidas. No tuvo éxito. Los grupos del nordeste ejecutaron, no obstante, una de las acciones más renombradas de la resistencia: el secuestro y posterior asesinato de Emilio Zapico Arriola, ingeniero agrónomo de la Diputación y miembro de una familia acomodada. El episodio del pago del rescate se saldó con la muerte de un huido y del secuestrado. Todos aquellos resistentes del nordeste que escaparon a las balas de la Guardia Civil y al garrote huyeron a Francia entre 1947 y 1948. Fases de la guerrilla leonesa Aunque resulta una tarea comprometida acotarlos con precisión, se distinguen tres períodos en el acontecer de la guerrilla antifranquista en León, concretamente en las comarcas berciana y cabreiresa: A) Primera fase (1936-1942). Está marcada por la existencia de diversos grupos de huidos -llamados también los del monte, escapados, emboscados¿-, sin apenas relación entre sí y que por lo general actuaban en las comarcas de las que eran nativos. Solían concentrarse en la sierra del Eje, en los límites entre León y Orense, y fue un tiempo definido por continuos reagrupamientos y un discurso dominado por la violencia en ambos bandos. Destacaron la ejecución de ocho vecinos de Lago de Carucedo el 14 de abril de 1939 y el asesinato de 14 curas del Obispado de Astorga, siete en la provincia de León. En 1941 era abatido uno de los huidos leoneses más conocidos de la época, David Fuentes Velasco, y un año antes lo había sido César Terrón, que encabezaba una partida por los alrededores de Vega de Espinareda. Otro hombre los sustituyó como leyenda en el imaginario de los habitantes bercianos: Serafín Fernández Ramón, Santeiro , que se desplazaba por el valle de Fornela y se convirtió en paradigma de lo maléfico para las autoridades franquistas. Santeiro , más próximo al expropiador social que al guerrillero, se suicidó en diciembre de 1947 en Penedelo, después de quedar malherido tras un combate en el pueblo de Fontoria. B) Segunda fase (1942-1947). El inicial embrión organizativo de asturianos, gallegos y leoneses se concretó en una Dirección Ambulante que se dedicó a encuadrar a los hombres dispersos por montes y aldeas. Por cálculo o celos, la presencia de los nuevos huidos en la sierra del Eje produjo la primera defección importante: Bailarín se presentó a las autoridades franquistas para denunciar a sus compañeros; la muerte fue su recompensa. El 24 de abril de 1942 tuvo lugar en los montes de Ferradillo, cerca de Ponferrada, la creación de la Federación de Guerrillas de León-Galicia, primera organización de la resistencia antifranquista en la España de posguerra. Participaron 24 hombres, y fue elegido como responsable máximo el asturiano Fernández Villanueva, el líder más capaz y carismático. La Federación se configuró como el factor aglutinante de la mayor parte de los huidos, fundamentalmente del Bierzo y la Cabrera, mientras que los grupos del nordeste (mayoritariamente anarquistas) no lograron asentarse como un movimiento insurgente. Los federacionistas contaban con estatutos, Milicias Pasivas o del Llano -así llamaban a los enlaces que les pasaban información, y entre los que intervino un importante número de mujeres-, un periódico - El Guerrillero - y unos objetivos claramente políticos. A partir de 1944, la Federación se estructuró en Agrupaciones Provinciales, la primera de las cuales correspondía a León, y que fue encabezada por el asturiano César Ríos. El caso del espía inglés Un personaje peculiar entrará a forma parte en 1942 del devenir de los antifranquistas, Alexander Easton, cónsul y espía inglés que vivía en Cacabelos, y que participaba de una red de evasión aliada que no fue operativa. A través de Easton llegó al Bierzo un año después José María Urquiola, cualificado miembro del PCE que con el tiempo ocasionará graves problemas a la Federación. La presencia de Urquiola y las apetencias hegemónicas del PCE desataron una lucha por el control de la organización entre los socialistas, auxiliados por los libertarios y los comunistas. Especialmente cuando el PCE se implicó, a partir de 1945, en el impulso y dominio de toda la resistencia armada española. En 1946 los comunistas se escindieron de la Federación y alumbraron la Agrupación de Guerrillas de Galicia-León. La ruptura fue inevitable, y estuvo encabezada por Guillermo Morán y Evaristo González Pérez, Rocesvinto . Lo paradójico fue que se produjo poco después de celebrarse en los montes de Casayo un Congreso de Reunificación. C)Tercera fase (1947-1951). La constatación de que la esperada intervención de las potencias europeas en España no tendría lugar, una vez concluida la guerra mundial, aceleró el desmoronamiento de la Federación de Guerrillas, y a partir de ese momento la única meta consistía en escapar al extranjero para ponerse a salvo. Algunos, como Fernández Villanueva y Ríos, lo hicieron por el puerto de Luanco en 1947, mediante una operación preparada desde Francia por Indalecio Prieto; otros, por la frontera francesa. Quedaron desperdigados por el Bierzo y la Cabrera pequeños grupos autónomos -aunque obedeciendo consignas comunistas- que practicaban una lucha sin otro horizonte que la supervivencia. Con la desorganización resurgieron la violencia, el desviacionismo armado -asesinatos al margen de todo vínculo político-, y también se multiplicaron las caídas de guerrilleros y enlaces. La aplicación metódica de la ley de fugas a partir de 1947, la especialización de la fuerza pública y la generalización de las contrapartidas (guardias civiles disfrazados de maquis) resultaron letales para quienes no pudieron o quisieron huir, y que fueron eliminados sistemáticamente. Casos emblemáticos fueron las muertes, a finales de la década, de guerrilleros veteranos como Enrique Oviedo, Chapa ; Hilario Álvarez o Abelardo Macías, Liebre . También las de Elpidia Moral y Asunción Macías, dos de las numerosas mujeres que colaboraron con la resistencia. Una presencia, la de las mujeres, no siempre suficientemente reseñada. El ciclo del maquis se clausuró el 2 de mayo de 1951 con el asesinato a manos de un infiltrado de Manuel Girón Bazán, un guerrillero de leyenda. La resistencia armada leonesa desarrolló unas características propias y que suponen una ruptura con respecto a los tópicos más al uso en la bibliografía del tema. Una organización plural Y uno de esos lugares comunes se refiere a la hegemonía de los comunistas sobre todas las organizaciones armadas -excepción hecha de Cataluña-, realidad que no se reprodujo en el oeste leonés y el oriente gallego. La Federación de Guerrillas de León-Galicia jamás estuvo bajo control comunista, pues estaba constituida como una organización plural, tanto por lo que se refiere a militantes como en lo relativo a los cuadros y, por la otra, no dependía de las directrices de partido alguno. De hecho, los comunistas que se integraron en la Federación e intentaron exportar el modelo al resto de España se escindieron en 1946 y compitieron con los federacionistas por el mismo espacio. Otra peculiaridad de la resistencia leonesa fue que operó con reflejos feudalizantes, convencidos sus dirigentes de la imposibilidad de alimentar una guerrilla nacional capaz de derribar el régimen franquista, por la falta de medios y también de apoyo popular. Los estrategas comunistas habían dado por sentada la solidaridad efectiva del pueblo, pero ese pueblo, después de una guerra despiadada, prefirió comer a luchar por su libertad. Evidentemente, esa pasividad vino dada por la represión sistemática que se estaba llevando a cabo. Aunque sea un planteamiento esquemático, la represión se erigió como el principio y el fin de la guerrilla. Para los federacionistas, la única posibilidad de acabar con la dictadura pasaba porque las potencias vencedoras de la guerra intervinieran en España, convirtiéndose los guerrilleros en tropas auxiliares de la liberación. Los leoneses se echaron al monte para evitar una muerte segura y depositaron sus sueños de redención en los países que luchaban en Europa por la libertad y la democracia. Y pelearon con denuedo teniendo en cuenta sus precarios medios. El arqueo final de bajas refleja la dureza del combate: 60 guerrilleros, 23 enlaces, 17 miembros de la fuerza pública y 55 personas catalogadas como «población civil». Algunos maquis despertaron de esa lucha desigual en el exilio, otros no tuvieron tanta suerte y perdieron la vida en el intento. Los guerrilleros esperaban ser, cuando cayera el fascismo, los representantes de un pueblo libre, pero ese pueblo maltratado y oprimido sólo pensaba en vivir a cualquier precio. Incluido el precio de la libertad. A cambio de esa sumisión, en las zonas rurales se crearon mitos y leyendas relacionados con los maquis. Y es que, a falta de libertad, las gentes del mundo rural leonés -como las del resto del país- optaron por crear mitos de libertad. O de esperanza. De sueños, en definitiva.

   
Escribe tu comentario

Para escribir un comentario necesitas estar registrado.
Accede con tu cuenta o regístrate.

Recordarme

Si no tienes cuenta de Usuario registrado como Usuario de Diario de León

Si no recuerdas o has perdido tu contraseña pulsa aquí para solicitarla