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La ruta de Rajoy por León

La ruta de Rajoy por León discurrirá por la ficción de un grial y la fartura de manjares de reyes, pero no verá Cabrera calcinada ni las minas cerradas ni cruzará su mirada con la juventud que emigra

 

La ruta de Rajoy por León -

Ana Gaitero
21/01/2018

Hace unos años estrenaron en Valladolid una ruta dedicada a la novela El hereje, de Miguel Delibes. Desde la Corredera de San Pablo hasta el paseo de Zorrilla, se vuelve sobre los pasos de Cipriano Salcedo por la ciudad en la época de Carlos V.

León, uno de los territorios literarios más prósperos, no ha ideado aún un circuito, ni en la capital ni en la provincia que recree alguna de las magnas novelas o libros de viajes de las fértiles letras leonesas, con la humilde excepción de Cabrillanes, que algo hizo, sin encomedarse a nadie, con la obra de Guzmán Álvarez Estampas de Babia. Pocas palabras quedan ya en los paneles que colocaron aquí y allá sin más explicaciones.

En el pozo del olvido, a donde van a parar infinidad de proyectos para salvar León, quedó la ruta de Donde las Hurdes se llaman Cabrera, la obra de Ramón Carnicer, a caballo entre la literatura y el periodismo, que azotó las conciencias de las jerarquías eclesiásticas leonesas y el poder civil cuando se publicó en 1965.

El verano pasado se cumplieron 55 años de aquel viaje a pie en el que Carnicer surcó la comarca siguiendo el curso del río Cabrera desde la desembocadura en el Sil hasta sus fuentes. Se perdió la oportunidad de poner en marcha esta ruta prometida durante el centenario del escritor villafranquino.

Cabrera veía el infierno en la Gloria —así se llama un valle en Forna— aquellos días de agosto en que el eco de los pasos carnicerianos fue apagado por la tragedia. Tampoco antes del fuego, ni ayuntamientos ni Diputación se ocuparon de rescatar el proyecto.

La ruta de Rajoy por León, que viene por las Candelas, no pasará por Cabrera ni por el Alto Sil. No se manchará de ceniza los pantalones —aunque quizás alguien quisiera cogerle en volandas para que no se pringara, como hicieron en su día con Martín Villa— ni contemplará su mirada la tristeza que deja una vía desmantelada por el desdén y la indiferencia de la Junta de Castilla y León —que el PP gobierna desde hace ya más de 30 años— en lugar de tratar de salvarla como se debe hacer con el patrimonio indusrial, cultural y turístico. Pobre ferrocarril Ponferrada-Villablino. Maltratado a sus cien años.

No verá las minas cerradas, ni las térmicas apagadas porque a Rajoy le llevarán por ese León de ficción, con un grial de estrella de la película. No palpará la herida de los recortes en Sanidad y en Educación, ni mucho menos en los servicios sociales.

A Rajoy le pasearán por el León fartuco de manjares y tapas que aprueba planes delirantes para construir miles de viviendas al este y al oeste de la ciudad, tal que los turistas venideros después de Fitur fueran a instalarse en la ciudad o esperara a la riada de inmigrantes que intentan saltar las vallas de Europa en Ceuta o Melilla o cruzar las aguas del Mediterráneo.

Rajoy viene a León como si fuera el turista 1.999.999. Le daremos un premio por meter la pata en Londres al ignorar que la Cuna del Parlamentarismo es en la ciudad por la que paseó su infancia y adolescencia y no Londres.

La ruta de Rajoy por León discurre por las nubes, desde la estación hasta el centro. Ni se dará cuenta de que en el año en que León sube al olimpo gastronómico su alcalde, el señor Silván, cierra Ordoño II por obras y Paradores el hostal por reformas. No se cruzará Rajoy con la juventud que emigra en AVE o en Alsa. Otra extravagancia cazurra.

Nadie le escribirá cartas con los sobres de la corrupción y franqueadas con el sello de la impunidad de un partido que da lecciones de legalidad en Cataluña. Se apeará del AVE, pero no del burro del 155, con el que amenaza de nuevo, como si a fuerza de gastar en fuerza pudiera burlar a las urnas. ¡Qué más da!, si cuanto peor (allí), mejor (aquí).

   
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