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REPORTAJE

«Santidad: ¡mentira!»

Javier, la víctima leonesa del cura pederasta José Manuel Ramos Gordón, pide al Papa, en una carta que hoy publica en exclusiva Diario de León, que actúe contra la impunidad de los sacerdotes que violan niños. «No voy a parar hasta que se haga justicia», advierte

 

El sacerdote José Manuel Ramos Gordón - LA OPINIÓN DE ZAMORA

CRISTINA FANJUL/DIARIO DE LEÓN
09/09/2018

Sus cinco sacerdotes y su obispo encubrieron, permitieron, avalaron, ampararon que su sacerdote Ramos Gordón abusara de mi hermano y de mí repetidamente. Se iban a dormir siendo conocedores de los salvajes, atroces y crueles actos». Este es un fragmento de la carta http://www.diariodeleon.es/noticias/revista/carta-papa_1275482.html que Javier, la primera víctima de pederastia española reconocida por la Iglesia, ha enviado al Papa y a 54 obispos españoles. Esta misiva, que Diario de León publica hoy en exclusiva, no ha recibido contestación por parte de la Santa Sede. «Ni siquiera sé si el Papa la ha leído», lamenta la víctima. El caso de Javier saltó a la opinión pública el verano pasado. Durante su infancia, su hermano, él y al menos dos alumnos más fueron agredidos sexualmente de manera repetida y brutal por José Manuel Ramos Gordón en el seminario de La Bañeza. El Código Penal español ha decidido que los casos de violación y abusos sexuales en la infancia prescriban entre los diez y los 15 años. Sin embargo, la propia Iglesia, a través de la Congregación para la Doctrina de la Fe, llevó a cabo un proceso administrativo penal después de tener conocimiento de los hechos en 2014 que acabó con su ‘condena’.

Han pasado treinta años, pero Javier sigue viviendo de noche. Cada día, recuerda los momentos previos: cómo se apagaba la luz y se encendía el piloto rojo, el momento en el que Ramos Gordón se arrodillaba junto a su cama y comenzaba su terrible ceremonia de abusos. Ese cura, que hoy vive su retiro en plenitud, se acercaba a los niños para saciar su voracidad sexual y abusaba de ellos hasta llegar al culmen de su indigencia moral.

Javier, que no se cree las reiteradas demandas de perdón de Francisco, le pide al Papa que reaccione ante una Iglesia que, dice, «sigue ignorando el dolor y el grito desgarrador de justicia». Y es que las víctimas no pueden olvidar que la jerarquía eclesial sólo ha reaccionado cuando no ha tenido más remedio. De hecho, el castigo impuesto al pederasta Ramos Gordón se zanjó con la privación del oficio de párroco durante un año, y durante todos los años anteriores, permitió que se convirtiera en un cura homenajeado y respetado. Para ello, se le otorgó el cargo de delegado del Patrimonio de la Diócesis de Astorga. Y eso, a pesar de que el pederasta José Manuel Ramos Gordón, hoy un jubilado en una residencia sacerdotal de Astorga, lleva una vida de abusos a sus espaldas. De hecho, del centro Juan XXIII de Puebla de Sanabria tuvo que irse por las denuncias de los escolares. Como en el caso de los abusadores de Pensilvania, la Diócesis de Astorga dejó que siguiera su ‘misión pastoral’ con niños.

Javier, que recuerda que ésta es la tercera carta que envía al Papa, destaca que ellos tuvieron la valentía de denunciar cuando todo ocurría. Lo hicieron ante quienes pensaron que les protegerían: los reverendos Gregorio, Javier Redondo, Santiago Cadierno, Prudencio, el vicario y el Obispo, Antonio Briva. Ninguno de ellos cumplió con su deber de auxilio y protección; ninguno de ellos acudió a las autoridades a denunciar. Más bien, fue al contrario. Al dejar el seminario menor, los dos hermanos sufrieron la ira de los curas que no les perdonaban haberse saltado la ley del silencio. El sadismo, las vejaciones y lo castigos físicos sustituyeron los abusos de Ramos Gordón. «El actual obispo, Juan Antonio Menéndez, defiende a Javier Redondo, diciendo que en el momento en el que tuvo conocimiento de lo ocurrido, hizo lo que tenía que hacer, avisando al vicario y al obispo que dirigían la Diócesis y que hoy han muerto. En vez de hacer lo que debían, le permitieron continuar un año más donde sé de primera mano que hubo más víctimas y al año siguiente lo desterraron a Tábara para seguir poniendo más niños en riesgo», dice Javier en su carta.

De hecho, es preciso subrayar que, lejos de castigar los pecados de todos los implicados por acción u omisión en este caso, la Iglesia premió a los participantes. Francisco Javier Redondo es hoy vicario de Pastoral Social y Julián Barrio rector del seminario de Astorga, es arzobispo de Santiago de Compostela.

La víctima ha enviado esta carta a 54 obispos españoles, a todos menos al de Astorga. Sólo dos de ellos han tenido la misericordia de contestarle. Lo hizo el cardenal y arzobispo de Barcelona, Juan José Omella. En la misiva le explica que «el horror que narra» le ha desgarrado el corazón: «No deje de confiar en que toda esta inmundicia se irá limpiando y purificando con ayuda del señor». El prelado catalán le informa de que si el Papa no ha contestado aún las cartas que el antiguo seminarista le ha enviado puede deberse a que la Congregación de la Fe la esté estudiando. Los matices introducidos por Omella en la carta llevaron a Javier a asegurar al obispo que sus palabras han logrado que su «corazón herido y humillado ha sentido esperanza por primera vez».

Carta del cardenal Juan José Omella a Javier. DL

No ocurre los mismo con la carta que recibió del cardenal Ricardo Blázquez, que simplemente acusa recibo y le informa de que siguió el programa de Évole en el que F. J fue entrevistado.

Javier, que asegura estar en contacto con más víctimas, no se cree las palabras de perdón que el Papa pronunció en Dublín. «Que dejen de pedir perdón y actúen. Permiten que siga pasando y sólo se defienden entre ellos. Las víctimas no les importan». En la carta enviada al Papa, Javier le recuerda que la manera de castigar al encubridor de los abusos que tuvo el obispo de Astorga fue otorgarle un ascenso: «Le premia haciéndole vicario. Su obispo, mirándome a la cara, me dijo que personalmente haría cumplir el ridículo e insultante castigo impuesto a Ramos Gordón (Un año apartado), tiempo en el que le permitió oficiar misas y recibir homenajes. Le protege, le ampara y defiende. Los hombres tenemos debilidades humanas», dijo...

Imagen de la misiva del cardenal Ricardo Blázquez a Javier. DL

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