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«Se buscan espías»

El servicio secreto recluta a sus agentes entre jóvenes universitarios. Su vida privada es investigada continuamente, sus sueldos apenas superan los de cualquier militar o funcionario y, pese a los desmentidos oficiales, trabajan en la ilegalid

GONZALO BAREÑO | textoGONZALO BAREÑO | texto
07/12/2003

 
Se buscan analistas de información». Contestar a uno de estos mensajes que abundan en las paredes de las universidades españolas es el primer paso para, sin saberlo, acabar siendo un espía del CNI. De los cerca de 2.000 agentes que tiene actualmente el servicio secreto español, los civiles constituyen el 40%. El resto procede de la Policía y la Guardia Civil (20%) y de las Fuerzas Armadas (40%). A este último grupo pertenecían los siete agentes muertos en Irak. Fueron reclutados por el método habitual en estos casos: la recomendación de sus superiores al CNI atendiendo a sus dotes excepcionales. A los espías civiles se les exigen otras aptitudes. Fernando Rueda, una de las personas que más sabe de los servicios secretos españoles, autor entre otros libros de La Casa (Temas de Hoy) y Operaciones Secretas (La esfera de los libros) explica que al CNI le interesan sobre todo licenciados en Geografía e Historia, en Políticas, Derecho o Económicas. Se valora mucho el conocimiento de idiomas y cuanto más exóticos mejor. «La mayoría son descartados sin enterarse siquiera de que se les buscaba para espiar», afirma Rueda. En el libro de Pilar Urbano Yo entré en el CESID -anterior denominación del CNI- (Plaza y Janés) una agente narra que una de las pruebas a las que se le sometió fue entrar en un pub y obtener todos los datos personales y familiares de una persona elegida al azar y concertar además una cita posterior con ella. La agente superó la prueba. Lo que Pilar Urbano no dice es que esa agente, con el alias de Marta Iñiguez, es la hija del general Calderón, ex director del CESID, una buena agente en cualquier caso, como asegura Fernando Rueda en Por qué nos da miedo el CESID (Foca Ediciones). En cuanto son elegidos para el CNI, se investiga a sus familiares, amigos, cuentas bancarias, aficiones y novias. «Ser homosexual o bebedor no significa la exclusión inmediata. Lo importante es no ocultarlo para que no se convierta en una vulnerabilidad», explica Rueda. Esos perfiles pueden ser útiles en determinadas ocasiones. Su primer trabajo suele ser infiltrarse en grupos de ultraizquierda o anarquistas, un destino que se considera una «guardería» para un agente. En el CNI hay un 74,25% de hombres y un 25,75% de mujeres. La media de edad de 43,8 años. La vida privada del espía no es agradable. Cada dos o tres años se les hace una inspección completa sin que él se entere en la que se analizan desde sus costumbres sexuales a su patrimonio. Se vulneran sus derechos constitucionales y se viola su correspondencia y comunicaciones. En un informe realizado a Juan Alberto Perote, ex jefe de la Agrupación Operativa de Medios Especiales, se aludía a su «promiscuidad» sexual, lo que se consideraba una «vulnerabilidad». El propio Perote ha confirmado a La Voz la existencia del informe. Un sueldo normal ¿Cuanto cobra un espía? Poco. Por término medio, un agente del CNI cobra un 40% más del sueldo que le correspondería por su graduación en el caso de militares y policías. En el caso de civiles, su sueldo es equiparable al de cualquier funcionario, dependiendo de las categorías. De modo que no se espía por dinero. Perote considera que sólo el «patriotismo» y la «vocación» justifican que alguien esté dispuesto a vivir tres años en Irak, en duras condiciones y lejos de su familia, como en el caso del comandante Alberto Martínez, uno de los asesinados en ese país. Cuando un espía es sorprendido realizando una acción ilegal, cosa que según todos los expertos sigue ocurriendo de forma permanente porque de otra forma no podrían hacer su trabajo, el CNI hará todo lo posible por ayudarle, pero nunca reconocerá haber encargado esa misión. Su lema no oficial: «Si es difícil, está hecho; si es imposible, se hará», deja pocas dudas sobre su falta de escrúpulos. En el CNI hay un departamento de falsificación. Todos los agentes tienen identidades falsas. Algunos, varias. Lo más extremo es realizar un «recambio», apropiarse de la identidad de un fallecido reciente borrando antes cualquier registro oficial de su muerte. Se ha hecho en multitud de ocasiones. En la sede central del CNI en Madrid los espías se conocen pero no saben sus verdaderos nombres. Utilizan alias y apodos. La entrada se realiza con tarjetas que dan acceso a sólo determinadas partes del complejo dependiendo del nivel del agente y de la misión que desarrolla en ese momento. Lo mismo ocurre con la documentación. La mayoría de los espías del CNI trabajan en la sede central (70%). Un 20% lo hace en el resto de España y un 10% en el extranjero. Los datos dejan claro que la principal tarea del CNI es espiar a españoles. Casos como el de Irak, donde trabajaban al menos nueve personas, son excepcionales. Sin licencia para matar Ningún espía español, ni siquiera en un escenario de guerra, tiene «licencia para matar» si no es en defensa propia. No existe esa disposición, al contrario de lo que ocurre en EE. UU., donde Bush acaba de dar a la CIA autorización para matar. La Agrupación Operativa es la elite del Centro Nacional de Inteligencia. Están preparados en todo tipo de técnicas de lucha y supervivencia. Los fallecidos en Irak no pertenecían a la Agrupación Operativa. Eran lo que se conoce como «oficiales de campo», más dedicados a la recogida y análisis de información que a la acción pura y dura. Pero eso, al contrario de lo que se ha publicado, «es lo normal en esa situación», según explica Perote. «No eran la elite pero eran los que correspondían a ese trabajo», afirma. Los agentes españoles, asegura, trabajaban en estrecha colaboración con la CIA que «no lo tiene más fácil que nosotros para espiar en Irak». Y el ex jefe de la Agrupación Operativa tampoco cree que la muerte de siete espías merme la imagen pública que proyectan los servicios secretos: «Otros países europeos importantes ni siquiera han sido capaces de establecerse en Irak mientras España lleva a años allí».

 

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