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El secreto del monje

Cerezal de Tremor es un lugar clave en la historia de la peregrinación a Santiago de Compostela a través de la provincia de León; punto de encuentro esencial entre La Cepeda y el Bierzo.

 

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En la imagen, bajada desde Brañuelas hacia Cerezal. Al fondo, el viaducto de la autopista a La Coruña -

José Mª García Álvarez
10/06/2018

Sería difícil investigar el primer Camino de Santiago, en el tramo de transición entre León y el Bierzo, sin recurrir a los orígenes del Monasterio de Cerezal. Hemos tenido la suerte de que el doce de octubre del año de 1771 Fray José Alonso, un monje del monasterio de Cerezal, recopilando la documentación archivada en el convento, dejó fiel constancia de su historia. Y la inició confesando que las bulas, los reales privilegios, las donaciones y otras escrituras que muestran su antigüedad, aunque no dan fecha concreta del origen de este convento que tuvo que ser muy antiguo.

Dice textualmente el religioso: «Pudo ser convento muchos siglos antes de que gozase de este título por Bulas Apostólica; su razón es que, como aseguran todas las historias, las sierras que circundan el Bierzo fueron pobladas de religiosos ermitaños de santa vida que dando la espalda al mundo se retiraban a estas asperezas para mejor servir a Dios; los más veteranos animaban a los bisoños con santas palabras y buenas obras para que no desanimasen en el camino de la virtud y en esta conformidad continuaron durante siglos, unos más y otros menos, pero presumo que los más constantes fueron los que habitaron esta profundidad».

Y continúa diciendo: «a principio del siglo decimotercero comenzó nuestro padre San Francisco a fecundar la iglesia con su nuevo orden, el cual viniendo a España es muy verosímil que transitase por aquí, pues en aquellos tiempos y muchos siglos después fue por Cerezal el camino de los peregrinos a Santiago que aún por eso se exigió el hospicio para qué no faltase albergue y sustento a los peregrinos en este hospital, en el cual dichos hermanos se ejercitarían cuidando voluntariamente a los pobres peregrinos porque la unión del hospital al convento fue hecha en el año de 1432, según consta en la Bula de Eugenio IV, aunque la donación había sido ya concertada en el año 1425 por unos ciudadanos de la Cepeda, a cuyo cargo estaba la administración del Hospital». Lo que demuestra que el convento y el hospital ya existían en aquella fecha.

Fray José también dice que tanto la donación como la concesión de la Bula se debieron al buen hacer de Fray Juan de Oviedo, del que aunque no le consta su nombre de pila, sabe que a primeros del siglo XV, siendo mayordomo del rey Juan II y habiendo prestado servicios a los reyes de Castilla por los que tenía una remuneración anual en Medina del Campo de 7.000 maravedíes, pasó por aquí como peregrino y se instaló entre los frailes hasta que tomo el hábito unos años más tarde. Todo lo cual está documentado en el acta de la visita que hizo a este monasterio el padre fray Antonio Tablada en el año de 1518.

Asimismo, en 1425 Juan de Oviedo concertó con los cofrades de La Cofradía de Santa Magdalena, que eran de Cepeda, la cesión de la cercana ermita de la santa, ubicada junto al puente de Tremor, con todas sus pertenencias. Lo que nos confirma que dicha cofradía y la ermita también existían en ese año y estaban administradas por vecinos de los pueblos de La Cepeda.

Además, Juan de Oviedo consiguió en 1441 una bula papal de indulgencia plenaria completa a favor de los que contribuyeran a la reedificación del convento y otra a los que lo hicieran de la iglesia de Tremor de Abajo.

Por otra parte, el dos de febrero de 1439 el rey Juan II, en un documento de concesión de un privilegio, manifiesta «Que el monasterio está en unas montañas ásperas en lugar yermo y muy frio y cerca del Camino Francés por el que pasan cada día muchos romeros camino de Santiago a los que acogen los frailes en dicho monasterio y dan de comer de lo que tienen, por lo que les concede la exención de: «Que el ministro y frailes del monasterio tengan de mi merced para siempre jamás 10 escusados francos de quitas de moneda y de otros pechos y tributos, cuales el ministro y frailes quisieren y nombraren de los que vieren en el lugar de Tremor de Abajo».

El documento fue reconocido por La Chancillería de Valladolid en el año de 1440 y también por otras autoridades civiles y eclesiásticas.

aLGUNOS Datos clave

Estos documentos y otros permiten hacer tres afirmaciones. La primera: el primitivo Camino Francés de Santiago en su discurrir desde la meseta a la depresión del Bierzo pasó por Cerezal. La segunda: el hospital, la ermita y la cofradía de Santa Mª Magdalena estaban muy vinculados a la Cepeda, territorio por el que discurría dicho camino y la tercera: Cofradía, hospital y ermita, probablemente tenían una antigüedad anterior al siglo XIII.

La importancia estratégica de esta ruta se conoce históricamente porque fue por ella por la que en el año 853 el Conde Gatón hizo la entrada desde el Bierzo hacia la meseta para iniciar la repoblación del territorio cepedano y de la ciudad de Astorga.

Aunque hoy, cuando ni tan siquiera en La Cepeda se utiliza el camino a Cerezal, es indudable que durante los siglos anteriores al XIX el tránsito entre las comarcas de la actual Cepeda y el área de Cerezal era muy fluido. A este respecto, ya hemos indicado que hasta mediados del siglo XV, tanto el hospital como la ermita y cofradía de Santa Mª Magdalena estaban regidas y dependían de las familias cepedanas. Del mismo modo, el 20 de septiembre de 1395, un matrimonio de Zacos realizó una donación de todos sus bienes, derechos y pertenencias a favor de la cofradía de Santa Mª Magdalena de Cerezal, de la que era abad Alfonso Nicolás, un vecino de Castrillos de Cepeda.

Si las cofradías de cada uno de los pueblo de La Cepeda, que se nutrían de sus pocos habitantes y de unas aportaciones míseras, terminaban acumulando el patrimonio que permitió construir o reparar sus correspondientes iglesias, se puede afirmar que esta cofradía de Santa Mª Magdalena de Cerezal, soportada por muchos pueblos y en la que también participaban las mujeres, tuvo que ser riquísima.

Posteriormente, en el siglo XVI, la jurisdicción del área cercana al convento en la que estaban las villas de Bembibre y Albares recayó en un señorío perteneciente al conde de Alba de Liste. El cual no sólo reconoció los privilegios reales sino que, paulatinamente, los fue acrecentando hasta elevar el número de excusados a favor del convento en veinte hombres más.

Sin embargo, a pesar de que el convento se había adueñado del hospital, la ermita y la cofradía, la relación entre La Cepeda, el convento y los pueblos aledaños continúo hasta épocas recientes, al menos en los aspectos siguientes:

Entre los años de 1580 y 1800, el señor de Valdemagaz presentaba al obispo para su elección los nuevos curas de ciertas parroquias. Mantenía el privilegio de hacerlo con los curas de su señorío, pero también con los de los lugares de Almagarinos, Quintana Fuseros, Matachana, Folgoso e Igueña, todos cercanos al monasterio. Y, obviamente, también el de recibir una parte de los décimos de los curatos.

En el periodo de tiempo de los años 1740 a 1815, varios escribanos de Cepeda también lo eran de la villa de Albares, por lo que tenían que ir y venir con frecuencia a Cerezal y su entorno, lo mismo que hacían el padre ministro y otros monjes del convento para administrar sus posesiones de La Cepeda. Dos estos escribanos, Gregorio y su hijo Norberto Rodríguez Porras residían en Zacos. Precisamente, el primero dio testimonio notarial de la reunión que mantuvieron en la sala capitular del convento el 9 de agosto de 1743 para conceder un poder a un procurador de la Chancillería de Valladolid con objeto de reclamar al Conde de Alba y Liste 22.000 maravedíes que les estaba debiendo. Firman el escrito doce monjes presentes y dejan constancia de algunos más enfermos o ausentes. También consta que el convento era señor temporal de 34 vecinos de Tremor de Abajo y Cerezal. Por posteriores testimonios sabemos que el señor conde pagó la deuda sin dilación.

enterrados con el hábito

Durante los cuatro siglos anteriores al XX, es muy significativo el hecho de que los vecinos de la Cepeda en las mandas de sus testamentos deseaban ser enterrados con el hábito de San Francisco y algunos le anteponían al santo el tratamiento de mío Señor. Asimismo, los citados escribanos y sus familiares dejaban misas y mandas en el Convento de Cerezal. Y, como curiosidad, el propio escribano Gregorio bautizó a una de sus hijas con el nombre de María Magdalena.

Las posesiones de fincas, los censos y las hipotecas que tenía a su favor el convento en casi todos los pueblos de La Cepeda eran muy numerosas. Aunque algunas procederían de las antiguas donaciones de la ermita y cofradía de Santa Magdalena, hay fiel constancia de unas cuantas compras realizadas en los siglos XVI, XVII Y XVIII. Unas y otras aparecen bastante detalladas en la desamortización que el estado hizo de ellas, cuando en pública subasta la mayoría de ellas fueron adquiridas por la familia Sierra Plambey. Es probable que la instalación de la prestigiosa escuela Sierra Plambey en Villameca estuviera muy relacionada también con el patrimonio que tenía esta familia en La Cepeda. Como quiera que sea, es paradójico que esta fundación también esté relacionada con el Convento de Cerezal y que, gracias a ella, La Cepeda recobrara una parte de lo que, siglos antes, había donado a los monjes.

Y en este empeño de recuperar la memoria de esta antigua ruta del Camino, no podemos dejar de referirnos al monje alemán Hermann Kunig. El año de 1495 publicó una guía del camino en la que, tomando como referencia la ciudad de León, textualmente propone acceder a Compostela por un camino que pasa tres leguas al norte de Astorga y que entraría al Bierzo sin pasar montaña alguna, dejándolas todas a la izquierda. Dice el monje alemán:

«En primer lugar, tienes que preguntar por el camino de Sankt Maurin (Santa Marina), y deja Storgess (Astorga) tres «melle» a tu izquierda. Entonces cruzarás un pueblo tras otro, y te encontrarás entre buena gente y podrás avanzar en toda seguridad, y te darán de buen grado vino y pan»

Para seguir los consejos del monje y dejar las montañas a la izquierda, el itinerario pasaría por Benavides y el entorno de Cogorderos para continuar, por los valles del Tuerto o del Porcos, hacia Brañuelas y Cerezal de Tremor.

Está claro que al monje alemán le agradó este camino del que elogia a las gentes y a los pueblos. ¿No sería qué una de las misiones de la cofradía de santa María Magdalena era velar por los peregrinos en esta parte del camino? Y ¿qué todos estos pueblos obedecían las ordenanzas de su común cofradía?

Tampoco le falta razón al alemán cuando deja entender que este camino es el más suave de todos. Los que vienen de León pasando por Benavides y Cogorderos, únicamente, superarán la cota de los 1.000 metros en los últimos 20 Km, antes de comenzar a descender hacia Cerezal. Además, el punto más alto sólo alcanza la cota de 1.130 metros, una ventaja sin parangón con los demás itinerarios actualmente en uso.

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