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Sierra de Quilamas: un santuario ecológico

Se trata de un enclave con bosques bien conservados y la presencia de numerosas especies protegidas como el buitre negro o la cigüeña negra, que es preciso conservar y proteger

 

Y. C. ÁLVAREZ | textoY. C. ÁLVAREZ | texto 19/12/2004

Al sur de la provincia de Salamanca se levanta una barrera montañosa con alturas que no llegan a superar los 1.500 metros y que sirve de nexo de unión entre la llanura charra, cubierta de encinas adehesadas y las masas boscosas del cercano Parque Natural de Las Batuecas. Se trata de un espacio natural (11.100 hectáreas) de relieve irregular con lomas redondeadas y valles estrechos por los que discurren numerosos arroyos cuyas aguas vierten a un profundo valle recorrido por el río Quilamas que acabará entregándose al Alagón. Las condiciones climáticas se reflejan en la frescura y belleza de su paisaje, la existencia de cursos de agua relativamente estrechos y encajados, la riqueza e inmejorable conservación de sus masas arbóreas a base de acebos, castaños, robles, madroños, encinas o alcornoques y la presencia de numerosas especies protegidas como el buitre negro, la cigüeña negra o el escasísimo lince ibérico hacen de este espacio natural un lugar singular que es preciso conservar y proteger. Por todo ello, no es de extrañar que haya sido incluido por la Consejería de Medio Ambiente en la Red de Espacios Naturales de Castilla y León, y que en la actualidad se esté redactando el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales, previo a la declaración de protección definitiva. Recorriendo la Sierra A Linares de Riofrío, conocido como la «puerta de la Sierra de Francia» se accede a través de la C-512 que parte de Salamanca y es el mejor punto de partida para iniciar el viaje. En la segunda quincena de junio se celebra la fiesta de la Fresa cuyo cultivo es una importante fuente de riqueza. Destaca la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción con restos del siglo XII que muestran un espléndido artesonado mudéjar. A unos 4 kilómetros del pueblo se encuentra el enclave conocido como La Honfría, un lugar muy frecuentado abundante en agua y vegetación, con un dosel arbóreo formado por castaños, robles melojos, acebos, avellanos y nogales, entre otros, y en el que existe un parque temático donde se muestran la flora y fauna del entorno. Merece la pena recorrer los 5 kilómetros que nos separan de Monleón, una villa que conserva en su entrada un verraco esculpido en piedra de granito de la época prerromana. Conviene visitar la extensa muralla, la magnífica torre del homenaje y pasear tranquilamente por sus calles rememorando un pasado que se remonta a la prehistoria. De nuevo en Linares hay que dirigirse hacia Navarredonda de la Rinconada, tras dejar atrás Escurial (rodeado de masas de encinas y robles) y La Rinconada de la Sierra (paisaje de gran belleza abundante en fuentes). Navarredonda es el centro de la comarca de la Calería, llamada así por el antiguo quehacer de los caleros que obtenían cal de las cercanas canteras y de cuya actividad queda testimonio en los hornos que abundan en la zona. Muy cerca del pueblo se alza el Pico Cervero, máxima altura de la serranía con 1.463 metros, al que se puede acceder casi hasta la cima por una pista que atraviesa un bello paisaje en el que alternan prados con riscos y bosques. Las vistas, tanto de la Peña de Francia como del Campo Charro, son muy interesantes. La ruta acerca al viajero hacia La Bastida nombre que hace referencia, al parecer, a las máquinas militares usadas para batir los castillos y plazas fuertes y que se construían aquí para asaltar la fortaleza, en donde, según la leyenda, se refugiaba el rey godo Rodrigo y la reina mora Quilama. Ofrece un entorno paisajístico de gran interés y se puede acceder a hermosos lugares como el Castillo Viejo de Valero o el Pico de la Cueva, cargados de historias y leyendas como la de las Quilamas. Cilleros de la Bastida es el final del itinerario. El nombre se debe a los locales en que se almacenaban los productos agrícolas o el ganado que, unido al apellido, hacen pensar que se trataba en su origen de corrales construidos para el servicio de los habitantes y a los que posteriormente se añadió la vivienda.

   
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