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CANTO RODADO

SOS La Robla

Jere es un chico en el que el sistema educativo creía más bien poco. O nada. Ahora es ingeniero mecánico y pronto será soldador internacional. No es un milagro, estudió en la EFP de La Robla. Y burló su destino

 

SOS La Robla -

Ana Gaitero
04/02/2018

Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti. (John Donne)

Hace 53 años doblaban las campanas, pero de alegría, cuando en La Robla se abrió la Escuela de Formación Profesional Buen Suceso. Un centro que llegó de la mano del poderoso Antonio del Valle para surtir a la Hullera Vasco Leonesa de los mejores mineros. Dicen que la mina era su ojo derecho y la escuela, el izquierdo.

Cincuenta y tres promociones de jóvenes se han forjado entre estas paredes ennoblecidas con obras de Vela Zanetti, a quien también protegió el patrón. El centro ha respondido a los retos del nuevo tiempo sumando tradición y modernidad. Actualmente es un referente en la FP con sus grados medios de soldadura, electricidad, calderería, informática y el superior de construcciones metálicas. Han recibido numerosos premios y tiene el honor de ser el centro que ha formado al mejor soldador de España.

La errática política energética del PSOE, primero, y del PP, para mayor escarnio de los mineros y de las cuencas, se ha llevado por delante al carbón y a empresas señeras como la Hullera y el dinero público inundado entre las ingentes reservas de carbón. Nadie creía que el gigante iba a caer. Y ahora, la escuela, que estaba a su abrigo, está amenazada.

Hay que tocar a rebato, a fuego, si no queremos que las campanas toquen a muerto. La escuela de La Robla pertenece a la Fundación Hullera Vasco-Leonesa, devastada por la liquidación de la Vasco. Lejos están aquellos tiempos de vino y rosas en los que el carbón dio calor a la cultura. Bajo la tutela de los salesianos se celebraban aquellas inolvidables sesiones de cine de los domingos. Con El bueno, el feo y el malo cabalgando en la pantalla. Con el tiempo, al brasero de la fundación se calentó mucha gente erudita.

Ahora la fundación no tiene quien la defienda. La Vasco está en concurso de acreedores y los terrenos del colegio, 40.000 metros cuadrados, al pairo del mejor postor.

El consejero que presume de leonés, el señor Fernando Rey, y un presidente que se las da de reivindicativo delante de Rajoy, deben ser los mejores postores. Sería un honor que rescataran esta escuela, después de tanto banco beneficiado por la crisis y del fiasco de los fondos Miner. Con tanto dinero enterrado en proyectos muertos. La red pública es el mejor lugar para esta escuela de excelencia educativa.

Señor Herrera, aquí, en La Robla, en el corazón de la Montaña Central Leonesa, tiene la ocasión de dar una última oportunidad a la cuenca minera. La escuela es un centro educativo ejemplar y mucho más. Es un foco de luz en la oscuridad del pozo, un pequeño motor con efectos multiplicadores en la comarca y un norte para la juventud. A no ser que lo suyo con Rajoy sólo sea verborrea, en La Robla puede demostrar lo mucho que le importan las cuencas mineras, la formación profesional y el mundo rural.

La escuela es el último bastión de la lucha minera en la cuenca. La Robla, León, los ayuntamientos, la Diputación... La sociedad entera. Todas y todos a una debemos impedir que se nos hunda otro barco.

Jere no lo va a permitir. El chico por el que nadie daba un duro cuando salió del instituto sin terminar la ESO va a pelear por el centro que dio un giro a su destino.

Ahora es ingeniero mecánico y pronto será ingeniero soldador internacional. La escuela, dice Jere, «es la mejor base de formación que he podido recibir tanto profesional como personal». Que se sepa que se le abrieron muchas puertas laborales y allí donde ha trabajado el listón ha quedado bien alto.

La historia de Jere es la de muchos chicos, y ahora también chicas, que crecieron al calor de esta escuela, hija del carbón. La historia de la escuela no puede tener un mal final. La Junta se lo debe a la cuenca. Y Herrera se lo debe a León.