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Starbucks y el racismo

La compañía obliga a todos sus empleados a recibir una formación específica durante varias horas tras un incidente en un local en Filadelfia.

 

JOHN G. MABANGLO -

Mercedes Gallego
03/06/2018

En un país que palpita a golpe de demandas, Donte Robinson y Rashon Nelson desconcertaron al sistema hace tres semanas al pactar por un solo dólar con la Policía de Filadelfia su injustificada detención en un Starbucks. Y es que para un afroamericano de 23 años que aún ve cruzarse a la gente de acera al paso, hay recompensas más grandes que el dinero.

Con la misma contención con que se dejaron poner las esposas sin decir palabra solo por estar esperando a un amigo sin consumir, los dos jóvenes han preferido aprovechar la furia social que desató el vídeo de ese episodio para forzar un diálogo nacional. El martes cerró todos los Starbucks de Estados Unidos cerraron tres horas en pleno día para enseñar a sus empleado a superar sus prejuicios raciales. O en palabras de la empresa de Seattle, «a reconectar con nuestra misión».

No se puede hablar de tener «un impacto positivo en nuestras comunidades» para luego llamar a la policía cuando dos negros se sientan en el establecimiento de un barrio acaudalado como Rittenhouse Square. Starbucks pone butacas cómodas para que sus clientes se reclinen durante horas, enchufes por doquier y baños al servicio del público, mientras sea blanco. Al incidente de Filadelfia le siguió otro vídeo viral en el que un joven afroamericano de California demostraba que los empleados de Starbucks facilitaban el código de acceso a los servicios sin hacer preguntas siempre que el que lo solicitase fuera blanco, pero se lo negaban a los afroamericanos que no fueran clientes demostrados.

Tacita a tacita, Starbucks estaba contribuyendo al racismo recalcitrante que aún pervive en la sociedad estadounidense, así que ha tenido que cerrar de golpe todos sus establecimientos para lanzar un gesto contundente contra su propia conducta. «Lo que ha ocurrido en Starbucks es lo que tiene que ocurrir en todas partes, pero no es un proceso de un día», observaba en su columna la editorialista del ‘Boston Globe’ Renée Graham. «Lo que importa es qué pasa en los días y años sucesivos». Los dos jóvenes que han desatado sin algarabía este nuevo capítulo de la lucha contra el racismo han convencido al Ayuntamiento de Filadelfia para que abra un fondo de 200.000 dólares (más de 173.000 euros) para jóvenes emprendedores negros y a Starbucks para que financie becas de estudio en la Universidad Estatal de Arizona. Minucias, en comparación a los 12 millones de dólares (10,4 millones de euros) que se estima perdió un día de esta semana la empresa en las tres horas que cerró sus puertas al público.

   
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