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CANTO RODADO

Trigo maduro

El trigo está maduro, verde pero maduro. Vencido por las trombas de agua, pero tieso con el peso de sus granos. Así está el movimiento feminista, que empieza a cambiar el rumbo de las cosas.

 

ANA GAITERO
01/07/2018

Dice la OIT (Organización Internacional del Trabajo) que si el ritmo del reparto del trabajo no remunerado de los cuidados sigue tan lento como hasta ahora harán falta 210 años para que hombres y mujeres se equiparen en estas tareas.

Y pregunta la deportista Leire Olabarría qué pasaría si todos los hombres tuvieran que conciliar su paternidad. Qué sería de su vida deportiva. La ciclista vasca ha denunciado trato discriminatorio por su condición de madre en el equipo nacional. Ha sido excluida de la competición tras plantear que los costes de llevar a su hijo y a la persona acompañante a las competiciones no corran solo de su cuenta.

Pero hay quien va más allá. No se trata de que hombres y mujeres tengan que conciliar, cuidar y limpiar la casa por igual, que también, sino de que la sociedad asuma que tiene una responsabilidad en que las personas, hombres, mujeres o géneros no binarios, puedan dedicar el tiempo necesario a la crianza o a desarrollarse como seres humanos.

La masculinización del sector productivo permitió explotar a los hombres en las fábricas y que las mujeres trabajaran gratis para la sociedad en casa y en el campo. Pero la división del trabajo productivo y reproductivo ha saltado por los aires con la incorporación de las mujeres al mundo laboral remunerado y a sectores profesionales.

El otro día todos los grupos políticos aprobaron en el Congreso la equiparación de los permisos por maternidad y paternidad. Dieciséis semanas para las madres y otras tantas para los padres. Un hito porque además se trata de que ni unas ni otros puedan ceder sus derechos a su pareja. Y además se podrán disfrutar de forma no simultánea.

En esencia, la proposición de ley que presentó Unidos Podemos recoge la propuesta de la plataforma Piina, elaborada ya en 2011, y que es asumida por más de un centenar de organizaciones feministas. La marea violeta del 8M ha allanado el terreno a esta iniciativa parlamentaria.

Y nadie se ha podido negar. Ahora veremos en qué queda la ley cuando pase todos los filtros parlamentarios, pero no cabe duda de que ha sido el movimiento feminista el que ha empujado a la clase política a dar este salto cualitativo.

El argumento es que si hombres y mujeres disfrutan por igual de los permisos, o asumen por igual la carga de los cuidados, las empresas dejarán de tener excusas para mirar con recelo a las mujeres a la hora de contratarlas o a promocionarlas en los puestos de dirección.

El trigo está maduro. Verde pero maduro. Vencido por las trombas de agua, pero tieso por el peso de los granos. Así lo vi en Campazas el mismo día en que el Congreso aprobaba la tramitación de los permisos igualitarios. Y se me antojó una metáfora del movimiento feminista y de todo lo que aún queda por cosechar.

Y por labrar. La tarea es inmensa. Que la sociedad asuma los cuidados como algo importante es solo un paso, que puede parecer de gigante pero aún es muy corto. Hay que cuidar a niños y niñas, pero también a personas mayores y hay que cuidarse, cuidar el planeta... Cuidar a todas las personas. Y no permitir ignominias

El trigo maduro tiene que servir para alimentar un nuevo mundo. Ya no nos vale esta bestia que devora a las personas para alimentar al capital. Ni decir ¡qué malo es Trump! porque vemos a niños y niñas encerrados en jaulas como fieras mientras dejamos morir en el mar a quienes atraviesan el Mediterráneo o permitimos que se explote y se abuse sexualmente de las inmigrantes marroquíes en los campos de fresas.

No todo el campo es orégano, ni trigo verde. Ahí están los juzgados de León inundados por las aguas fecales como una metáfora de las miserias que afloran en medio de la tormenta. Y de todo lo que aún tiene que limpiar la justicia española.