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Un paseo por la historia

Ucrania, La guerra que europa olvidó

Los habitantes de las provincias ucranianas de Donetsk y Lugansk siguen viviendo en vilo más de tres años después del comienzo de la guerra entre separatistas rusos y fuerzas del Ejército, un conflicto que si bien ha perdido intensidad está lejos de haberse apagado

Khrystyna Kinson
26/11/2017

 

Una línea artificial de 500 kilómetros divide el territorio controlado por el Gobierno de Ucrania y el ocupado por separatistas prorrusos en el este del país, donde cada semana se producen violentos combates cerca de zonas pobladas.

Desde hace más de tres años los habitantes de estas provincias fronterizas con Rusia son blanco de ataques en ambos lados del frente, en los que más de 10.000 personas entre militares y civiles han perdido la vida.

El alto el fuego negociado en febrero de 2015, en el marco de los acuerdos de paz de Minsk, es violado a diario por ambas partes del conflicto, que luchan por el control del territorio con el uso regular de artillería pesada.

Aunque ya no se producen ofensivas a gran escala, el goteo constante de enfrentamientos a lo largo de la línea de contacto mantiene en vilo a la población, que vive atrapada bajo una fuerte presencia militar, sin saber qué les deparará el futuro.

«Mucha gente en Europa y Occidente considera que es un conflicto congelado, pero sigue habiendo combates casi cada día y sigue muriendo gente. No debe quedar en el olvido», explica Miladin Bogetic, portavoz del Comité Internacional de la Cruz Roja, mientras acompaña a Efe en un viaje a la denominada «zona gris».

Antes de llegar al primer puesto de control desde la ciudad portuaria de Mariupol (Donetsk), el vehículo que lleva a la periodista hasta la zona de la operación antiterrorista de las tropas ucranianas (ATO) se detiene para izar la bandera identificativa de la organización y el personal humanitario se pone su atuendo de chalecos blancos.

Las carreteras que conectan los pueblos situados alrededor de la línea de contacto se encuentran desiertas y el acceso a los mismos está fuertemente restringido por el Ejército ucraniano, ya que debido a su ubicación estratégica una nueva escalada en los ataques puede ocurrir en cualquier momento.

La ayuda

Pese a la volatilidad de la situación y las dificultades de acceso, los trabajadores humanitarios hacen lo posible para conseguir los permisos necesarios y que los convoyes de ayuda lleguen a los más vulnerables, pues son conscientes de que muchos dependen de ello para sobrevivir.

Es el caso de las localidades de Granitne y Chermalyk, situadas a unos 40 kilómetros al este de Mariupol y cerca de la frontera con Rusia, donde los habitantes se han acostumbrado a vivir rodeados de posiciones militares, con el sonido de los disparos y los continuos registros para entrar y salir de sus pueblos.

«Cuando empezó la guerra mi empresa fue evacuada y cerrada. En el pueblo ya no hay trabajo ni servicios públicos. Mi marido y yo nos dedicamos a la agricultura y sobrevivimos como podemos», cuenta a Efe Galina Jaitulova, residente en Chermalyk.

El Gobierno ucraniano ha reiterado en varias ocasiones que intenta cumplir con sus compromisos sociales con la población que reside en la zona de conflicto, pero en ambos lados de la línea de contacto muchos ciudadanos no cobran sus pensiones ni otros beneficios sociales.

Galina, rusohablante que se considera ucraniana, asegura que, tanto su familia como sus vecinos se sienten muy «aislados», porque no reciben ningún tipo de ayuda, temen por las vidas de sus hijos y sólo desean que termine la guerra.

«Nosotros hemos sido testigos de los tiroteos y vemos de dónde vienen las provocaciones. No crea usted que vienen de los soldados ucranianos», añade. Los habitantes que permanecen en la zona gris, no sólo se exponen al riesgo de ser víctimas del fuego cruzado, sino también al peligro de las minas antipersonas y otros explosivos, presentes en todo el territorio del Donbáss y en el mar de Azov, donde los pescadores locales ya no pueden acercarse a la costa por la contaminación.

El mapa de las regiones de Donetsk y Lugansk, antes consideradas como los motores industriales del país, ha cambiado radicalmente como consecuencia del conflicto armado.

 

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