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«Y si fallo yo...»

Moisés Liébana deja huérfana a su gaita de nogal en Corporales, pero su legado pervive en jóvenes del pueblo y músicos de León Moisés Liébana, el gaitero de Corporales, no falló. Se le fue la vida, pero la vida que tuvo, con más de 81 años de r

 

Moisés, entre dos de sus más inseparables compañeros, Domingo Losada y su mujer, Sagrario. - Xosé Antón Ambás

Ana Gaitero | Emilio gancedoAna Gaitero | Emilio gancedo 23/01/2011

La Cabrera Alta despidió esta semana a Moisés Liébana en Corporales. Su gaita de nogal, un instrumento preciado y único que compró a un vendedor ambulante sanabrés, ha quedado huérfana. ¡Cómo se le echa de menos en en esa casa inmensa y despoblada!

Era un crío cuando descubrió que podía hacer música de una simple pipa de sabugo. Hasta ocho notas sacaba del canuto del arbusto para espantar el aburrimiento mientras hacía la vecera . Moisés, como tantas personas, hombres y mujeres, de su tiempo, ya trabajaba a los diez años. El monte, las ovejas y las cabras eran la única empresa posible en aquel pequeño y pobre mundo de posguerra. Pero los horizontes de Moisés eran más amplios que aquella ruda vida para la que había nacido predestinado.

Su abuela Juana le reñía por aturdirla con su insistencia en sacar música de la pipa y su padre nunca entendió por qué el chaval se gastó 30 pesetas en su primera gaita y 5.000, toda una fortuna, en un saxofón.

El niño se hizo hombre y un día se sorprendió «escarbando» en su cabeza para intentar recuperar una obra popular perdida en La Cabrera. Había aprendido los lazos de La danza del Rey Nabucodonosor, con 17 años, por pura curiosidad. «Le dije a José Antonio Alonso, del barrio del Pedroso, que me la enseñara», recordaba siempre.

Con el tiempo y los avatares de la vida, la danza quedó en el baúl de los recuerdos de las costumbres de Corporales. Moisés anduvo trabajando por la montaña leonesa y por Zamora, ganándose la vida. Los toques quedaron dormidos en su memoria hasta que, a mediados de los años 80, se puso manos a la obra y «recogí a chavales de por aquí y volvimos a sacar la danza».

Moisés tocaba de oído. ¡Cuánto le hubiera gustado leer una partitura musical! Era un hombre sencillo, jovial, de mirada muy viva, de sentido común. Y sincero: «Si hubiera sido hoy, yo hubiera llegado lejos con la música», afirmó en una ocasión sin rodeos ni falsa modestia.

La danza se representó en León a finales de los 80 en un certamen de folclore popular organizado por la Obra Cultural de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León, impulsado por la etnógrafa Concha Casado, a la sazón, Hija Adoptiva de La Cabrera.

Moisés quiso recuperarla en todas sus dimensiones y de sus propias manos salieron las castañuelas para los danzantes. Viajó hasta León, al mismísimo Palacio de los Guzmanes, en busca de ayuda para hacer unos trajes nuevos a los danzantes. Pero, como él mismo confesó, «me pararon los pies». El sentido común se topó con la soberbia y la ignorancia que durante décadas mostraron las instituciones hacia la cultura tradicional. Los viejos trajes fueron restaurados por las monjas. Moisés nunca quedó conforme con aquella solución.

La danza se recuperó y los sonidos de la vieja gaita leonesa quedaron grabados para siempre en un cinta de casete que se grabó en el año 2001 frente a la ermita de Nuestra de Señora de las Rivas. Esta gaita, cuya escala no ha pasado por el siglo XVIII de la música, es común a las gaitas zamoranas de Aliste y Zamora y a la portuguesa de Miranda de Douro. El también desaparecido Raúl Ferreras, de Caskabel, es el autor de aquella grabación que debería pasar a los nuevos formatos digitales. Como Moisés, debe recibir un justo homenaje.

Ejemplo para muchos

Moisés fue eslabón y enlace entre dos mundos: el de los músicos tradicionales, carentes de formación específica pero plenos de talento innato e intuición creativa; y el de las nuevas generaciones, que han querido aprender el legado de los viejos maestros aunque imprimiendo a esa música, al mismo tiempo, algo de la sensibilidad actual.

Es el caso de uno de los grupos que más cerca se han sentido del genio cabreirés: la veterana banda de folk Son del Cordel. Uno de sus miembros, Manuel de San Mateo, recuerda cómo conoció al hoy llorado gaiteiru . «Fue en 1984, yo estaba haciendo mi tesis sobre antropología física en la Cabrera y recuerdo que el cura de La Baña me aconsejó hablar con él. Así que me fui a Corporales con el coche y cerca del puerto escuché el sonido de una gaita. Me bajé y allí estaba Moisés, cuidando de la vecera y tocando solo entre el ganado, en mitad del monte. Nunca se me olvidará esa escena».

Aquel encuentro supuso el inicio de una gran amistad. «Hubo una época en la que íbamos muchos fines de semana a su casa. Y aprendimos montones de canciones de su repertorio», narra De San Mateo. Además, a fines de los 80, integrantes del grupo y otras personalidades organizaron en la capital leonesa una Semana de Cultura Cabreiresa en la que participaron numerosos expertos, se recuperó la célebre Danza de Nabucodonosor y el propio Moisés habló sobre la indumentaria tradicional de la Cabrera. El portavoz de Son del Cordel tiene muy claro lo que constituyó su figura: «Fue un nexo importantísimo con los músicos que aprendieron su arte por la vía de la tradición oral, fue de los últimos músicos leoneses de ese tipo», añade Manuel de San Mateo, recordando que Moisés Liébana aprendió de su suegro Domingo a tocar la gaita aunque dominaba gran variedad de instrumentos.

«Luego estaba su forma tan particular de tocar, tan arcaica, con la gaita no temperada, leonesa, a diferencia de las gallegas y asturianas; nosotros hemos intentado tocar de esa misma manera, construyendo además una réplica de su más antiguo instrumento. Prácticamente en todos nuestros discos aparece una pieza de Moisés», explica este músico y divulgador, resaltando, de entre sus muchas piezas, «el Corro o Entrada , el Chano cabreriés o la Dulzaina interpretada de manera diferente a como se suele tocar en el Bierzo».

Hace tres años, el pueblo de Corporales tributó a su paisano un hermoso homenaje en el que gaiteros tradicionales y nuevos tocaron juntos durante horas. De San Mateo, cuyo grupo editó en el año 2007 un gran disco de informantes en el que aparecen varios temas de Moisés, lamenta no obstante que no se le hubiera grabado un álbum íntegro de su repertorio, con vídeo incluido, como por ejemplo sí se hizo con el gaitero zamorano Argimiro Crespo, de la cercana Carballeda.

Pero el legado de Liébana ha alcanzado a todos aquellos que quisieron acercarse hasta él, puesto que nunca negó a nadie -más bien al contrario- canciones, toques o consejos. Aparte de su familia y amigos, colectivos de nuevos gaiteros como la banda astorgana Sartaina, la bañezana Tornadera, la capitalina Ciudá de Llión o la berciana Templarios del Oza -que en su próximo disco le dedicará unas sentidas palabras- han incluido temas suyos en repertorios y grabaciones, sin olvidar que la Concejalía de Cultura de León le dedicó un gran tributo en 2005 o la extraordinaria versión que hizo el grupo más señero del folk español, La Musgaña, de la Danza del rey Nabucodonosor para su disco Temas profanos . Hasta el programa Camín de Cantares de la Televisión Asturiana lo entrevistó en uno de los mejores programas de toda la serie...

«Lo que quiero es que esto no se pierda. Si fallo yo, que siga adelante», solía decir.

Y no fallaste, Moisés.

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