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?OPINIÓN

No valoramos lo que somos, lo que tenemos, lo que damos

 

María Elena Valbuena C0laboradora del Teléfono de la esperanza
28/12/2017

Esperanza es una de las palabras recurrentes y utilizadas en nuestro día a día. Y más, si cabe, en estas fechas cercanas a la Navidad y al inicio de un nuevo año. Hablamos mucho de esperanza. A modo de ejemplo, ahí está el anuncio de lotería de este año, donde posiblemente sea la palabra más repetida, en un sentido u otro, tal como nos tiene acostumbrados Amenábar.

De siempre es sabido que la esperanza es lo último que se pierde y que, mientras haya esperanza, hay solución. Nos pasamos la vida esperando. Esperamos mejor suerte, un futuro fácil y tranquilo, buenos resultados, buenas noticias… Esperamos amistades duraderas y parejas estables… Esperamos éxitos… En definitiva, esperamos todo aquello que no tenemos.

Y, sin embargo, a fuerza de desear lo que nos falta, no valoramos lo que de verdad forma parte de nuestra vida y de nuestro entorno. No valoramos lo que somos, lo que tenemos, lo que damos. Y, a?l no valorarlo, la sensación de carencia se nos acentúa cada día un poco más. Anhelamos lo que no tenemos e ignoramos —sin disfrutarlo— lo que tenemos. Tal vez, el significado de la esperanza no sea esperar a tener cosas sino tener otra forma de ver esas cosas. Todos conocemos casos de personas cercanas que cuando han tenido aquello que tanto decían necesitar, siguen igual de amargadas, desorientadas o tristes; o han perdido las riendas de su vida en pos de una aventura ajena a ellas; o caen en el anhelo de otra nueva necesidad.

Sabemos también que casi nada externo a nosotros nos cambia la vida. La vida es y nosotros nos adaptamos a ella. Ni podemos controlar sus imprevistos ni la podemos encerrar en un puño. Lo que realmente nos cambia la vida es la forma de enfocarla.

Desde el Teléfono de la Esperanza se insiste en poner el acento en un enfoque positivo y alentador de las cosas; en un saber mirar, viendo un poco más allá de la inmediatez. Sólo de esta forma descubriremos que el auténtico cambio de la vida está en nosotros mismos y en nuestra forma de verla.

   
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