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el broche de oro para diez días intensos

No es el día en que todo acaba, es sólo el principio de otro año

Jesús Divino Obrero escenifica El Encuentro entre María y el resucitado y cierra una de las ediciones más gélidas de la Semana Santa moderna.

 

02/04/2018

miguel ángel zamora | león

Gorros, guantes, bufandas y abrigos de todos los colores. Para no perder la costumbre, que ya el Viernes de Dolores la Madre Leonesa tuvo que darse la vuelta antes de tiempo, que el Sacramentado soltó sus pétalos y regresó de estampida el Sábado de Pasión y que el Domingo de Ramos el gris se comió al amarillo de las palmas por la mañana.

La procesión que hace punto y seguido en la Semana Santa de León, El Encuentro de Jesús Divino Obrero, no faltó a la tónica de la climatología desapacible. Y aunque por momentos el fantasma de la lluvia sobrevoló las cumbres de la Catedral, fue posible cambiar el negro del manto de luto por el blanco de júbilo de la Virgen María: «Tomad con vuestros guantes blancos el luto de vuestras cabezas y portadlo en memoria de la noche oscura que ya no volverá. ¡Capillos arriba, hermanos!». retumbó la megafonía excelente del evento, que concluyó con la misiva ya tradicional: «¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya!». La Banda de Música de la Cofradía de las Siete Palabras de Jesús en la Cruz, la AM del Cristo del Gran Poder y la de RHJDO, la más antigua de cuantas existen en la Semana Santa de León, hicieron sonar los acordes de las penúltimas marchas. Luego la procesión se adentró en la ciudad y finalizó en el barrio del Ejido.

Atrás quedaron los sinsabores de las tardes de Jueves Santo y Viernes Santo, que no gozaron de los favores del cielo. Por delante, la solemne Eucaristía presidida por el obispo de León, Julián López. Y en lontananza, la cuenta atrás hasta el 12 de abril de 2019, Viernes de Dolores siguiente y enlace del principio y el fin en que se convierte la Pasión. 377 días de preparativos y de añoranza, que comienzan hoy mismo. Es un tópico para el vulgo. Para quien siente la Semana Santa de corazón, una realidad latente.