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SOCIEDAD

La atención al alzhéimer atrae a jóvenes extranjeros

Estudiantes californianas trabajan como voluntarias en Alzhéimer León para exportar la idea de los cuidados. Diecinueve licenciados de la universidad americana se reparten entre distintas asociaciones mientras perfeccionan el español..

 

Amaranta, Wendy y Andrea, con varias usuarias de Alzhéimer León, en el Parque de los Reyes. JESÚS F. SALVADORES -

Pavlina Monousou con dos usuarios de Alzhéimer León. DL -

CARMEN TAPIA | LEÓN
09/08/2018

Wendy Lima tiene 24 años y quiere estudiar Enfermería. Es licenciada en español por la universidad californiana Humboldt State y durante ocho semanas ha colaborado como voluntaria en el programa de terapias cognitivas de la Asociación de Alzhéimer de León. Es una de los 19 estudiantes que, en colaboración con la Universidad de León, perfeccionan el conocimiento del español en la ciudad al tiempo que trabajan como voluntarias en asociaciones y oenegés de la provincia, como el albergue de peregrinos, protectora de animales, colectivos LGTBI, entre otros.

Wendy como Andrea Saarber o Amaranta Ordoñez eligieron la oportunidad de trabajar con personas con alzhéimer, un perfil de voluntariado que les ayudará a adquirir conocimientos para el desarrollo de sus profesiones en su país de origen. «En California viven muchas personas con descendencia hispana y no saben identificarse como tales», explica Wendy. «Mi abuelo es de Valencia y mis padres de Guatemala. Mis padres hablan inglés, español y coreano. No quiere perder el contacto y el conocimiento con mis raíces».

La coordinadora de programas de Alzhéimer León, Montserrat Balbuena, asegura que las tres jóvenes estudiantes han conectado con los usuarios. «Han demostrado tener mucha paciencia y se han adaptado a distintas situaciones». La habilidad de trabajar con personas con alzhéimer es un aprendizaje de vida. «Me gustan los ancianos», dice Amaranta Ordoñez, una californiana de 22 años con procedencia mexicana licenciada en Comuniciación y especializada en español y danza. «Los ancianos tienen mucha vida e historias que compartir. Quería saber algo más del alzhéimer porque mi objetivo es reengancharme en la universidad para estudiar Medicina. Tenía mucho interés en conocer y entender las diferentes fase de la enfermedad. Tener empatía con los mayores».

Amaranta lleva en su aprendizaje el trato a los usuarios. «Estoy gratamente sorprendida», asegura. «Mi madre tuvo un accidente y permaneció ingresada en un centro de recuperación en California durante un año. En el centro había mucha gente mayor y mi madre era de las más jóvenes. Aquí las familias están muy involucradas, allí no es igual. No tienen familias y las enfermeras no les prestan tanta atención como aquí. Los ancianos no sabían a quién recurrir para quejarse. Aquí el personal está muy pendiente».

Andrea Saarber tiene 21 años. Tiene la carrera de Estudios Internacionales y español. «Siempre quise hablar un idioma diferente y pensé que el español sería el más útil». Andrea ya tiene experiencia en trabajos con personas con discapacidad. «Me gusta trabajar con niños y mayores porque son los que más ayuda necesitan. En California estuve en un centro con menores que no podían moverse ni hablar y estaban en silla de ruedas. Aquí he aprendido a trabajar la paciencia, al tiempo que practicaba mi español y con eso he conseguido un mayor entendimiento de la enfermedad».

Andrea se va llena de recuerdos de las personas que los perdieron. «He estado de apoyo de una usuaria del centro de día. La ayudaba a estimular su memoria. Confiaba en mí y le he cogido mucho cariño porque es una mujer que se ha incorporado al centro recientemente».

Las tres estudiantes aseguran que la experiencia les ha ayudado a ser más pacientes «y a lanzar mensajes positivos, ser una persona en la que se puede confiar y hablar con ellos sin juzgar. Los abrazos y los besos son imprescindibles».