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Cinco vidas nuevas

Hogar y trabajo.. Cinco leoneses estrenan el nuevo programa de vivienda y empleo que Alfaem Salud Mental León pone en marcha para facilitar la vida independiente de personas con discapacidad por enfermedad mental..

 

Un momento de relax y diversión en el piso de Ponferrada, con Iván y Tamara. ANA F. BARREDO -

El equipo de Alfaem Salud Mental León en el piso. JESÚS F. SALVADORES -

11/03/2018

ana gaitero | león

«Las personas con discapacidad por enfermedad mental no son diferentes del resto de la sociedad», señalan Alicia López y Carlos Mouta responsables de los programas de empleo y alojamiento alternativo de Alfaem Salud Mental León.

Sin embargo, en el día a día se encuentran con una serie de obstáculos que les hace más difícil acceder al empleo y llevar una vida independiente con plena integración social.

El reto del nuevo programa de vivienda y empleo que Alfaem Salud Mental León acaba de estrenar tiene como objetivo remover esas barreras y facilitar una vida plena, según el proyecto de vida de cada persona.

Un hogar y un empleo son la base del proyecto de vida independiente. No es un hogar cualquiera. Se trata de dos viviendas que se suman al programa de alojamiento alternativo que esta asociación gestiona desde hace 2005. Dos pisos de alquiler, uno en León y otro en Ponferrada, en el que cinco personas con discapacidad por enfermedad mental estrenan nueva vida.

Miguel Ángel y José Amador en León; Bego, Iván y Natalia en Ponferrada son las primeras personas que probarán esta nueva acción para la integración en el ámbito de la discapacidad por enfermedad mental.

El programa tiene un título tan largo —Viviendas y apoyos para la vida independiente dentro del programa de itinerarios integrados de inclusión sociolaboral para personas con discapacidad — como el reto que supone para Alfaem.

A diferencia de la mayoría de las viviendas de Alfaem, que son supervisadas, estos nuevos hogares suponen un salto en la autonomía de las personas y en su responsabilidad para hacerse cargo de sus vidas, siempre con el apoyo de los servicios de empleo por un lado y la asistente personal, por otro.

Económicamente, tienen facilidades para poder pagar un alquiler ajustado a sus ingresos. Con el mismo dinero no podrían compartir vivienda en León. Tienen que organizar la compra, hacerse la comida, la limpieza y disponen de su tiempo de ocio como cualquier persona. A diferencia de los pisos supervisados, las tareas no están escritas, José Amador y Miguel Ángel son responsables de su ‘agenda’ y de la convivencia en el piso que comparten en León.

Acaban de conocerse y tantean gustos y costumbres. Cada uno tiene un horario de trabajo y son forofos de los eternos rivales del fútbol: «Yo soy del Barça y José Amador del Madrid, pero después del partido no hubo discusión ninguna», aclara Miguel Ángel. Aunque uno prefiere el pollo y el otro la hamburguesa, coinciden en aficiones como el fútbol, la bici y salir a pasear.

La alianza terapéutica es un triángulo en el que la vivienda, los itinerarios de empleo y la figura del asistente personal forman un triángulo perfecto para facilitar las nuevas vidas. «Para mí también es un reto», señala Leticia Martínez, del programa de asistente personal. «Normalmente voy a domicilios donde sólo tengo a una persona que vive en familia», explica.

Con el nuevo programa su misió es «ayudarles en la descarga emocional, mediar en lo posible y todo lo que me pidan en aspectos como ocio, dudas sobre la casa, la compra, etcétera», añade. El programa se basa en la libertad y responsabilidad de cada persona.

El Movimiento de Vida Independiente promueve esta estrategia. «Se trata de que consigan recuperar su vida y estén más cerca de una inclusión comunitaria real, no de dirigir ni fiscalizar lo que hacen», explica la gerente de Alfaem, Rosa Conde. La casa de León está en el área 17, muy cerca del centro comercial. Dispone de habitación individual y un baño para cada uno.

La vida en libertad también tiene un precio. Miguel Ángel va andando a trabajar hasta San Cayetano al centro especial de empleo de Alfaem. Podría ir en autobús, pero prefiere andar. Está acostumbrado.

José Amador tiene que madrugar mucho para poder llegar a su puesto de trabajo en un centro especial de empleo en La Virgen del Camino. Su objetivo es encontrar otro trabajo, más cerca y más adaptado a sus cualidades, pues tiene formación como carnicero y ha trabajado en el sector de comercio en varias etapas de su vida.

En el piso de Ponferrada tampoco hay tablón de anuncios con cuadrantes de horarios y de turnos para hacer las cosas. Bego, Iván y Natalia estrenan casa y nueva vida en la avenida del Camino de Santiago de la capital berciana.

Es un reto para Alfaem en el Bierzo: «Estamos acostumbrados a actuaciones a nivel laboral por un lado y a la vivienda con apoyos, por otro. Este programa de vida independiente es novedoso y bueno porque busca la vida independiente y la autonomía personal», explica Ana Santamaría, responsable del área de empleo en Alfaem en Ponferrada.

En el Bierzo también constatan la pervivencia de estereotipos asociados a la enfermedad mental, pese al trabajo de sensibilización que se realiza. Y uno de los primeros obstáculos que se encuentran las personas con discapacidad por enfermedad mental es el desconocimiento en el ámbito empresarial, que aún conoce poco la modalidad de puesto de trabajo adaptado para este perfil de empleados.

Sin embargo, precisa la técnica, «son personas con una gran motivación para trabajar» y desde Alfaem ofrecen la posibilidad del apoyo y acciones de seguimiento hasta la adaptación. Hoy por hoy, los centros especiales de empleo son los que proporcionan más trabajo a este sector de la población con discapacidad y, dentro de éstos, el sector de la limpieza.

Bego es una de las dos mujeres que estrenan el nuevo proyecto en Ponferrada. Cuenta con entusiasmo que cuando le ofrecieron la oportunidad de ser una de las pioneras, no dudó en aceptar: «Aquí tienes un apoyo que no encuentras si estás sola o en otro ambiente; tenemos una asistente personal genial que nos echa una mano cuando la necesitamos pero sin estar encima de ti», explica.

Bego destaca la idea de que en el piso «estamos en igualdad de condiciones» y sabe que la clave es alcanzar acuerdos para convivir. No hay nada escrito. Se están conociendo. Y de momento, todo va sobre ruedas, tanto en la organización como en las compras. Domina la cocina y puede dar clases de organización: «Cocino y congelo para no tener que estar todo el día pendiente».

Sus compañeros necesitan más rodaje en los fogones. Sobre todo Iván que a sus 38 años sale por primera vez del hogar familiar aunque parece hacerse un filete, macarrones o una ensalada no le falta experiencia. Sobre el programa admite que tuvo dudas, pero su hermana le empujó: «Me dijo que ya soy mayor y no voy a estar toda la vida en casa», explica.

Su principal preocupación ahora es la próxima selección para un curso de formación, así que va al gimnasio para distraerse. Conduce y trabajó de celador durante una temporada, pero ha llegado a la conclusión de que el trabajo con el público no es lo suyo. En el nuevo piso se siente «cerca de mi familia y a la vez independizado». También está a gusto con sus compañeras.

Para Tamara, la vida en el piso es una experiencia novedosa. Con 31 años «nunca estuve independizada», pero ahora que se gana la vida como agricultora en el huerto de Alfaem llegó la ocasión y «pensé que la podía afrontar». En la cocina «nos ayudamos» y en la convivencia piensa que lo más importante es «que confiemos y nos vayamos conociendo».

Son las experiencias de cinco vidas nuevas que socavan las barreras a las que se enfrentan las personas con discapacidad por enfermedad mental. Con ayuda profesional y mucha humanidad.