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El Nobel de Física se computó en León

La labor de Caléndula resultó crucial para que Rainer Weiss, Barry Barish y Kip Thorne probaran que las teorías avanzadas por Einstein sobre las perturbaciones del espacio-tiempo eran ciertas. En el superordenador de la Universidad de León se computaron casi medio millón de horas de cálculo dentro de un programa de colaboración con Ligo. .


12/10/2017

 

c. f. a | león

Casi medio millón de horas de cálculo necesarias para el descubrimiento de las ondas gravitacionales fueron computadas en León, más concretamente en Caléndula. La Fundación Centro de Supercomputación de la Universidad de León participó en las investigaciones que resultaron en la detección y observación de ondas gravitacionales en el experimento Ligo, cuyos investigadores, los estadounidenses —Rainer Weiss, Barry Barish y Kip Thorne— acaban de ser galardonados con el Premio Nobel de Física.

Ruth Alonso, responsable de la Oficina Técnica del Centro de Supercomputación, explica que desde el organismo se ha participado en el proyecto de investigación que ha llevado a la detección de las ondas gravitacionales, que fueron en su día predichas por Einstein.

En el marco del proyecto del Ligo, el doctor Sascha Husa, profesor de Física Teórica de la Universidad de las Islas Baleares y su equipo, accedieron a Caléndula para ejecutar una parte de los cálculos necesarios parar lograr la detección de las ondas gravitacionales a partir de los datos de observación recogidos por los instrumentos del Ligo Lab. El Laboratorio de Ondas Gravitacionales con Interferómetro Láser (Ligo, en sus siglas en inglés) cuenta con la colaboración de un millar de científicos de docenas de instituciones y universidades de una veintena de países, entre ellas la UIB, que trabajan en la detección de ondas gravitacionales que puedan ser empleadas en la exploración de las leyes fundamentales de la gravedad.

Además, de Caléndula, en este proyecto han participado otros superordenadores integrados en la Red Española de Supercomputación RES, como MareNostrum de BSC-CNS (Barcelona Supercomputing Center-Centro Nacional de Supercomputación) y Finisterrae operado por el CESGA (Centro de Supercomputación de Galicia).

El hallazgo científico de los tres premiados ha contribuido a confirmar definitivamente la teoría de la relatividad general de Einstein, fue considerado en 2016 como el descubrimiento del año por la prestigiosa revista Science. Dos enormes interferómetros en Washington y Luisiana detectaron el pasado 14 de septiembre de 2015, por primera vez en la historia, la emisión de ondas gravitacionales generadas en los últimos instantes de la fusión de dos agujeros negros de unas 30 masas solares cada uno, abriendo una nueva era de la astronomía y la cosmología, en la que se podrá explorar la naturaleza de la materia oscura y la energía oscura.

La confirmación de su detección fue anunciada en febrero de 2016 y supuso una noticia revolucionaria para los astrónomos, pues las ondas gravitacionales eran la única parte de la teoría de Einstein que aún no había sido demostrada con observaciones directas. Con ellas, dicen los científicos, nació una nueva forma de hacer astronomía, de mirar el cosmos, con la que esperan saber más sobre la misteriosa naturaleza de los agujeros negros y de la materia oscura. A finales de la década de 1950 nuevos cálculos probaron que esas ondas transportaban energía, por lo que podrían ser detectadas; y en 1974 fue descubierto un púlsar doble —similar a una estrella en su masa pero de dimensiones muy reducidas—, lo que demostraba que los objetos en movimiento emiten ese tipo de ondas. El hallazgo le valdría en 1993 el Nobel de Física a los también estadounidenses Joseph Taylor y Russell Hulse.

Trabajo en red

No es la primera vez que Caléndula participa en un proyecto internacional. Hace cinco años formó parte de una iniciativa para determinar la evolución y las propiedades de las galaxias.

El proyecto Fed4Amiga — una investigación clave para determinar el comportamiento de las galaxias— pretende, por ejemplo, determinar cómo se comportan, su evolución y cómo influyen en las personas. Existen grandes instrumentos científicos que proporcionan cantidades extremadamente elevadas de datos y exigen a los científicos colaborar en grandes alianzas internacionales para poder compartir y analizar eficazmente estos datos. Es lo que se conoce como eCiencia, cuyo objetivo es coordinar e impulsar el desarrollo de la actividad científica en España mediante el uso colaborativo de recursos geográficamente distribuidos e interconectados mediante Internet.

 

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