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Espacios para no perderse

La accesibilidad que viene. Los espacios fáciles son la llave para garantizar la accesibilidad cognitiva, un derecho que exige que edificios y entornos urbanos ofrezcan la información para desenvolverse en ellos sin discriminación por razones de edad, idioma, estado emocional o capacidades cognitivas. La arquitecta Berta Brusilovsky trae a León su modelo para diseñar espacios accesibles a todas y todos..

 

Espacios para no perderse -

Ana Gaitero
14/06/2018

Cualquiera puede contar su experiencia del día que se perdió en un hospital, en un edificio administrativo o entre los estantes de un centro comercial. El diálogo con los espacios o los entornos urbanos a veces es difícil. Si además las capacidades cognitivas son diferentes, la posibilidad de comunicarse con el entorno para orientarse y poder desenvolverse espacialmente se acrecienta hasta niveles que hacen imposible circular en ellos.

Comprensión fácil de entornos y edificios: espacios que hablan es el título del taller que ofrece hoy y mañana en León, en el Palacio del Conde Luna, una de las creadoras de la accesibilidad cognitiva, dentro de las iniciativas del Consejo Municipal de la Discapacidad para favorecer la integración social de las personas con independencia de sus capacidades.

Ya no se trata de hacer rampas y poner ascensores, puertas con determinadas medidas y baños con el espacio y los apoyos necesarios para las personas con discapacidad física. Va más allá, también, de poner sonido en los semáforos o rutas turísticas en Braille. Todo esto debería estar hecho. El 4 de diciembre del año pasado terminó el plazo fijado por las normas europeas para que los edificios sean accesibles.

Pero aún hay una asignatura pendiente. La accesibilidad cognitiva exige un nuevo concepto de diseño de espacios comprensibles, fáciles. Las normas aún no están hechas, pero los modelos para derribar las barreras invisibles ya existen.

La arquitecta Berta Brusilovsky es pionera en la arquitectura inclusiva por su modelo de diseño de espacios con accesibilidad cognitiva. ESPACIO FÁCIL

La arquitecta Berta Brusilovsky utiliza las neurociencias para dotar a los espacios que diseña de la comprensión, la predicción y la orientación temporal y espacial que garantizan la comunicación de todas las personas con el entorno y los edificios para poder moverse con autonomía. Y lo hace con su participación activa. Las personas con discapacidad intelectual o con capacidades diferentes son sus consejeras y con ellas evalúa edificios y entornos.

Después de dos décadas de estudio y siete libros publicados, la arquitecta ha elaborado un catálogo con 20 indicadores de accesibilidad cognitiva de un entorno o edificio que tienen en cuenta el funcionamiento humano. Un ejemplo puede ser un edificio de cristal. «Si todo el edificio es de cristal, no es cognitivamente accesible», subraya Brusilovsky.

Según el sistema espacial de apoyos que ha creado «una puerta tiene que distinguirse por su diseño, tamaño, color, forma, salientes y entrantes sin necesidad de que haya un cartel que ponga puerta», añade.

Una vez que se ve la puerta y se logra entrar, hay que encontrar el espacio al que se dirige. Para ello utiliza los centros focales o nodos en sucesión, los circuitos accesibles o pasillos a lo largo de los cuales se colocan elementos que orientan a las personas y les facilitan encontrar lo que buscan. «Hay que diseñar de tal manera que los nodos orienten y direccionen a las personas», explica.

Colores, iconos y representaciones enfatizan hacen que la lectura de los espacios sea fácil para todo el mundo y facilitan la movilidad. Son sistemas de apoyos para la seguridad espacial cognitiva que a veces se complementan gráficamente o con textos.

Es lo que ha hecho Berta Brusilovsky en el trabajo Adaptación de Edificios Existentes dentro del proyecto de investigación «Espacio Fácil» llevado a cabo por Afanias, Vía Célere, CSEU La Salle y Asociación para la comprensión fácil de entornos y edificios.

«No se trata de llenar de carteles un espacio, sino de que el diseño pueda servir para orientarse a las personas», puntualiza Brusilovsky.

el caso de la ciudad antigua

Algunas ciudades históricas como León sirven como paradigma de accesibilidad cognitiva. «Cuando no se han destruido sus estructuras son muy orientadores», apunta la arquitecta. «Las entradas y salidas eran claras y la distribución espacial, con iglesias y edificios importantes hacían fácil la circulación, de modo que si te pierdes, no pasa nada, es fácil encontrar la salida y en ningún sitio era necesario poner puerta», explica.

Además, colabora con expertos en neurociencias y ella misma estudia este campo en busca de explicaciones sobre cómo funciona el cerebro para diseñar el índice de accesibilidad cognitiva. «He estudiado lo que las personas me dicen para buscar el modelo de diseño», añade. Cosas como colocar carteles similares muy cercanos son obstáculos para la orientación.

Las lesiones cerebrales, los trastornos de la percepción, la pérdida de memoria topográfica o no saber calcular distancias son obstáculos para manipular la información espacial que hay que sortear en los espacios fáciles. «Hay que buscar dónde se puede ayudar», señala.

Se trata, admite Berta Brusilovsky, de que los arquitectos y arquitectas «aprendan a diseñar en función del sistema de apoyos, pero también de que las personas que dirigen centros sepan pedir a quien diseña lo que necesita» para garantizar la accesibilidad cognitiva.

Como introducción a su taller, la arquitecta Rosa Bellido Pla, especialista en cascos históricos, realizará una exposición sobre accesibilidad y normativa con referencia al limbo en el que aún se encuentra la accesibilidad cognitiva, aún sin regular.

Berta Brusilovsky fue distinguida por la Unión Internacional de Arquitectos (IUA) con la Mención de Honor en la categoría de Investigación (2017) de los premios «Espacios amigables e inclusivos», que otorga anualmente. La organización profesional valoró sus aportaciones a la arquitectura inclusiva que se volcaron posteriormente en el centro de recursos Espacio Fácil, presentado por la Fundación Vía Célere en febrero de 2017 y que tuvo por objeto investigar, evaluar y diseñar entornos capaces de mejorar la accesibilidad de las más de 300.000 personas con discapacidad intelectual que viven en España.

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