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SOCIEDAD

La terrible historia de la infancia

«La sobreprotección es tan peligrosa o más que la estimulación agresiva», afirma Castañón. El psicólogo rescata episodios infames que han vivido niños y niñas en su charla sobre maltrato

 

Miguel Ángel González Castañón, psicólogo en el Centro Psicológico Conductual. DL -

ANA GAITERO | LEÓN
14/02/2018

Ser niño nunca ha sido fácil. Y niña mucho menos. La historia de la infancia está marcada por el control, el maltrato, el desprecio y la psicopatologización. El negro panorama lo pinta el psicólogo leonés Miguel Ángel González Castañón que hoy ofrece una charla sobre la atención psicológica frente al maltrato infantil, a las 20.00 horas en el salón de actos del Ayuntamiento de León (Alfonso V).

Hasta el siglo XIX, los hijos e hijas eran tratados como «propiedad» de los padres y «el maltrato, el abuso y el infanticidio eran práctica común, sobre todo con las niñas», comenta el experto. A lo largo del siglo XIX y hasta mediados del XX, cualquier trastorno de los menores «era achacado a la masturbación». El control de la infancia se justifica en esta época en el «perverso polimorfo o el adulto en potencia», añade.

Contra la masturbación

El doctor Kellog patentó los cereales que llevan su nombre «para que los niños no se masturbaran porque culpaba de ello al consumo excesivo de carne», cuenta Castañón. En los museos de la sexualidad «se pueden ver verdaderas aberraciones», como bragueros y otros utensilios utilizados para controlar a los niños y las niñas.

Otro ejemplo de que la infancia «ha sido ninguneada y despreciada» es mucho más cercano en el tiempo. «En los años 70-80 la pediatría aconsejaba que se acostara a los niños panza abajo, se decía que en esa postura había menos riesgo de ahogo», señala.

Luego se demostró que la muerte súbita se había disparado con la medida. Las guarderías de la República Democrática Alemana dieron la alarma. «Como había muchas madres trabajadoras que dejaban a sus bebés en guarderías, se dieron cuenta del problema», agrega el psicólogo. Entonces se aconsejó volver al sistema de ponerles a dormir boca arriba, pero «nadie ha respondido por esa aberración», subraya.

SECUELAS DE POR VIDA

Para Miguel Ángel González Castañón, del Centro de Psicología Conductual de León, la infancia sigue sufriendo el control bajo un nuevo disfraz: «La psicopatologización es en la actualidad el equivalente a la masturbación» en tiempos pasados.

Experto en maltrato infantil y colaborador del programa de acogimientos de Cruz Roja y la Junta de Castilla y León, este psicólogo señala que el maltrato social, familiar e institucional puede llegar a ser letal. «Hay niños que no sobreviven y otros sufren secuelas de por vida», apunta. Y por encima de todo, el maltrato priva a los niños y niñas «del desarrollo moral».

El psicólogo utilizará la publicidad —ha analizado más de 5.000 spots— para apoyar su charla. El público podrá ver de forma gráfica cómo se aprende a maltratar cuando se es maltratado porque «si no ves otra cosa, aprendes a normalizarlo», apostilla.

Los anuncios ilustran cómo la capacidad que tienen los niños y las niñas para aprender por imitación. «Gracias a la imitación tenemos un amplísimo repertorio de aprendizaje, para bien y para mal», explica. Un spot británico muestra a una niña jugando a las muñecas a tomar el té. Coge un sobre de azúcar y hace rayitas como si fuera droga. Así que, advierte el psicólogo, «cuidado con lo que ven los niños».

También aprenden a evitar situaciones desagradables o que les producen ansiedad de formas inimaginables. En otro anuncio, un niño fabrica una caja que se coloca en el armario cuando llega su padre a casa.

En el otro extremo del maltrato se encuentra «la sobreprotección, que es tan peligrosa como la estimulación agresiva», añade Castañón. Existen estudios que alertan que la sobreprotección aumenta la incidencia de todo tipo de enfermedades, incluido el cáncer: «Los niños tienen que jugar, mancharse e incluso tener piojos», sostiene.

Sin embargo, hasta el año 2009 el Código Civil permitía a los padres «reprender moderadamente a sus hijos con un cachete y era una práctica habitual defendida desde algunas corrientes pedagógicas» heredada de tiempos pasados tan terribles que en pueblos como Tolibia de Abajo se le dedicó un monumento al buen maestro a un docente que «utilizaba técnicas de este estilo». Un antiguo alumno le cortó la oreja de una pedrada el día de la inauguración.

   
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