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«Los grandes desafíos de la humanidad son también su gran oportunidad»

GUILLERMO REBOLLO / Diplomático


14/11/2017

 

cristina fanul | león

El leonés Guillermo Rebollo es el diplomático más joven de España. Con apenas 25 años, trabaja en los servicios centrales del Ministerio de Exteriores y aspira a representar a España en algún destino de Oriente Próximo o de Hispanoamérica. Define el mundo actual como lleno de incertidumbres. Y entre los mayores problemas de la geoestrategia mundial se refiere a los flujos migratorios desordenados, el terrorismo internacional y a la cuarta revolución industrial

—¿Por qué decide hacer la carrera diplomática?

—Ya desde que era pequeño quería ser diplomático y me imaginaba representando a España en países lejanos. Me apasionaba viajar, conocer otras culturas y otras lenguas, así que desde el principio me pareció que la Carrera Diplomática era la opción que mejor se adaptaba a mis inquietudes.

— ¿Le viene de familia?

—Lo cierto es que no. Soy el primer diplomático de mi familia.

—¿Tuvo una educación convencional?

—Considero que sí. Mis primeros estudios los realicé en el colegio Virgen Blanca y después me matriculé en Derecho en la Universidad de León. Además, al mismo tiempo empecé a estudiar Ciencias políticas en la UNED. En el último curso Derecho tuve la oportunidad de pasar un semestre de intercambio en la Universidad de Montreal (Canadá), lo que me ayudó a madurar la decisión de empezar a opositar nada más terminar el Grado en León. En mi formación los idiomas han tenido un papel muy importante. Desde pequeño mis padres se preocuparon por que mis hermanos y yo aprendiéramos bien inglés. Yo además desde la ESO he estudiado siempre francés y ya llevo varios años estudiando alemán y árabe, aunque todavía queda mucho por aprender.

—Es usted el diplomático más joven de España. ¿Cómo siente esa responsabilidad?

—Por una lado, como todo recién ingresado en la Administración, ahora tengo el deber de demostrar que el tribunal de oposición que me aprobó y me consideró apto para ser miembro de la Carrera diplomática, no se equivocó, sino que ciertamente eligió a los mejores. En mi caso, el hecho de ser el más joven, supone una responsabilidad añadida para probar que a mis 25 años puedo ser tan eficaz en el servicio a mi país como cualquiera de mis compañeros más mayores.

—¿Está en el OID o ya ha tenido algún destino extranjero?

—Actualmente trabajo Madrid, en la Subdirección General para México, Centroamérica y Caribe, aunque durante los meses de formación en la Escuela Diplomática pasé dos semanas de prácticas en el Consulado General de España en Argel. A partir del año que viene podría solicitar un destino en el extranjero, aunque por ahora creo permaneceré en España uno o dos años más.

—¿En qué países le gustaría trabajar? ¿Cuáles son las mejores embajadas?

—Siempre he tenido un especial interés por Oriente Próximo y la cultura árabe, por lo que destinos como El Líbano, Egipto, Jordania o Arabia Saudí serían apasionantes. No obstante, desde que trabajo en la Dirección General para Iberoamérica y el Caribe, soy más consciente si cabe, de las especiales relaciones que España mantiene con los países de América Latina, así que tampoco descartaría un puesto al otro lado del Atlántico. La verdad es que no hay por definición unas Embajadas mejores y otras peores. La embajadas se componen de personas, por lo que, en el fondo, hasta los destinos más difíciles y complejos pueden hacerse más llevaderos si hay un buen equipo de personas, sean diplomáticos o no, que trabajan estrechamente y se apoyan mutuamente.

— ¿Cómo cree que ha cambiado el mapa del mundo en los últimos diez años?

—Es cuestión compleja que está dando mucho que hablar a los expertos en relaciones internacionales relaciones internacionales. ¿Vivimos en una época de cambios o en un cambio de época? Quizás una de los conceptos más utilizados para describir el mundo de hoy es el de «incertidumbre». En los últimos años se han empezado a atisbar algunos de los desafíos a los que habrá que hacer frente a lo largo del siglo XXI: el cambio climático y la transición energética, los desequilibrios demográficos y los flujos migratorios desordenados, el terrorismo internacional o el impacto de las nuevas tecnologías en todos los ámbitos de nuestras vidas, dando lugar a lo que algunos ya han bautizado como la «cuarta revolución industrial». Sin embargo, no hay que olvidar que todos estos desafíos, de los que empezamos a ser conscientes, también pueden generar grandes oportunidades que no hay que desaprovechar.

— ¿Cómo es la vida de un diplomático y Cuánto tiene de brillo y cuánto de trabajo ‘farragoso’?

—Mi corta experiencia por ahora se limita la actividad en los servicios centrales del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación. Nuestro quehacer diario en Madrid está marcado por nuestra vocación exterior, aunque puesta en práctica desde España. La definición de la posición española en los asuntos internacionales, el seguimiento de la actualidad mundial, la preparación de reuniones y viajes o las tareas de coordinación con el resto de la Administración son, en términos generales, algunos de los puntos fuertes de nuestra actividad mientras estamos en España.

—¿Qué cualidades se requieren para ser un buen diplomático?

—Dada la versatilidad de la Carrera diplomática, son muchas las cualidades con las que debería contar todo buen diplomático. Personalmente yo señalaría tres. En primer lugar, flexibilidad, es decir, capacidad de adaptación. El hecho de tener que andar «con la casa a cuestas» cada cierto tiempo o la gran variedad de temas con los que tiene que tratar un diplomático (políticos, económicos, culturales, sobre seguridad y defensa, administrativos...) hacen de esta cualidad algo esencial. La discreción es otro elemento necesario en esta profesión pues, en ocasiones se trabaja con determinadas personas o sobre asuntos delicados o confidenciales que exigen del diplomático la debida reserva. Por último, creo que todo diplomático tiene que poseer una dosis de curiosidad a lo largo de toda su carrera que le estimule y anime a seguir trabajando por comprender mejor el mundo que nos ha tocado vivir.

Todo ello sobre la base de una vocación de servicio público y lealtad a tu país, que son los ejes transversales de cualquier funcionario y en especial, del diplomático.

 

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