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LEONESAS DE AYER Y HOY ROCÍO LEÓN ALLER

«Los puertos son de lo más hostil que hay con las mujeres»

 

marciano pérez -

08/05/2018

ana gaitero | león

Leonesa y catalana. O catalana y leonesa. Aunque Rocío León Aller nació en el pueblo sevillano de Constantina y tiene sangre cordobesa por parte paterna, las raíces las echó en León y en esta ciudad que dejó al filo de los 30 años hizo «todas las milis» en su carrera de fondo como militante fiel del socialismo y combativa feminista.

Cuando de pequeña una maestra llamada doña Olimpia explicó en clase el capitalismo y al día siguiente el socialismo, aquella chavala inquieta tuvo claro que lo suyo era lo segundo. «Y no entendía que alguien prefiriera el capitalismo», apostilla. En su casa no había tradición de militancia, pero la Casa de Asturias de la calle Santa Clara, cuyo bar regentaban su padre y su madre, era frecuentada por socialistas y ugetistas. Un día le dio por preguntar al chófer de Tejera, un constructor que también era socio y simpatizante de los socialistas, que cómo se podía apuntar al partido. «Lo primero hay que tener la edad», le respondió. De momento, le dijo podía ingresar en las Juventudes Socialistas, cuando las siglas eran JJ. SS.

Fue dicho y hecho. Se presentó en la sede del Crucero, aquel piso alquilado a Tejera en el barrio ferroviario. «Al fondo , a la izquierda», le indicó el hombre de la puerta. Cuando firmó la ficha preguntó si hacían viajes para ir a Nicaragua. «Yo quería cambiar el mundo», recuerda con esa sonrisa permanente que la acompaña. Le dijeron que no, pero se quedó. Y empezó su mili en la política.

Llegó a ocupar cargos de responsabilidad en las Juventudes y con el tiempo fue fichada para la primera ejecutiva provincial de José Luis Rodríguez Zapatero. «Estaba trabajando cuando me llamó Ricardo para que me presentara a la clausura del congreso porque iba en la ejecutiva», recuerda.

Pero sin duda, la etapa que con más cariño guarda en su memoria y una de las que forjaron su personalidad fue cuando se convirtió en portavoz de la coordinadora de estudiantes de León y de Castilla y León y una de las líderes de la plataforma que a nivel nacional plantó cara al gobierno socialista y al ministro Maravall en demanda de reformas educativas.

Aunque en el pie de foto de El País pusiera lo contrario, fue Rocío León quien le entregó al ministro de Educación el boli para firmar los acuerdos con los que los estudiantes de enseñanzas medias sellaron la paz y neutralizaron las barrabasadas del cojo Manteca. «Era un boli de la escuela Jaime Vera y recuerdo que me dijo: yo fundé esa escuela».

Tal y como dijo Eduardo Aguirre en una de sus columnas, pretender que Rocío León estuviera «calladita y sumisa» era una utopía. Y aún lo es. Si en aquel León de los ochenta se enfrentó a los suyos por defender sus principios y la quisieron linchar políticamente, ahora en Cataluña, en Tarragona, no se calla la boca frente a la deriva del independentismo y canta las cuarenta a sus compañeros de la UGT por la postura que mantiene.

Se fue de León «por lo mismo que se va ahora la gente» y sobre todo porque quería bucear y vivir cerca del Mediterráneo. Por entonces ya había dejado el oficio de camarera, siguiendo los consejos de su madre, y trabajaba en seguridad privada. Le negaron el traslado «porque era mujer y en edad fértil» y se despidió.

En Tarragona trabajó en Port Aventura, en la empresa que construyó la química y luego en la nuclear, hasta que después de varios contratos eventuales opositó al cuerpo de Policía Portuaria. Doce años lleva en el oficio y es la única agente de plantilla. «Puertos es un sector muy masculinizado y de lo más hostil que hay con las mujeres». Ha peleado desde la erradicación de los calendarios con mujeres desnudas en los espacios comunes hasta el uniforme con pantalón femenino. «Me decían que era unisex. Unisex, sí. Pero masculino», recalca.

Como representante de la FesMC, actualmente es secretaria de Igualdad en Tarragona y representante del sector a nivel estatal, impulsó la redacción del plan de igualdad de los Puertos del Estado, aunque lamenta que no se avance apenas por falta de interés. «Sólo he tenido una compañera en la policía y en cuanto pudo se fue a oficinas. Yo, ahora mismo, porque estoy liberada, si no sé cuánto aguantaría: Sólo te respetan si llegas echando tacos y escupiendo en el suelo».

Rocío León Aller viajó este fin de semana a la ciudad a unas jornadas de la asociación Clara Campoamor sobre prostitución y vientres de alquiler, prácticas que combate con su fervor feminista y socialista. Es fundadora de la asociación Mujeres Federalistas y hoy cumple 52 años.

   
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