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Millones de abejas desaparecen en el mundo sin que se conozcan las causas

 

patricia biosca | madrid
09/09/2012

Albert Einstein vaticinó en su día: «Si la abeja desapareciera de la superficie del globo, al hombre solo le quedarían cuatro años de vida: sin abejas, no hay polinización, ni hierba, ni animales, ni hombres». En el año de las teorías apocalípticas, esta frase comienza a tomar cuerpo, ya que desde el 2000 las colmenas de todo el mundo están viéndose diezmadas sin causa conocida, provocando ansiedad en apicultores y agricultores que dependen de este insecto.

Las consecuencias de la desaparición de las abejas no solo conllevarían la pérdida de los productos creados directamente por las abejas —miel, cera o polen—, sino también entornos y campos de cultivo: el 35% de la producción agraria depende de ellas, además de servir de equilibrio a muchos ecosistemas que no existirían sin su interacción. Los países del sur de Europa dieron la alarma, pero no fue hasta hace 7 años, cuando el problema afectó a EE.UU. y saltó a los medios de comunicación. Desde entonces se buscan los orígenes de este fenómeno, el cual parece tener múltiples causas. «Creemos que existen tres posibles razones.

La primera parece estar motivada por la acción de la ‘Varroa destructor’, un ácaro que infecta a las abejas y la debilita hasta acabar con la colmena. Si no se trata, puede hacer que ésta muera en dos o tres años», explicó Mariano Higes, investigador principal del Centro Apícola de Marchamalo (Guadalajara), laboratorio referente en Europa.

Existe en la actualidad un programa nacional para combatir esta infección, pero el tratamiento a veces no es efectivo por su incorrecta aplicación.

Otro del culpable de la desaparición de las abejas es el microhongo ‘Nosema ceranae’. «Es un patógeno emergente es un parásito exótico que solo afectaba al tipo asiático, pero que puede haberse contagiado a la ‘apis melífera’ —abeja de miel—», expone el experto.

El último condicionante que apunta el investigador son los insecticidas de tipo neocotinoide: actúan sobre el sistema nervioso de los animales que perjudican los cultivos, también a las abejas. «Sin embargo no hay estudios que certifiquen la relación directa de este tipo de sustancias y el Síndrome de Desabejado, pero se puede demostrar que este motivo sea el único», aseguró el investigador.