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El papa condena la «orfandad espiritual»

Francisco critica la pérdida de lazos como la familia Insta a recuperar la capacidad de la ternura, el asombro y la piedad.

 

El papa Francisco, ayer, durante la misa de Año Nuevo en San Pedro. ANGELO CARCONI -

02/01/2017

efe | vaticano

El papa Francisco celebró ayer la primera misa de 2017 y aprovechó la ocasión para condenar con dureza «la corrosiva enfermedad de ‘la orfandad espiritual’», «un cáncer que silenciosamente corroe y degrada el alma» y que trae consigo «vacío y soledad». Jorge Bergoglio realizó estas reflexiones ante miles de fieles de diversas partes del mundo que acudieron a escuchar sus palabras a la Basílica de San Pedro del Vaticano en el día en el que la Iglesia festeja la Jornada Mundial de la Paz, este año bajo el tema «La no violencia: un estilo de política para la paz». En su homilía, Francisco criticó lo que denominó «orfandad espiritual, «un cáncer que silenciosamente corroe y degrada el alma». «La pérdida de los lazos que nos unen, típica de nuestra cultura fragmentada y dividida, hace que crezca ese sentimiento de orfandad y, por tanto, de gran vacío y soledad. La falta de contacto físico (y no virtual) va cauterizando nuestros corazones, haciéndolos perder la capacidad de la ternura y del asombro, de la piedad y de la compasión», subrayó.

Narcisismo

Para Francisco, las sociedades modernas se enfrentan a un desafío que deben evitar: sucumbir a esta «orfandad espiritual» que aparece cuando se apaga «el sentido de pertenencia a una familia, a un pueblo, a una tierra, a Dios». Esta actitud, expuso, «gana espacio en el corazón narcisista que sólo sabe mirarse a sí mismo y a los propios intereses y que crece» cuando el ser humano se olvida «que la vida ha sido un regalo». El pontífice argentino señaló que «la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes», y afirmó que «no es necesario maltratar a otros para sentirse importantes». «Solamente dentro de una comunidad, de una familia, las personas podemos encontrar ‘el clima’, ‘el calor’ que nos permita aprender a crecer humanamente y no como meros objetos invitados a ‘consumir y ser consumidos’», apuntó. «No somos mercancía intercambiable o terminales receptoras de información. Somos hijos, somos familia, somos Pueblo de Dios», agregó.

   
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