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El techo de cristal de los laureles académicos

Sin doctoras honoris causa en la ULE. En casi 40 años de existencia de la Universidad de León ninguna mujer ha alcanzado el máximo título honorífico, que se ha otorgado hasta ahora a 50 científicos, humanistas, escritores, artistas, políticos y empresarios. La UVA cuenta con siete, Salamanca con cinco y Burgos también tiene el contador a cero..

 

Victoria Camps fue investida doctora honoris causa el pasado mes de mayo en la Universidad de Salamanca. J. M. GARCÍA -

03/07/2018

ana gaitero | león

Si a las mujeres les costó siglos en llegar a estudiar en la universidad, en España las pocas que franquearon las puertas de la academia antes de 1910 lo hicieron con permiso gubernativo, conseguir sus reconocimientos está siendo igual de lento.

Las doctoras honoris causa reconocidas en la universidad española apenas pasan del 15% en términos globales, siendo un poco más elevada en la universidad privada (20%) que en la pública (14%), según datos del Instituto de la Mujer.

En algunas universidades, como es el caso de la leonesa, las mujeres aún son invisibles a la hora de ser propuestas para las distinciones de honoris causa. En casi 40 años de andadura, la ULE ha designado a 50 hombres desde científicos a políticos, escritores, artistas e incluso empresarios. Pero ninguna mujer.

Ni siquiera en la última tanda, que ha aprobado la concesión del grado de Doctor Honoris Causa a Luis García Zurdo, Horacio Capel Sáez y Diego Manuel Luzón Peña. No hay un responsable concreto y son todas las áreas de conocimiento, puesto que las propuestas salen de los departamentos. En este último caso de Patrimonio Artístico y Documental, Geografía y Geología y Derecho Público, respectivamente.

El Seminario Interdisciplinar de Estudios de Género de la ULE no ha planteado nunca esta cuestión, admite una de sus fundadoras, la catedrática Ana Isabel Blanco. Y la unidad de igualdad de la ULE, cuyo reglamento se aprobó hace apenas un año por la Junta de Castilla y León, no tiene aún una estructura organizativa, aunque depende del vicerrectorado de Responsabilidad Social, de Cultura y Deporte.

La profesora Adelina Rodríguez Pacios hace notar esta ausencia de mujeres en su tesis doctoral sobre las trayectorias laborales de catedráticos y catedráticas en la Universidad de León, en la que aconseja que «se piense en mujeres a la hora de hacer propuestas para doctores honoris causa y también para conformar mesas de debate y otras actividades», explica.

La Universidad de León cuenta con un 55,89% de profesores frente al 44,11% de profesoras, un equilibrio favorecido según Rodríguez, por el hecho de que «es una universidad joven y además tenían un gran peso las titulaciones con presencia mayoritaria como eran las diplomaturas».

Pero en la cúspide, o sea, en las cátedras predomina la presencia masculina. En 2014, fecha en la que elaboró su tesis, había un 19.59% de catedráticas en la ULE, una cifra no muy alejada del resto del país que se situaba en el 20,7%.

En León las cifras no han variado puesto que no ha habido convocatoria de cátedras. Se espera una próximanente. Se dan casos curiosos como que una mujer ocupe la única cátedra de un departamento, como es el de Didáctica, que ostenta Isabel Cantón Mayo, y otros que reflejan la desigualdad total: tres cátedras ocupadas por otros tantos varones en Historia y nueve también en manos masculinas en Filología Hispánica y Clásicas. Otro tanto ocurre en Económicas, con cinco cátedras de las que son titulares otros tantos hombres.

Llegar ahí arriba es complicado, mientras que doctores y doctoras tardan por término medio cuatro años en alcanzar este grado, las mujeres tardan menos en obtener la titularidad en la universidad como docentes, pero las que han conseguido una cátedra han empleado mucho más tiempo. El menor apoyo académico y las barreras de la conciliación familiar y laboral planean sobre las carreras de la mayoría de estas mujeres, según la encuesta que realizó Adelina Rodríguez Pacios para su tesis.

La mayoría de las mujeres catedráticas de la Universidad de León habían solicitado permisos o excedencias por cuestiones familiares, algo que la Aneca penaliza porque «premia carreras ininterrumpidas», señala la profesora.

El «pacto entre pares», el apoyo explícito que los hombres se dan tanto citándose en las investigaciones como en otros ámbitos, es otra ventaja de la que no gozan las mujeres. «Nosotras, salvo excepciones, no nos citamos», apunta.

una santa y una reina

El panorama de los honoris causa en las otras universidades públicas de Castilla y León tampoco es boyante para las mujeres. La nómina más alta de títulos honoríficos al sector femenino de la academia la tiene la Universidad de Valladolid, con siete doctoras honoris causa, que suponen un 10% del total. La reina Sofía, en 1986, encabeza la lista de los honores femeninos.

Detrás de la monarca fue Rosa Chacel, la escritora vallisoletana, quien recibió el honor en 1989. A Sheila Sherlock se lo concedieron en 1994, seguida de Michelle Aymard en 2004, Margarita de Borbón en 2009, Nicole Dacos Crifó en 2011 y Marina Subirats en 2018.

La Universidad de Salamanca, que cumple este año su octavo centenario, cuenta con cinco doctoras honoris causa entre los 151 grados que ha concedido desde 1922. Curiosamente la primera en recibirlo fue Teresa de Jesús y Ahumada.

Esta mujer excepcional, que también es doctora de la Iglesia desde 1970, y de quien se dice que es oriunda de León, y más en concreto de La Cepeda, fue adelantada a su tiempo y pionera en recibir los honores de la academia salmantina.

Pero el referente de la santa no sirvió de llave para abrir la puerta a otras mujeres sabias. Entre Teresa de Cepeda y la siguiente galardonada, la científica noruega Kirsten Kjelsberg Osen, que recibió el título en 1996, pasaron tres cuartos de siglo.

Diez años más tarde, María Telo, jurista que impulsó leyes fundamentales para las mujeres españolas como el divorcio, la emancipación marital y la potestad compartida, fue distinguida con los el birrete, el anillo, los guantes y el libro que simbolizan el honor más distinguido de la universidad.

Otro decenio largo ha transcurrido hasta que se lo otorgaron a las catedráticas Victoria Camps y Adela Cortina, dos reconocidas filósofas y activistas de los derechos humanos y la causa feminista. Fue en mayo cuando ambas recibieron el máximo título honorífico en la Universidad de Salamanca.

La Filosofía, que «era una carrera de mujeres y ha dejado de serlo», dijo Camps a su paso por Salamanca, sigue teniendo «ese techo de cristal que se nota en algunas cosas», y una de ellas son los cargos de doctora honoris causa.

En la Universidad de Salamanca está propuesta también para el título de doctora honoris causa Rebeca Grynspan, secretaria General Iberoamericana,

Un techo que algunas universidades más que de cristal parece de acero. Es el caso de la leonesa y también de la de Burgos, fundada en 1994, y que entre la nómina de diez doctores no ha incluido a una mujer hasta el momento.

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