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La ‘turismofobia’ cuestiona el maná

El libro ‘Exceso de equipaje’, de Pedro Bravo, cuestiona un fenómeno de masas barato que tiene una ‘cara b’, la de los trabajadores del sector que cobran sueldos muy bajos.

 

‘Symphony of the Seas’, el crucero más grande del mundo, en Palma. CATI CLADERA -

16/04/2018

Álvaro soto | madrid

Un día de mitad de agosto de 2014, todos los telediarios españoles abrieron con las imágenes de tres turistas italianos, completamente desnudos, corriendo por el barrio de la Barceloneta, en la ciudad condal. Ese fue el momento en que Barcelona comenzó a decir basta al turismo de borrachera, pero no solo eso: también fue entonces cuando una parte de la sociedad española empezó a cuestionarse si el turismo era de verdad un gran maná de riqueza y bienestar o, en cambio, tenía una ‘cara b’ que nadie quería mostrar. Sobre este lado oscuro del turismo reflexiona Exceso de equipaje (Debate), una aproximación poliédrica del periodista y escritor Pedro Bravo al fenómeno de masas más importante del siglo XXI.

Con multitud de datos y un tono divertido e irónico que el lector agradece, Bravo no niega que viajar sea un factor de desarrollo personal y económico de primer orden. «Pero igual no es tan buen invento como nos han dicho. Si en España llevamos tanto tiempo practicando el turismo (somos el segundo país que más visitantes recibe, tras Francia) y el turismo es tan beneficioso, deberíamos ser una gran potencia económica. Y no lo somos», argumenta el escritor, que aporta datos como este: Lérida, una provincia dedicada principalmente a la agricultura, tiene un PIB per capita mayor que el de las Islas Baleares, uno de los grandes focos del turismo nacional.

Pero aquí está una de las claves: cómo es ese empleo. «Ir de vacaciones, volar, una habitación de hotel... Todo es barato en comparación con otras épocas. La cuestión es que si eso es barato es porque alguien al otro lado, un piloto, una azafata o una camarera de habitación, está cobrando muy poco. No lo queremos ver porque nos estamos dando una satisfacción y cuando hacemos un viaje pensamos que nos lo merecemos, porque la vida diaria es muy dura».