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Venid y veréis

 

Liturgia dominical Jesús Miguel Martín Ortega
13/01/2018

Advertía José Ortega y Gasset, ya hace más de medio siglo, que de tanto preocuparnos de lo exterior vivimos enajenados, descentrados del propio yo personal. Tanta superficialidad impide una vida verdaderamente humana. Cuando hablamos de calidad de vida lo hacemos frecuentemente refiriéndonos a las circunstancias que nos rodean y pocas veces a cualidades y valores interiores de la persona. Con ello, se devalúa todo lo que afecta a la interioridad y aparece el fantasma de la alienación. En buena medida, la crisis social que padecemos tiene que ver con esta vida superficial y alienada.

Han desaparecido los ideales, las utopías, los «grandes relatos»… y con ellos, el sentido de la vida. Poco a poco, nos vamos conformando con lo que hay, con el próximo fin de semana o la próxima oportunidad de escapada; todo sin demasiado relieve, todo muy plano, muy intrascendente.

La experiencia de la fe, que nos describe el evangelio de este domingo es diametralmente opuesta. Existen experiencias en las que parece pararse el tiempo. Los dos discípulos de Juan Bautista que, por indicación de éste, siguieron a Jesús, vivieron una experiencia única: se encontraron con el Señor y se les paró el tiempo. «Eran las cuatro de la tarde». Bastaron unas breves palabras, las primeras palabras de Jesús que recoge el cuarto evangelio, para que cambiara radicalmente sus vidas. «Venid y lo veréis».

En medio de la superficialidad reinante necesitamos envites de trascendencia; necesitamos experiencias capaces de detener el tiempo; necesitamos acoger la invitación del divino Maestro que nos dice: «Venid y veréis». De esta vivencia y cercanía con el Señor nace una fe renovada, con empuje misionero, una fe que es don y respuesta a una llamada. El presente Año pastoral diocesano vocacional toma por lema esta frase para destacar que la fe no es costumbre, sino experiencia vital de intimidad con el Señor: una vocación que da origen a otras vocaciones.

   
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