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arturo garcía | Parandones

Vinos desde el amor a la viña

Dos hijos de quien le puso nombre defienden la actividad de esta sociedad de marcado carácter familiar. Desde el compromiso de Javier y Arturo,la actual bodega nació de la reinterpretación de la actividad en torno a la viticultura, documentada desde mucho tiempo atrás.

 

Vista general de Parandones, con la bodega de Arturo Garcíaen el centrode la imagen,al pie dela autovíadel Noroeste. - B. fernández

Rafael Blanco
06/04/2012

mapa de situación de la bodegaAfirma Arturo García que quien no va a ver las cepas cada día a primera hora de la mañana tiene muy poco que ver con la viña. No lo dice directamente él al visitante ocasional, porque es hombre de pocas palabras, las justas, y muchas reflexiones, las convenientes. Pero es algo de lo que ha sabido transmitir a sus hijos. Algo, porque lo demás está contenido en esas máximas que son santo y seña de la primera bodega de Parandones, una empresa familiar cuya relación con la viticultura, con el vino en general, se pierde en el tiempo. Sin embargo, y por situarse más próximos en el tiempo, Arturo García Viñedos y Bodegas SL es lo que es desde 1998, fecha de constitución de la sociedad que tiene su sede en la bodega en la que elabora desde principios de la década pasada, concretamente desde el 2002. Unas instalaciones modélicas, suficientes todavía y suficientemente dotadas de medios técnicos para la elaboración y la crianza.

Veinticinco hectáreas de viñedo propio —tres de ellas todavía de nueva plantación, pero sobre todo cepas centenarias ubicadas en los mejores parajes de Parandones, Otero, Corullón y Villafranca del Bierzo, en cualquier caso a pie de bodega— y amplios horizontes comerciales permiten a Arturo García ofertar uno de los catálogos de producto más extensos entre las bodegas bercianas de este tipo.

Máximo cuidado del viñedo, siempre bajo la supervisión del patrón, limpieza, orden, criterio, racionalidad en todos los aspectos y control muy directo de la comercialización. Esas son las máximas que se impone la bodega, impecable también en la imagen que transmite al exterior a través de la comunicación, por supuesto, pero sobre todo en la presentación de sus vinos, un aspecto bajo continua revisión.

Recuperados después de años los Hacienda Elsa (godello y mencía jóvenes) como vinos de acceso y de distribución a través de una gran red de centros comerciales con implantación en todo el noroeste, suman nueve las especificidades del catálogo: dos Hacienda Sael para blanco (15.000 botellas; 4,50 euros en bodega) y tinto joven (70.000; 4,50) de superior calidad y ya todos los demás como Solar de Sael. La etiqueta bandera de la bodega ampara sólo tintos de más larga elaboración: barrica, crianza (20.00; 9,50), reserva (22.000; 10,00) y gran reserva (15.000; 12,80). Éste, con 26 meses en barrica y nacido de la vendimia del 2003, es casi una excepcionalidad en el mencía berciano. Lo es sin duda el Sael Selección, un vendimia escogida con 16 meses de crianza en roble francés de primer uso, corta producción (4.000 botellas) y un precio (150 euros) que eleva hasta lo más alto el nivel de exigencia. Está todavía en el mercado el 2005 y en el transcurso del año aparecerá el 2007. No habrá 2006 porque la exigencia empieza precisamente en la viña.

Bajo la creencia firme de que en el Bierzo «nunca se había elaborado a este nivel de calidad», la bodega se desmarca de la tendencia que desvía el consumo exclusivamente —obsesivamente— hacia los tintos jóvenes. «Es un error renunciar a ese segmento del mercado. En el extranjero las menciones de reserva y gran reserva son marca de calidad y no podemos perderla».

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