jueves. 01.12.2022
Roberto Fernández | Director del Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León (MSM), en Sabero

115 años dando voz a las tierras mineras

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A mediados del siglo XIX los vecinos del Valle de Sabero vieron alterada su vida por un acontecimiento que marcó el devenir de buena parte de León durante más de siglo y medio. La tormenta industrial que se extendía por Europa, empapando sus tierras con nuevos inventos y métodos de producción y haciendo florecer multitud de fábricas, descargaba un pequeño aguacero sobre esa zona, haciendo surgir la primera industria siderúrgica moderna del país.

Decenas de obreros y técnicos, españoles y extranjeros, se asentaron en el valle y levantaron la colonia industrial de la Ferrería de San Blas.

La riqueza que atesoraba la provincia bajo su superficie se puso en valor, transformándose las materias primas en el mismo lugar de su extracción, generando nuevas actividades económicas y creando valor añadido, algo poco común en la historia de la provincia, donde el aprovechamiento y transformación final de sus materias primas y productos se realiza lejos del lugar de origen.

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Otro de los problemas crónicos de León, sus limitadas comunicaciones, acabó con el sueño industrial de San Blas, del que sólo quedaron imponentes edificios abandonados y la experiencia que dio lugar a una nueva etapa, la de la minería, que tiñó de negro media provincia.

San Blas dio nombre a la ferrería, al construirse a los pies de la ermita consagrada a este santo. Y San Blas también acogió el nacimiento del DIARIO DE LEÓN, cuyo primer número vio la luz un 3 de febrero de 1906, día de su festividad.

En ese año León ya era tierra minera. Dos grandes empresas, Hulleras de Sabero y Hullera Vasco Leonesa, crecían vertiginosamente junto a decenas de pequeñas sociedades que se multiplicaban al calor de un negocio que se movía tan rápido como los trenes que alimentaba.

La década siguiente vio el nacimiento de la Sociedad Minero Siderúrgica de Ponferrada, un gigante que transformó El Bierzo y Laciana y los vertebró con un ferrocarril cuyo vapor muchos anhelan volver a ver. Es la historia de estas vías, por las que sólo transita la nostalgia, común a nuestro patrimonio industrial, al que abandonamos en su esplendor y recuperamos en su ruina cargados de mala conciencia y abundante presupuesto.

Miles de obreros, de España y de otros países, llegaron a las cuencas en aquellos años. Sus nombres se han olvidado y apenas se recuerdan los de empresarios importantes como Lamelas Viloria, López, Corral, Torre… todos cambiaron el paisaje humano. Y pozos, castilletes, lavaderos, escombreras, líneas de ferrocarril, viviendas, hospitales, escuelas, economatos o cines, mutaron el paisaje natural de las cuencas.

La vida de esta nueva provincia minera discurrió paralela a la del DIARIO DE LEÓN, aunque desgraciadamente su muerte anticipada no ha permitido que celebre de igual modo sus ciento quince años.

Sus páginas han sido testigo de los principales acontecimientos en el sector minero. Los buenos: apertura de pozos, planes de modernización, construcción de térmicas y fábricas de cementos o la visita de autoridades que prometían un futuro sin fin. Y los malos: accidentes mortales que han dejado sin ese futuro prometido a cientos de mineros, huelgas, encierros y manifestaciones y el goteo de cierres anticipando el final de todo un sector y una forma de vida vinculada a él.

Después de varias crisis que mermaron el sector, el primer gran buque de la armada minera, el Hulleras de Sabero, comenzó a hacer aguas en 1991 y se fue a pique sin que se supiera bien la causa. Muchos de sus ocupantes llegaron a la orilla en las barcas de la prejubilación, tierra firme laboral que se convertiría en isla desierta. Otros buques recogieron los restos del naufragio para hundirse también llevándose al fondo miles de empleos, ayudas millonarias y la esperanza de unos lugares que sólo conocían esta vida de olas negras.

DIARIO DE LEÓN contó el fin de esta armada invencible, que había sobrevivido más de un siglo a mil zozobras, pero no pudo con los piratas llegados a puerto con carbón barato manchado de indignidad, con los corsarios de patente oficial para acabar con la electricidad generada con carbón y con los bucaneros del falso ecologismo que ven con su ojo bueno el humo de la térmica local y ocultan con su parche la vista de las centrales contaminantes que traen la electricidad del otro lado del estrecho.

Esos restos del naufragio salpican hoy las cuencas, como recuerdo de un pasado del que sentirse orgullosos, aviso de la deuda contraída con tanto esfuerzo y sacrificio de quienes nos precedieron, señal de la obligación moral de conservarlos y protegerlos y esperanza de que estos lugares saben recuperarse y salir adelante porque ya lo han hecho más de una vez.

El Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León tiene la misión de contribuir al conocimiento y el reconocimiento de la cultura y el trabajo minero, y el DIARIO DE LEÓN le acompaña cada día en esta labor de forma profesional y generosa haciéndola visible en sus paginas centenarias. Gracias por ello y felicidades por un aniversario que es de todos.

VIDAL

115 años dando voz a las tierras mineras
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