viernes 7/5/21
Jesús Álvarez Courel | Director de la Biblioteca de Ponferrada

La economía de las culturas

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Al DIARIO DE LEÓN se le pueden recriminar algunos errores a lo largo de estos 115 años de existencia, pero nunca su tenacidad a la hora de defender los valores de nuestra tierra y, en las últimas décadas, con un inusitado vigor identitario frente a los molinos de viento de Pucela. Abrir espacios para el debate y reflexión, en una época de crisis como la que vivimos, es una buena táctica, aunque en León dependemos más de la suerte o de individualidades, que de proyectos que supongan trabajo en equipo. Soy de los que piensan que el cine, la literatura o la música han sido factores determinantes en el desarrollo económico de muchos países. Que se lo digan a Inglaterra o Estados Unidos, que primero enviaban a James Dean o a los Beatles, para después vendernos pantalones vaqueros o la moda británica, que desbancaba a todos en los años sesenta. En nuestro caso, somos capaces de crear y llevar a cabo valiosos proyectos culturales, como el Premio Leteo en León o la Semana de la Radio en Ponferrada, para luego dejarlos morir sin echar una lágrima.

Si en materia cultural somos inconstantes, con el turismo eludimos estudio y planificación, y por tanto al ser una actividad económica inestable, estacional y no almacenable, sirve de poco si no lo asociamos al desarrollo de otros recursos (abundantes en el patrimonio de nuestra provincia), con lo que se evitarían las tensiones propias de la industria turística. Una de las muchas clasificaciones sobre el turismo establece principalmente cinco categorías: cultural, recreacional, de salud, deportivo y de conferencias, además de otras subcategorías y motivaciones individuales o grupales que desarrollan en detalle los sistemas turísticos actuales. Sería de agradecer que quien tiene capacidad para gestionar esas potencialidades, realizara estrategias y creara modelos adecuados para gestionar con eficacia este importante recurso social, cultural y económico. Así se da la paradoja de considerar una botillada (donde principalmente asisten al ágape los residentes de la comarca), como fiesta de interés turístico nacional o la de propiciar una marca como Valle del Silencio anunciando el deseo de una llegada masiva de viajeros. Los recursos turísticos se deben aprovechar en la medida aconsejable y con propuestas estudiadas.

En esta provincia existen muchos bienes de interés cultural, algunos declarados Patrimonio de la Humanidad, como el Camino de Santiago y Las Médulas. En ninguno de los dos se ha logrado consenso para gestionar adecuadamente sus valores culturales, ni tampoco para alcanzar el soñado progreso sostenible, sin las interferencias que actualmente (y desde hace muchos años) se producen entre visitantes y residentes. Si en dichos bienes no hemos avanzado mucho en su gestión (ni siquiera desde la prolija normativa, que al final se incumple), qué podríamos decir del patrimonio industrial —esencia de nuestra cultura en el pasado siglo—, abandonado por la administración autonómica y por los ayuntamientos. Y sin embargo, dentro de cien años, la central termoeléctrica de MSP o el Pozo Julia tendrán más visitantes que cualquier otro monumento.

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El conjunto de bienes producto de la actividad minera del carbón es el ejemplo contemporáneo más elocuente de la intervención del ser humano en la transformación del territorio. El conjunto de arquitecturas, obras de ingeniería, material documental y técnico reflejan la memoria de nuestra revolución industrial y aporta un valor simbólico que nos permite entender un modelo de vida donde se clasifican, de manera singular, actividades y personas.

Trabajar en la valorización de los símbolos de esta etapa industrial es apostar por algo en lo que somos únicos. En distintas zonas de la provincia podemos realizar un viaje de dos mil años, del oro al carbón, desde los yacimientos auríferos romanos a las explotaciones de wofram, hierro y carbón, que transformaron paisaje, cultura y sociedad. Y un ejemplo extraordinario es el ferrocarril de la Minero Siderúrgica de Ponferrada. La recuperación de este trazado ferroviario con fines turísticos y culturales, supone uno de nuestros mayores retos, combinando cicloraíles con trenes de vapor. Las estaciones y apeaderos podían ser hoteles rurales, restaurantes, tiendas, centros de ocio, etc. Una ruta para disfrutar de actividades al aire libre en un espacio único con importantes valores históricos, culturales y de naturaleza.

Con un turismo de calidad sería más fácil alcanzar el viaje a alguna parte, en particular al que despierta la imaginación, que nos enseña y que nunca vamos a olvidar

El conjunto de las instalaciones mineras del Bierzo y Laciana, con la rehabilitación del Pozo Julia de Fabero como centro de conocimiento de la actividad minera, junto a otros proyectos en instalaciones industriales de Toreno o Villablino, acompañarían a las ya existentes del Museo de la Minería de Sabero o el Museo Nacional de la Energía en Ponferrada, hoy a medio hacer. Con la apuesta decidida por este fenómeno diferenciador, con un turismo de calidad, sería más fácil alcanzar el viaje a alguna parte, en particular al que despierta la imaginación, que nos enseña algo y que nunca vamos a olvidar. Había que hacer algo...

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