martes 15/6/21
José Luis Alonso Ponga | Departamento de Prehistoria y Antropología Social de la Universidad de Valladolid

El abuelo Eladio

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El abuelo Eladio se suscribía al DIARIO DE LEÓN desde los Santos hasta pasado San Marcos. El resto del tiempo no podía leerlo como a él le gustaba, porque las sementeras, bimas y después las interminables madrugadas del verano quitaban las ganas de leer. A Alcuetas llegaba la prensa con el correo, es decir, que las noticias frescas las conocíamos en el pueblo al día siguiente. Eso si no llovía mucho y el cartero no podía entrar por el camino de barro pegajoso. Pero, sin embargo, ya era un adelanto, porque a comienzos del siglo pasado, antes de estas suscripciones llegaban a la parroquia periódicos, revistas y boletines una vez por semana que el cura leía en los portales de la iglesia previa obligada y caritativa censura.

El abuelo Eladio, que había nacido en Villabraz, era de natural inquieto y amante de la cultura. Sin duda debía esta curiosidad al maestro de la Institución Libre de Enseñanza que tuvo en la escuela. A mí me maravillaba la amplia formación que tenía, no solo en historia, sino también en matemáticas, agrimensura e incluso nociones de derecho. Por eso leía todo lo que caía en sus manos y devoraba el DIARIO DE LEÓN.

Recuerdo el día en que, con motivo del Congreso Eucarístico de Castilfalé, salimos los de Alcuetas con foto y todo en la prensa. El periodista alababa el ramo de rosquillas que ofrecían las mozas al Santo Cristo del Amparo de la localidad anfitriona y el atuendo tradicional de la portadora. Se encargó de hacer circular por todo el pueblo la página donde nos citaban. Al año siguiente, lo sé de oídas porque ya estaba en Valencia de Don Juan con los agustinos, recorrió las calles de Alcuetas y se acercó hasta Fáfilas y Villabraz mostrando a la gente otra página en la que salía uno de sus nietos que había sido campeón provincial de catecismo en León recibiendo el diploma y la banda acreditativa nada menos que de manos del obispo Almarcha. La ocasión no era para menos. Es lo más alto a lo que ha llegado jamás un rapaz de Alcuetas. Y parece ser que podría haber llegado mucho más lejos, incluso a Roma, si no fuese porque Juan XXIII, entonces reinante convocó un concilio, y cayeron en desuso los certámenes de catecismo. Más adelante, me enteré de que el Papa Bueno convocó el concilio por intereses de la Iglesia y no, como se comentaba en los corrillos del mercado de los jueves en Valencia, yo creo que con desmesurada exageración patriótica para cortar la prometedora carrera catequética a un chavalín de Los Oteros.

El DIARIO DE LEÓN estaba omnipresente en toda la provincia. No había pared blanca en la carretera que veíamos desde el coche-línea que no invitase a leerlo. Era un máketing muy de la época en el que el DIARIO DE LEÓN se hacía acompañar en el paisaje de tapiales blanqueados de los cuadros sobre chapa coloreada anunciando gaseosas La Pitusa y la invitación a abonar con nitrato de Chile.

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El éxito y popularidad de la publicación diaria se basaba en la cercanía al pueblo. Contaba noticias de la capital, pero sobre todo hacía provincia. Narraba a los campesinos la vida y milagros de otros como ellos y, de vez en cuando, la ellos mismos. Creo que esta cercanía a la población le ha permitido seguir a la cabeza de la prensa escrita leonesa.

En la actualidad son destacables las páginas de opinión, donde los artículos de divulgación sobre historia, tradiciones y cultura rural contribuyen a dar a conocer lo particular de cada lugar. Filandón ha sido uno de sus grandes logros. Permite a estudiosos e investigadores poner al alcance del pueblo de una forma accesible las reflexiones más actuales sobre temas culturales que preocupan a la población.

Que veamos una provincia con tierras ricas, economía boyante y fuerte autoestima, y que lo consiga con el trabajo y la colaboración de todos, los políticos incluidos

El futuro del DIARIO DE LEÓN está en no desviarse del espíritu que lo vio nacer: ser el reflejo de los intereses del pueblo. Y lo será sirviendo de altavoz al clamor común contra el abandono de nuestra tierra por parte de los políticos leoneses (no hay que echar la culpa ni a Valladolid ni a Madrid de nuestra decadencia). Debe dar cabida a todas las opiniones que intentan comprender las causas reales de la presente decadencia y poner remedio; generar debates tendentes a crear conciencia crítica basada en el hecho de que o nos salvamos todos o esto se acaba; concienciar de que ya está bien que se lleven lo nuestro (también la lluvia, convertida en agua) sin dejar nada a cambio y que esto lo hagan por intereses de unos (de fuera) y el medro de otros y otras (de dentro) que colaboran con los poderes centralistas por unas migajas de gloria. El DIARIO DE LEÓN debe ofrecer los cauces necesarios para la creación de la identidad cultural y política, porque a mi juicio, solo tomando conciencia de lo que somos y de nuestro potencial como provincia podremos sobrevivir.

Que la próxima conmemoración que celebre el DIARIO DE LEÓN, la de los 125 años, vea una provincia con tierras ricas, economía boyante, fuerte autoestima y que esto se haya conseguido con el trabajo y la colaboración de todos, políticos incluidos.

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