martes 15/6/21
José Ramón Morala | Director de la Cátedra de Estudios Leoneses de la Universidad de León

Las lenguas de León y el Diario de León

MoralaEl leonés siempre ha contado con un hueco en la prensa, y de forma específica en el DIARIO DE LEÓN. Entre sus páginas las hay que presentan un interés especial en la medida en que recogen textos escritos en leonés, con lo que esto supone de presencia efectiva de una de las lenguas de León —por muy minoritaria que sea— en el medio de comunicación de mayor difusión de la provincia. Es el caso de alguna de las firmas habituales, que publican en esta lengua sus contribuciones. En la actualidad, la colaboración periódica más relevante es la que ofrece Roberto González-Quevedo, con una columna escrita en la modalidad correspondiente al pal.luezo o pachuezo —propia de Babia, Laciana y Alto Sil— que quincenalmente pone de manifiesto ante los lectores del DIARIO DE LEÓN la existencia de una variedad lingüística diferente al castellano que está bien enraizada en esa zona de la provincia y continúa estando vigente en determinados ámbitos sociales.  

No es, desde luego, la única muestra del leonés en la prensa escrita. Por citar solo otro ejemplo, hace ya años —en torno a 2005— la edición digital del periódico recogía una serie de colaboraciones de carácter literario, escritas todas en leonés, aunque siguiendo diversos modelos de la lengua histórica de León. La recopilación, bajo el nombre genérico de Las lenguas de León. Filando hestorias, la dirigía Emilio Gancedo, siempre interesado en este tipo de contenidos, y se definía como un espacio abierto a textos «escritos en cualquier variante lingüística hablada en las comarcas leonesas». Una magnífica iniciativa, de amplio espectro —tanto por la nómina de autores como por las perspectivas desde las que escribían, las modalidades lingüísticas utilizadas o la variedad geográfica que representaban, pues había colaboraciones no solo de León sino también de Zamora— que desafortunadamente no se encuentra ya accesible en la web.

Rara vez las noticias de actividades, congresos, cursos, eventos y publicaciones relacionados con el leonés han dejado de encontrar acomodo en las páginas del DIARIO DE LEÓN, que suele estar atento a estas manifestaciones y concederles un espacio relevante. Algo, si se quiere, casi natural, si tenemos en cuenta que los 115 años que celebra el periódico coinciden con los mismos 115 años de la publicación por Ramón Menéndez Pidal del libro El dialecto leonés, que, en cierto modo, puede considerarse el nacimiento para el mundo académico de la atención hacia este dominio lingüístico, actitud que ha perdurado desde entonces.

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El leonés, como lengua, surge, al igual que el resto de los romances, muchos siglos antes, al tiempo en que el latín se va desintegrando y dando lugar al conjunto de romances en los que se ha convertido en la lengua hablada. Pero el interés académico por esta modalidad romance casi puede decirse que se conforma a partir de la obra de Menéndez Pidal. Incluso algunos de los autores ya clásicos, como los Bardón, se inician en la literatura en leonés tras constatar el interés que muestra el filólogo. Este hermanamiento de fechas permitiría, a buen seguro, un trabajo interesante para determinar la postura de la sociedad leonesa ante la lengua patrimonial, postura que habrá quedado reflejada en los archivos del periódico, incluyendo defensas elogiosas, pero también pullas mordaces.

Al margen de la labor institucional, las actividades de asociaciones en defensa del leonés constituyen la mejor muestra del interés que suscita fuera del ámbito académico

Porque, dicho lisa y llanamente, la transformación de la sociedad leonesa ha sido completa en este lapso de tiempo. Y ello se refleja igualmente en la actitud ante la lengua. Si hasta mediados del siglo pasado los investigadores obtenían muestras efectivas del leonés por las distintas comarcas de León —y así lo reflejaron en los múltiples trabajos publicados—, los drásticos cambios de una sociedad básicamente rural —en la que, mal que bien, se había conservado la lengua patrimonial— hacia una sociedad moderna tienen necesariamente consecuencias en la lengua utilizada.

Sería una tarea vana intentar mantener la lengua en las condiciones en las que vivió durante siglos, sin tener en cuenta que la sociedad que la usaba ha cambiado radicalmente. Cuando la globalización llega hasta el último valle de nuestras montañas, una lengua minoritaria como el leonés parece tenerlo todo en contra. No es posible, desde luego, pretender que se conserven las circunstancias en las que se encontraron la lengua investigadores como Concha Casado, Guzmán Álvarez o Millán Urdiales, por citar algunos de los más reconocidos. Lamentarse sirve de poco, pero ¿se puede mirar al futuro con un cierto optimismo?

La Universidad de León, de acuerdo con la tradición académica mencionada, creó hace unos años la Cátedra de Estudios Leoneses (Cele) con el objeto de propiciar los estudios sobre el leonés en particular y sobre la cultura tradicional leonesa en general. Además de atender a la líneas de trabajo más convencionales (cursos o publicaciones), entendimos que era una oportunidad para adecuar a los tiempos actuales los estudios sobre el leonés. Por eso, buena parte de la actividad la centramos en crear contenidos digitales —accesibles en abierto y fácilmente consultables a través de Internet— que hicieran visible el leonés más allá de las habituales estanterías académicas. De ahí la recopilación de títulos en la Biblioteca de Estudios Leoneses, la publicación de vídeos con grabaciones en situación real de los hablantes o las publicaciones de obras de creación literaria. Y, como obra emblemática, la digitalización del Léxico del leonés actual, de J. Le Men, y su volcado a la red.

Al margen de la labor institucional —no solo de la ULE—, las actividades de algunas asociaciones en defensa del leonés son la mejor muestra del interés que el tema suscita fuera del ámbito tradicionalmente académico. La creación de obras decididamente modernas —desde diccionarios ilustrados para niños a la creación de vídeos y música en leonés, pasando por los nuevos medios digitales que tanto facilitan el uso público de cualquier lengua e incluso el uso habitual del leonés en las denominaciones comerciales de algunos negocios— dejan entrever una situación impensable hace cinco o seis décadas, cuando todo el mundo se resignaba a aceptar que el leonés tenía sus días tan contados como la sociedad rural que había sido su sostén durante un milenio.

VILLAQUILAMBRE

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