sábado 23/10/21
Therese Martin | Investigadora del CSIC y experta en el Tesoro Real de San Isidoro

León y los enigmas

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Esculturas excepcionales en un edificio románico de primera categoría, espacios parlantes de reinas e infantas poderosas, y si eso fuera poco, también un ambiente rebosante de vino tinto, mollejas y morcilla, pasteles de Canela… ¿Cómo no enamorarse de lo mejor de León, siendo una joven extranjera que aborda una tesis doctoral sobre San Isidoro?

Si en 2021 se conmemora un importante aniversario del DIARIO DE LEÓN —115 años desde que fue fundado—, también subraya un aniversario significativo para mi propia historia leonesa: hace veinticinco años empecé la tesis doctoral sobre el conjunto románico de San Isidoro de León. Ese trabajo se defendió en la Universidad de Pittsburgh (2000) bajo la dirección del gran hispanista John Williams, tristemente desaparecido en 2015. En aquella época no hubiera podido imaginar cuánto me encariñaría de San Isidoro ni de que regresaría una y otra vez a León en las sucesivas décadas para llevar a cabo una serie de investigaciones que han ido evolucionando a partir de los descubrimientos más inesperados.

Descifrar los enigmas de una construcción medieval a partir de las marcas de cantería me impulsó a seguir las estelas de las fundadoras de San Isidoro y de allí a ahondar en el magnífico tesoro con el que se dotó la institución, desde arquetas de plata, marfil, ágata o esmalte, hasta exquisitos tejidos de seda y oro elaborados en tierras lejanas. Antonio Viñayo († 2012), el abad que en el curso de mi tesis doctoral me había abierto todas las puertas de la casa isidoriana, me recibía en cada uno de mis regresos a León. Le gustaba interrogarme sobre las novedades de mis investigaciones y solíamos acabar charlando del papel desempeñado por las varias promotoras de San Isidoro. Aunque el venerable clérigo nunca llegó a aceptar del todo mi teoría de que la reina Urraca (r. 1109-1126) había sido entre las más importantes, le estimulaba reanudar el debate con cada visita.

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Ya profesora desde el año 2000 en la Universidad de Arizona, en 2005 pude iniciar a una nueva generación en la fascinante historia de San Isidoro. Organicé una campaña de trabajo en el lapidario isidoriano bajo los auspicios del abad Francisco Rodríguez Llamazares y el entonces director del museo, Constantino Robles. Durante una semana los cinco estudiantes que viajaron conmigo desde Arizona, junto con otros tantos de la Universidad de Santiago de Compostela, alumnos del medievalista José Luis Senra Gabriel y Galán, se pusieron manos a la obra para organizar, limpiar y catalogar 1.079 fragmentos escultóricos. La campaña fue financiada por la Fundación Kress y la Universidad de Arizona, y algunos de los resultados aparecieron en 2008 en Archivo Español de Arte (http://archivoespañoldearte.revistas.csic.es/index.php/aea/article/view/128), publicación que llamó la atención del DIARIO DE LEÓN por la reconstrucción hipotética de la desaparecida portada norte de la colegiata [enlaces DdeL].

En 2009 dejé atrás el desierto de Arizona para trasladarme a la capital de España, en donde tomé posesión de una plaza en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Actualmente soy Investigadora Científica del Departamento de Estudios Medievales y directora del grupo de investigación Redes de Poder en las Sociedades Medievales. Formamos parte del amplio grupo Historia Social y Cultural del Mediterráneo: contextos locales y dinámicas globales, que recientemente ha sido reconocido por el CSIC como Plataforma Temática Interdisciplinar (PTI). Los PTI han sido concebidos para aunar esfuerzos en la resolución de los retos globales, en nuestro caso el de reevaluar las relaciones entre contacto cultural y cambio social y cómo éstas han marcado la historia del Mediterráneo (https://pti-medhis.csic.es/).

Entre 2017 y 2019 mis investigaciones sobre el tesoro de San Isidoro volvieron a captar el interés del DIARIO DE LEÓN [enlaces DdeL]. Con el beneplácito del Cabildo y de los actuales directores del Museo, Luis García Gutiérrez y Raquel Jaén, mi equipo llevó a cabo por primera vez unos análisis técnicos en una selección de piezas conservadas en San Isidoro, junto con seis objetos que habían sido trasladados en 1869 desde León al Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Una de las sorpresas más sonoras nos la dio el bordado del Arca de San Isidoro, tejido sin parangón mundial posible. A través de la prueba de carbono-14 se ha podido fijar la fecha del bordado en el siglo X. Los resultados de la primera fase de investigación se presentaron en San Isidoro en septiembre de 2018 y se publicaron en un libro colectivo que se puede bajar libremente (https://doi.org/10.1163/9789004424593).

Descifrar una construcción medieval a partir de las marcas de cantería me impulsó a seguir las estelas de las fundadoras de San Isidoro y a ahondar en el magnífico tesoro de la institución

Financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, el proyecto se encuentra ahora en una segunda fase en la que el tesoro de San Isidoro se pone en comparación con otros tesoros de la península y más allá (http://cchs.csic.es/es/article/proyecto-dirigido-therese-martin-ih-investiga-tesoros-medievales-peninsula-iberica). En esta colaboración interdisciplinar que cuenta con quince investigadores procedentes de seis países, especialistas en historia del arte, arqueología, museología, musicologia e historia de la Edad Media—cristiana, islámica y judía—se investiga el sentido geográfico de los objetos, así como el papel de las mujeres como vectores del intercambio cultural.

Todas y todos los miembros del equipo estamos deseando que la situación sanitaria mejore pronto para poder reunirnos de nuevo y seguir con nuestra apasionante investigación. Una vía abierta hacia finales de 2020 es la del tesoro de San Rosendo en la Catedral de Ourense, a cuyo famoso ajedrez de cristal de roca se han unido los recién descubiertos «anillos milagrosos» (https://elpais.com/cultura/2020-12-30/cuatro-anillos-milagrosos-nueve-obispos-santos-y-un-aparato-de-rayos-x.html). La colección orensana ofrece un ejemplo cuya confrontación con la de San Isidoro arrojará luz no solo sobre estos tesoros sino sobre las conexiones interculturales y las actividades femeninas en la Edad Media.

En fin, una norteamericana nacida en el estado de Indiana, criada en Florida, formada académicamente en Boston y Pittsburgh, afincada en Madrid y después de veinticinco años de investigación sobre San Isidoro, también un poco leonesa. Gracias, León.

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