sábado 19/6/21
Francisco Carro De Lorenzo, Consejero Delegado de Tresca Ingeniería

Una nueva revolución industrial y social

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Francisco Carro De Lorenzo, Consejero Delegado de Tresca Ingeniería

En una época en la que todo va a gran velocidad y las cosas aparecen y pasan de moda en un abrir y cerrar de ojos ver una compañía como DIARIO DE LEÓN, que supera el siglo de vida con muy buena salud, es un placer para aquellos que vivimos a flor de piel el mundo empresarial e industrial.

Para mí, que he dedicado toda mi vida profesional a la ciencia y a la técnica, el DIARIO DE LEÓN fue, durante mis años de bachiller, allá por los ochenta, una fuente de información que alimentaba mi curiosidad científica con un suplemento que aparecía los jueves, llamado Ciencia, y que yo sustraía del periódico de mi padre para poder leerlo durante las clases de alguna asignatura aburrida. Con ello, el periódico me trajo alimento científico y, a buen seguro, algún castigo por no ser un alumno obediente.

Puestos a hablar de cumpleaños, la empresa que yo fundé en mi juventud, y que sigo teniendo el placer de dirigir, en este 2021 cumple veinte años de existencia y aunque lejos de los 115 de DIARIO DE LEÓN, ya hemos pasado la mayoría de edad y, por tanto nos hemos ganado el derecho a opinar.

León se encuentra en un momento en el que las circunstancias han hecho que tengamos ya el cambio interiorizado y en el que lo que teníamos que llorar ya lo lloramos

Con más de trescientos grandes proyectos industriales a nuestras espaldas en León, en España y en otros quince países, en estos veinte años han pasado muchas cosas buenas y otras no tan buenas. Pero esas, las no tan buenas, son las que nos han endurecido y nos han forjado el carácter que nos lleva pensar en los siguientes veinte años.

Se han escrito ríos de tinta sobre las desgracias que han acontecido en estos últimos doce meses pero poco sobre las cosas buenas que están pasando y también las que van a pasar.

En cierta manera, vivimos en un modelo económico diseñado en la primera revolución industrial, que se agota; basado en un consumismo atroz y en devorar los recursos del planeta. Todos reconocen que este modelo está agotado; tiene que suceder algo grande para que se cambie y se pongan los cimientos de un nuevo modelo.

La pandemia representa el gran reinicio de la economía tal y como la conocemos. La gran base del cambio, en mi opinión, es la introducción del respeto a la ecuación económica. Respeto al planeta, que lo estamos agotando y, por tanto, poniéndolo en nuestra contra; respeto a los demás, entender que nuestros actos afectan al prójimo y, por ello, hemos de ser cuidadosos; y, sobre todo, respeto a nosotros mismos. En mi opinión, el respeto es la gran variable que aparece en la ecuación económica.

El ser humano ha de ser consciente de que todos y cada uno de nuestros actos modifican el planeta, un planeta en el que tienen que vivir las siguientes generaciones. Por tanto, hemos de ser respetuosos en nuestro trato hacia él.

El gran reinicio, o el gran reseteo, como se le ha denominado en los altos círculos de toma de decisión (como el Foro de Davos, la ONU o la Unión Europea), representa un giro a la estrategia económica brutal que nos afectará a todos en muy poco tiempo.

Estos objetivos «verdes» no son nuevos; si leemos las hojas de ruta de la Unión Europea, ya estaban fijados con horizontes a 2030, 2040 o 2050.

Lo que ha sucedido, de forma excepcional y quizá magistral, es que las autoridades, en vez de fabricar un nuevo escenario económico para amortiguar los efectos de la pandemia, lo que han hecho ha sido adelantar los objetivos ya fijados, en unos casos diez años y, en otros casos, veinte años, como sucede con la descarbonización.

A partir de aquí, la cuenta es muy simple: si los objetivos que teníamos los adelantamos diez o veinte años, lo que producimos es una aceleración de la vida y de la economía. En otras palabras: vamos a ver una película de veinte o treinta años en diez, a cámara rápida.

Esta aceleración de objetivos tiene un especial impacto en la industria, la cual debería interiorizar que cambios que tendría que realizar en diez o veinte años habrá de hacerlos en cinco, si no quiere salir penalizada fiscal o comercialmente.

Las diferentes administraciones mundiales, sin mucha publicidad, van a impulsar este cambio y reinicio de la economía con determinación y, para ello, tiene tres principales y sencillos métodos con los que nos llevarán a donde desean. El primer método es la fiscalidad, penalizando aquellos procesos que se quieran cambiar radicalmente. El segundo método son las ayudas o incentivos, para provocar que suceda el cambio que se desea. Y el tercero: la regulación y legislación, que permitirá cerrar las puertas a aquellos procesos o conductas que se quieran modificar.

Con lo cual, en los próximos meses, por un lado, deberíamos ver toda una suerte de nuevas figuras fiscales, sobre todo las asociadas a la fiscalidad verde. Y por otro, una batería de ayudas orientadas a estimular el cambio que se quiere producir. Esto sucederá en muchos ámbitos de la vida diaria, pero si hay uno que tendrá especial importancia es la presión por la reducción de la huella de carbono en los procesos industriales y el consumo. La huella de carbono en la próxima década se convertirá en una especie de IVA que de alguna manera gravará los productos y servicios que consumimos en función del carbono usado o emitido para su fabricación, de tal manera que las industrias que no sean eficientes en cuanto a su huella de carbono serán penalizadas por el mercado y el fisco. En mi opinión, ya está decidido que todo esto suceda. Y las armas para provocar el cambio ya están dispuestas, por lo que poco pueden hacer en contra ni el consumidor y ni la industria para frenarlo.

Si algo puede hacer la sociedad en su conjunto es evitar la resistencia al cambio e interiorizar que esta nueva revolución industrial y social está en marcha y en ella triunfará quien más rápido se adapte. Como tras toda revolución, se recolocarán muchas de las piezas de ajedrez en el tablero y, por tanto, aparecerán grandes amenazas para algunos negocios; amenazas que, para otros, serán grandes oportunidades de prosperar y de recolocarse en posiciones más ventajosas.

Creo que la provincia de León se encuentra en un momento en el que las circunstancias (centrales térmicas, minería…) han hecho que tengamos ya el cambio interiorizado y que lo que teníamos que llorar, ya lo hemos llorado. Por tanto, solo nos falta ponernos en marcha para escribir el siguiente capítulo de nuestro libro. Y con las páginas ahora en blanco, nuestro futuro será el que nosotros queramos que sea. Deseo que el DIARIO DE LEÓN resista, como mínimo, otros 115 años más. Y, puestos a pedir, que en ese ejemplar de celebración de los 230 años, escriba otro artículo quien en ese momento se siente en la silla que yo ocupo ahora al frente de Tresca Ingeniería.

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Una nueva revolución industrial y social
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