martes 18/5/21
Nacho Ares, investigador y escritor

Y seguimos siendo unos quejicosos…

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Nacho Ares

Hace años, en este mismo periódico, aparecí con un titular en una entrevista en el Filandón que decía que los leoneses éramos unos quejicosos, y lamentablemente no he cambiado de opinión porque la realidad sigue siendo, casi, la misma. A unos les sorprendió, a otros les molestó y a muchos de los leoneses que me lo comentaron les pareció muy oportuno. Pero la verdad es que nos quejamos de todo lo que tenemos y quizá no sabemos sacarle partido, aunque, insisto, algo hemos avanzado.

León cuenta con un patrimonio extraordinario que no tiene igual en ninguna otra ciudad española, ni en otras muchas europeas. Y no digo ya Estados Unidos, en donde lo más antiguo que tienen mis colegas egiptólogos que andan por allí cuando hacen prácticas de excavaciones, es ir a ver qué sacan de un antiguo poblado con tipis indios. León tiene mucho más. Tiene una joya del románico, tiene una joya del gótico y una joya del plateresco, por mencionar solo los tres referentes más impresionantes. Alguno se preguntará ¿cuáles son? Bueno, que miren un libro o mejor, que tiren de la hemeroteca del DIARIO DE LEÓN en donde en estos 115 años hay artículos extraordinarios sobre ellos.

Es hora de mirar adelante, trabajar y hacer cosas entre todos. Nos sobra historia y patrimonio para hacerlo, pero mejor nos iría si remáramos todos en el mismo sentido

Hay cosas que han cambiado para bien, aunque algunas me fastidien un poco. He de reconocer que una de ellas es que, no viviendo en León, aunque haya nacido aquí y todas las semanas en mi programa de radio Ser Historia hable de León, en la Catedral me toca pagar para poder entrar. Si bien lo acepto y lo hago con gusto. Antes siempre dejaba dinero para la restauración y ahora lo hago obligado, pero el fin es el mismo. Me pregunto cuántos leoneses irán a verla y conocerán su historia más allá de pasar por la plaza y llenárseles la boca con la belleza de la pulchra leonina.

Nos vendemos muy mal, pero muy mal. Un ejemplo es la Catedral. La puerta de la fachada norte, del siglo XIII, la que da al claustro, conserva la policromía original del XV. Otros dicen que es del XVI, pero eso ahora no viene a cuento. Esa policromía, ese color, es algo que no tiene ninguna iglesia del mundo. Sí, ninguna, no exagero. Y pasa desapercibida para todos los leoneses y por ende para el resto del planeta. ¿Por qué? No lo vendemos. La Catedral de León, como todas las iglesias medievales, tenía pintura en todas las figuras de las fachadas. En la mayoría de los sitios se ha perdido por el paso del tiempo y las inclemencias y hoy lo recrean con proyecciones como he visto en Francia o en Holanda. Pero, ay amigos, aquí se conserva como si la hubieran pintado ayer y no sabemos venderlo.

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Además, tenemos el Grial, el cáliz de doña Urraca en el Museo de San Isidoro, toda una joya que, lamentablemente, la historia de Caín ha hecho que en ocasiones no se valore como merece. En eso somos igual que el resto de los españoles. No me entra en la cabeza que una pieza de ese calibre, con ese bagaje histórico detrás y esa tradición que la acaban convirtiendo en un verdadero talismán mágico, sea puesto en duda por muchos leoneses. Recuerdo una vez que entré en una tienda de León a comprar un libro y me regalaron una postal de la ciudad. Entre las que podía elegir estaba una del cáliz. Esa fue mi elección para horror del vendedor que me recriminó con la historia de que «había otras joyas más importantes en la ciudad». ¿Por qué le parecía mal que se hiciera promoción del cáliz? Yo le respondí que no fuera ingenuo y que se pusiera las pilas; que aprovechara la oportunidad, que ese amuleto le podría traer más historia a León. Como así ha sido en gran parte gracias a Raquel Jaén González y su trabajo incansable en San Isidoro.

Todo esto nos hace un referente inigualable en Castilla y León. Tenemos muchos puntos en común con otras provincias como Zamora, Segovia o Soria. Y sí, aunque a alguno le chirríen los oídos, yo me siento castellanoleonés. Si llevamos juntos desde el siglo XIII no sé por qué ahora nos vamos a separar. No tentemos a la suerte ni a la Historia no sea que nos reclamen la propiedad desde Asturias. Eso de quedarse con lo más bonito de la Historia canta un poco.

Viví casi dos décadas en Valladolid, llevo otras dos en Madrid y he vivido grandes temporadas de mi vida en El Cairo. Por todo ello tengo una visión más amplia de lo que me rodea. No hay nada como viajar y ver mundo para darte cuenta del valor de las cosas pequeñas y de lo absurdo que son a veces algunos localismos. Por naturaleza, suelo huir del inquebrantable quejido provinciano y del lamento continuado de algunos que, en vez de mirar al frente y actuar, prefieren justificar su desilusión, frustración o inoperancia, acusando al vecino de sus males.

Yo creo que es hora de mirar adelante, trabajar y hacer cosas entre todos. Nos sobra historia y patrimonio para hacerlo. Mejor nos iría si remáramos todos en el mismo sentido, que a veces parece que somos una barca en medio del Bernesga con remeros a ambos lados paleteando en todas direcciones y haciendo que la barca gire y gire, pero no avance nada. Tenemos Historia y tenemos patrimonio para poder hacerlo y si nos ponemos, no nos para nadie. ¡Viva León!

Y seguimos siendo unos quejicosos…
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