jueves. 07.07.2022

Criquet en la casa de Bin Laden

La muerte de Bin Laden "tuvo un gran impacto mediático, pero sobre el terreno no se ha logrado gran cosa", dicen los vecinos de la ciudad donde EE UU lo abatió
obama
Un hombre en Peshawar (Pakistán) lee un ejemplar de la versión inglesa del periódico paquistaní "The News" que muestra en portada el titular "Obama pilla a Osama" haciéndose eco de la noticia de la muerte del líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden, a manos de tropas estadounidenses. ARSHAD ARBAB

Baja el sol y las mezquitas de Bilal Town, barrio de la periferia de Abbottabad, llaman al Asr (la oración de la tarde). Unas vacas pastan tranquilamente entre los escombros de lo fue la casa de la familia Bin Laden. La tranquilidad de los animales se rompe en cuanto empieza a llegar una multitud de niños a jugar al críquet, el deporte nacional de Pakistán.

Los pelotazos espantan a las vacas. Las carreras se suceden por este mismo suelo por el que paseó Osama cada día durante los últimos seis años de su vida. Los pasó encerrado en lo que era una casa cercada a las puertas de la mayor base militar del país. Estados Unidos invadió Afganistán en 2001 con el objetivo de acabar con el líder de Al-Qaeda, pero tuvo que esperar una década para encontrarlo y lo hizo en el vecino Pakistán, a solo 150 kilómetros de Islamabad.

"Yo sigo sin poder creerlo. Pienso que es una invención de Barack Obama, tenían tanta necesidad de acabar con este hombre que montaron todo el 'show'. Me cuesta creer que estuviera tanto tiempo entre nosotros", confiesa Israr Nabi, profesor de Abbottabad a quien la noche de la operación estadounidense una fuerte explosión le hizo saltar de la cama.

Eran las 23.45 horas. Corrió hacia un lugar del que salía una gran llamarada y allí estuvo hasta las cuatro de la mañana viendo el ir y venir de militares y policías. Tuvo que esperar a primera hora del día siguiente para conocer de boca del presidente estadounidense que habían asesinado a su vecino, nada más y nada menos que Bin Laden.

Un vertedero improvisado Con el paso de los minutos llegan más y más jóvenes a jugar al críquet. Cada vez que el bateador golpea la pelota luego necesitan varios minutos para encontrar la bola amarilla entre los matorrales. Las autoridades decidieron derribar la casa de Bin Laden para que no se convirtiera en un lugar de visita para sus seguidores, pero no han levantado nada en su lugar y por aquí solo pasan periodistas, jugadores de críquet, pastores con sus vacas y todo aquel que quiera tirar basura, porque una de las esquinas es un improvisado vertedero.

"Primero nos dijeron que harían un parque para los niños, luego un orfanato, una escuela. pero no han hecho nada, está abandonado", denuncia Nabi. Siguen llegando niños, unos llevan cometas, otros un neumático que hacen girar con un palo a toda velocidad por el escaso cemento que queda en el solar. "Osama ha ensuciado el nombre de Abbottabad, pero nada ha cambiado para nosotros en el día a día", sentencia el profesor antes de despedirse en dirección a su escuela.

Sabook Seyed trabajaba en 2011 en el Canal Geo, uno de los más importantes del país, y fue uno de los primeros en plantar la cámara frente al edificio blanco de tres plantas en el que el líder terrorista más buscado de Occidente vivió junto a su familia. La operación militar le sorprendió en Islamabad y voló por la carretera que une la capital con su ciudad natal, destino habitual de los fines de semanas para los ciudadanos que buscan respirar aire puro. "No me lo podía creer, Bin Laden se escondía a solo unos minutos a pie de mi casa. Lo mismo ocurría con mis vecinos y amigos, nadie podía creerse lo que decían las noticias", recuerda con emoción.

Esa incredulidad permanece muy viva entre una parte de esta población que se ganó sobrenombres como 'Osamabad' u 'Osama Bin Town', pero que prefiere continuar siendo conocida por estar a las puertas de la ruta de los ocho miles.

Sabook no quiere entrar en teorías de la conspiración sobre los posibles lazos entre Osama y la inteligencia de Pakistán. En su opinión, "Bin Laden era un tipo inteligente y buscó refugio donde nadie le iba a buscar, en una zona militar. El mulá Omar hizo lo propio en Kandahar. Estaba a las puertas de la base estadounidense. Buscaron lugares cerca del enemigo y acertaron".

El líder de Al-Qaeda fue abatido en la que Estados Unidos bautizó como 'operación Gerónimo', pero la guerra siguió en Afganistán y el grupo terrorista tomó un nuevo rumbo bajo el mandato del médico egipcio Ayman Al Zawahiri. "A nivel mediático fue un gran impacto, pero sobre el terreno no obtuvieron gran cosa y ya hemos visto cómo han tenido que salir las tropas de Afganistán", reflexiona Sabook a la hora de valorar la operación en Abbottabad.

Entre los jugadores de criquet hay un niño afgano que espera volver pronto a su país "porque con los talibanes volverá la paz. Solo falta que conquisten el Panjshir y todo el país estará en calma. Entonces será el momento de regresar", comenta antes de seguir con el interminable partido.

Leyenda en Bilal Town La mayoría de estos jugadores no habían nacido cuando mataron a Osama Bin Laden y su nombre solo les suena porque se ha convertido en toda una leyenda en Bilal Town. Hoy nada recuerda en esta pedanía agrícola al líder de la organización que perpetró los atentados del 11-S y causaron una matanza de 3.000 personas. Se ha edificado mucho en los últimos diez años y las paredes de las casas están cubiertas de propaganda electoral de cara a los próximos comicios locales.

En algunos comercios se recuerda también la importancia del uso de la mascarilla para prevenir el coronavirus. El tiempo ha borrado la herida de la operación estadounidense, pero estos días, tras la victoria talibán en Afganistán, el fantasma de Osama vuelve a recorrer estos prados en los que el saudí vivió en clandestinidad hasta 2011.

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