martes. 06.12.2022
La última del Diario

15.977, la matrícula de la chica del cable

Dosita González comenzó de telefonista con 20 años y estuvo más de 30 «enganchada al cuadro». Voluntaria incansable de Manos Unidas, tiene los mismos 96 años que cumple mañana Telefónica
Dosita González, ayer asomada a la ventana de su casa en León. FERNANDO OTERO

Fue muy duro, encontré muchísimo cariño, estábamos unidas como una piña. Son sentimientos que salpican aquí y allá, cada poco, una conversación de recuerdos que siguen ordenados en la despejada mente de 96 años de Dosita González. Los mismos que cumple mañana Telefónica, la empresa a la que dedicó una vida laboral de 38 años. «Quería llegar a los 40 de servicio, pero empezaban los problemas...».

Decidió jubilarse, que lo hiciera también su hermana, y dedicarse a viajar, que ha sido una de sus grandes pasiones. «He sido muy cascabelera. Y guapa no, pero muy coqueta. Mi hermana era modista, tenía de todo...»

También señala que ha sido «más de calle que de casa», y está especialmente orgullosa de la intensa actividad que todavía realiza en el voluntariado de Manos Unidas, cuya tesorería llevó durante años y en cuyo equipo económico sigue trabajando. «En León se me conoce más por eso».

Dosita era bordadora, una afición que no abandonó nunca («aunque ahora eso no lo quiere nadie»); y a los 20 años entró de telefonista en el edificio de Padre Isla 16. «Eran turnos de mañana, tarde y noche, enchufada al cuadro. Era muy duro. No podías levantarte, parecía un cuartel, llegabas ya con el aparato puesto para dar los relevos. El 09 era horrible, o entrar por la mañana con las llamadas a Madrid o Bilbao de los negocios, cuando empezabas ya había demora y todo eran ‘señorita, por favor...’ Nos volvían locas».

Pendiente del móvil

«Qué envidia esos teléfonos que tenéis ahora, que hacen fotos y dicen si va a llover...»

En verano reforzaba los puertos de mar: «Tras morir mi padre cogí una depresión grandísima, y me mandaron a Santander. Fueron realemente maravillosas conmigo». Después, Huelva, Barcelona, «toda Galicia...».

Era la vida de las chicas del cable, que tenían que estar solteras y tener una longitud de brazos determinada para llegar a las clavijas. «En León llegamos a ser casi cien, fue bonito». Luego «todo cambió mucho, ya era todo más automático». Los últimos siete años ya estuvo en la oficina.

Hoy Dosita maneja hoy con sultura el móvil: «Hija de mi vida, el mío es normal y corriente, qué envidia de esos que tenéis, que hacen fotos y te dicen si va a llover...».

Las cosas han cambiado mucho para ella. «Éramos cuatro, un hermano y tres chicas. A las dos las he perdido en los últimos nueve meses». Ahora sus cinco sobrinos están pendientes de ella, porque vive sola. Echará de menos sobre todo viajar, casi veinte años desde que se jubiló en el año 1982 de mar, de su Vigo natal al que ha vuelto todos los agostos, los junios en Levante para bañarse, los octubres, en Benidorm. Al extranjero sólo viajó a Tierra Santa y Roma. «No se llevaba andar tanto por ahí, si me llega a pillar ahora...». Casi un siglo de historia e historias que no pierden un recuerdo ni un dato. «15.977. Esa era mi matrícula».

15.977, la matrícula de la chica del cable
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